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Full text of "Poesías"

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EX-LIBRIS 

M. A. BUCHANAN 



PRESENTED TO 

THE LIBRARY 

BY 

PROFESSOR MILTON A. BUCHANAN 
OF THE 

DEPARTMENT OF ITALIAN AND SPANISH 
1906-1946 




POESIAS 



DON FERNANDO DE GABRIEL. 



POESÍAS 

DE 

DON FERNANDO DE GABRIEL 

Y RUIZ DE APODACA, 

CORONEL DE ARTILLERÍA 
Y DIRECTOR DE LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS 

PRECEDIDAS DE UN PRÓLOGO 

DE 

DON LUÍS SEGUNDO HUIDOBRO, 

Censor que fué de la misma Académia. 



SEGUNDA EDICION, 

CORREGIDA Y AUMENTADA. 



MADRID. 

IMPRENTA Y FUNDICION DE M. TELLO, 

IMPRESO#*DE CÁMARA DE S. M. 

Isabel la Católica, 23. 

1883. 




Derechos de propiedad reservados. 



Á LA MEMORIA 



DE MIS VENERADOS PADRES 

EL SR. D. FRANCISCO JAVIER DE GABRIEL Y ESTENOZ, 

Caballero del Hábito de Alcántara, 
con Cruz y Placa en la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, 
Condecorado con varias Cruces de Distinción 
por Acciones de Guerra, Brigadier de los Reales Ejércitos, 
Gobernador Militar y Político que fué de la Plaza 
de Badajoz, etc., 

Y 

LA SRA. D. a MARÍA DE LOS DOLORES RUIZ DE APODAGA 

Y GASTON DE IRIARTE; 

Espejo aquél de Caballeros, dechado ésta 
de Damas, 

SU HIJO AMANTÍSIMO 



Fernando. 



PRIMERA PARTE. 



COMPRENDE EL PROLOGO Y LAS POESIAS 
QUE VIERON LA LUZ EN LA PRIMERA EDICION, 
PUBLICADA EN 1865. 



PRÓLOGO. 



Extraño es verdaderamente el destino 
que me ha cabido en el orden literário, mer- 
ced á la benevoléncia de mis amigos. Si no 
puedo decir que, como al Cid, me hacen 
ganar batallas después de muerto, porque 
este símil sería demasiado pretensioso en 
quien jamás conquistó laureles, ni áun en 
los mejores tiempos de su efímera vida li- 
terária, y ménos puede aspirar á ellos des- 
pués que ha hecho á sus deberes de fami- 
lia el sacrificio de sus aficiones de hombre 
de letras, habré de consignar á lo ménos, 
en testimonio de gratitud, que los claros 
ingénios, que, pareciendo que aceptan el 
patronazgo de mi nombre, me dan efectiva- 
mente el de los suyos, han proporcionado á 
mi casi desconocida firma una notoriedad 
desque carecía, y á insignificantes escritos, 
borroneados rápidamente en médio de las 



IO POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

prosaicas ocupaciones mercantiles, lectores 
escogidos, que de seguro no tuvieron algu- 
nos otros trabajos, si no mejores, pensados 
con más meditación y ejecutados con más 
conciéncia, cuando oscuro, pero entusiasta 
soldado, formaba yo en las filas de la bri- 
llante falange literária que jamás ha falta- 
do en la pátria de Rioja y de Lista. El Pró- 
logo á los Estudios de Literatura y de Crítica 
de D. José Fernández-Espino ha atravesa- 
do los mares, y como comentário ó sínte- 
sis, aunque ligera é imperfecta, de uno de 
los mejores libros de Literatura de nuestro 
siglo, se ha visto reproducido por los perió- 
dicos del Nuevo Mundo: el Prólogo á las 
Poesías de D. Fernando de Gabriel y Ruiz 
de Apodaca penetrará con ellas en las Aca- 
démias y en los aristocráticos salones; y si 
lo pasan por alto los sábios, que no nece- 
sitan y tal vez desdeñan un análisis de las 
bellezas, que pueden comprender mejor 
que el que se atreve á tomar el encargo de 
exponerlas, acaso algún mero aficionado, ó 
alguna hermosa, me acepte por Cicerone, 
para introducirlo en el elegante monumen- 
to de Arte que eleva á las Musas de su ju- 
ventud el Militar-Poeta. 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 1 1 

Como la Poesía Lírica es la forma esen- 
cialmente subjetiva, eminentemente indi- 
vidual del Arte, no pueden analizarse, juz- 
garse, ni áun comprenderse bien sus pro- 
ducciones, sin entrar profundamente en el 
espíritu del autor, sin identificarse con sus 
idéas, con sus afectos, con su modo espe- 
cial de pensar y de sentir. A diferéncia del 
Poeta Dramático, que es más grande cuan- 
to mayor es el círculo moral que abrazan sus 
creaciones, cuanto mejor acierta á repro- 
ducir la infinita variedad del corazón huma- 
no, cuanto más sabe penetrar en los misté- 
rios de ese Protéo, que se llama la pasión, 
y que, idéntico en sus caractéres esenciales, 
se diversifica hasta lo infinito en sus formas 
y en sus manifestaciones individuales, el 
Poeta Lírico no puede ser profundo, verda- 
dero, conmovedor, sino á condición de per- 
manecer siempre fiel á sus propios sentimien- 
tos, siempre espontáneo en el pensamien- 
to, siempre sincero en la expresión. Por eso 
la Poesía Lírica es el principio y el fin de la 
serie continua, que constituye la evolución 
literária de cada civilización, y no brilla 
nunca con tan vivos resplandores como en 
las épocas de fé viva, de entusiasmo ardien- 



12 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

te en que el génio del Poeta concentra y 
reproduce el sentimiento universal, la idéa 
colectiva, religiosa ó patriótica de todo un 
pueblo, y en aquellas otras épocas de anar- 
quía moral en que disueltos todos los lazos 
que establecen la armonía entre las inteli- 
géncias y entre los corazones, rotas las cuer- 
das que hizo vibrar unísonas la voz de un 
Homero, de un Sófocles ó de un Calderón, 
el Poeta sólo puede pedir inspiraciones á su 
propio individualismo, que se desarrolla 
tanto más poderoso y concentrado, cuanto 
más imposible le es apoyarse en el mundo 
que le rodéa. A la verdad, este último gé- 
nero de inspiración no ha sido posible sino 
después del Cristianismo, que desarrolló al 
individuo, y le permitió vivir vida propia 
cuando la vida moral de la sociedad á que 
pertenece sufre esas crisis difíciles y labo- 
riosas, que señalan la muerte de una forma 
social y la incubación de otra nueva y más 
progresiva: por eso, si el mundo moderno 
no ha producido un Píndaro, la poesía clá- 
sica no tiene nada que comparar á los can- 
tos melancólicos de Byron, de Lamartine, 
de Víctor Hugo y de Espronceda. 

Tan individual como cualquiera de estos 



PRÓLOGO DE HUIDORRO 13 

génios, cantores de la ruina de un mundo 
moral, De Gabriel obedece, sin embargo, á 
opuestas inspiraciones, y puede sólo compa- 
rarse con el penúltimo de los citados en su 
primera época literária. Sus tradiciones de 
familia, su educación religiosa y social, sus 
opiniones políticas, su carácter idealista y 
caballeresco , le han hecho naturalmente 
simpatizar con las formas sociales de los 
tiempos pasados, por más que, tolerante é 
hijo de su siglo, según él mismo dice en 
una de sus más notables poesías, procure 
armonizarlas con las condiciones y exigén- 
cias de los presentes; y como todo senti- 
miento del corazón toma tanta mayor fuer- 
za y se concentra y eleva tanto más, cuan- 
to ménos expansión encuentra en la atmós- 
fera moral que le rodéa, De Gabriel e$ en 
sus Poesías, no sólo el inspirado cantor de 
las tradiciones, sino el defensor entusiasta, 
no ya de las formas, pero sí de los elemen- 
tos políticos y sociales legados por otras 
épocas; y como el Enéas virgiliano, lucha 
para salvar del incéndio que devora á sú 
ciudad querida, los penates bajo cuyo pa- 
tronazgo espera verla renacer, fiel á su his- 
toria y á sus gloriosos antecedentes, si bien 



14 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

con nueva juventud, y acomodada á las ne- 
cesidades de otro siglo y de otra civiliza- 
ción. Bajo este aspecto, su escuela es la del 
Duque de Frías y la del Duque de Rívas, 
aristócratas , militares y poetas como él; 
que encariñados por justo orgullo de familia 
con las gloriosas tradiciones de su raza, en- 
lazando sus risueñas reminiscéncias de ju- 
ventud, con el ejercicio de una profesión 
que fué siempre la ocupación predilecta y el 
elemento de poder de las clases privilegia- 
das, y en que la organización rigurosamen- 
te gerárquica perpetúa algo de las formas 
sociales del Feudalismo, y contemplando lo 
pasado con la brillante mirada de la imagi- 
nación, que se fija más en lo bello, que en 
lo útil y lo conveniente, confundieron en 
una sola aspiración el entusiasmo retrospec- 
tivo del Artista con las sérias convicciones 
del Político, aunque sin abominar tampoco 
por ello de su época. 

Y he aquí cabalmente lo que pudiera for- 
mar la mayor dificultad de mi posición, al 
constituirme intérprete y comentador de las 
Obras Poéticas de D. Fernando de Gabriel; 
dificultad que otros en mis circunstancias 
eludirían, pensando, acaso con razón, que 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 15 

las opiniones de un hombre, que en su ab- 
soluta insignificáncia política no ha tenido 
jamás ocasión de producirlas en el terreno 
de la práctica, son un patrimonio exclusiva- 
mente suyo, un secreto de su vida íntima, 
en que el público no tiene derecho á ocu- 
parse: pero dificultad que yo arrostro leal- 
mente, y con tanta más franqueza, cuanto 
que créo que la confesión que voy á hacer 
no me favorecerá demasiado en el ánimo de 
la mayor parte de los lectores de este inte- 
resante libro. 

La idéa democrática es ciertamente, des- 
pués de la idéa católica, y subordinada á 
ella, la verdad que más evidente aparece á 
los ojos de la inteligéncia del que estos ren- 
glones escribe: sábenlo así los pocos que 
en el seno de la intimidad han tenido oca- 
sión de conocer los pensamientos y las con- 
vicciones de quien, acaso por no amoldarse 
servilmente al Credo político de ningún Par- 
tido, ni busca ni acepta ocasiones de ha- 
cerlas conocer en el terreno práctico de la 
política discusión. Y, sin embargo, puede 
comprender y simpatizar en el terreno del 
Arte con las glorias y las tradiciones de las 
clases privilegiadas. ¿Cómo y por qué? Pre- 



l6 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

ciso será, aunque me aparte acaso cada vez 
más del objeto de este Prólogo, definir cómo 
entiendo yo la idéa democrática; porque en 
épocas críticas y de anarquía moral, como 
la que vamos atravesando, lo primero sobre 
que hay que ponerse de acuerdo es sobre el 
valor de las palabras que universalmente 
se usan, y que, sin embargo, cada cual en- 
tiende á su manera. 

La idéa democrática, para los que han 
formado sus opiniones en la candente at- 
mósfera de los cafés, de los clubs y de los 
periódicos, es en general la detestación de 
toda forma social, antigua ó moderna, que 
no se ajusta á su ideal preconstituido; es la 
sobérbia pretensión de suponer que la Hu- 
manidad entera ha carecido de sentido co- 
mún, desde que murió el último de los Gra- 
cos, hasta que nació el filósofo de Ginebra, 
y que éste encontró en su cabeza los títulos 
de la dignidad y de los derechos del hom- 
bre, que andaban completamente perdidos; 
es la execración sistemática de Pontífices, 
Reyes, Aristocrácias, de todos aquellos, en 
fin, que han conducido ó pretendido condu- 
cir á los Pueblos, sin convocarlos cada dia 
en la plaza pública para preguntarles su 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 17 

opinión; es en muchos la confusión más de- 
plorable de las nociones históricas, hasta 
considerar como demócrata á Bruto, el or- 
gulloso defensor de las prerogativas patri- 
cias, y como tirano á César, el gran demó- 
crata y el gran tribuno; es para algunos, 
pocos ya por fortuna, el espíritu de venga- 
tiva saña contra cuantos se oponen á la rea- 
lización de sus proyectos trastornadores, y 
contra todas las eminéncias de la Iglesia y 
del Estado, de la sangre y de la fortuna, 
la apoteosis de Robespierre y de Marat, la 
teoría de la guillotina como elemento refor- 
mador. 

Pero para el que ha elaborado sus con- 
vicciones y sus creéncias sociales y políticas 
léjos del estádio de la discusión activa, har- 
tas veces anublado por el polvo que levan- 
ta la lucha de las pasiones y de los intere- 
ses encontrados; para el que sólo ha pedi- 
do inspiraciones á su propia razón, y lec- 
ciones á la Filosofía y á la Historia, esa 
gran maestra de la vida práctica, la idéa 
democrática es cosa muy distinta, que no 
excluye la admiración ni la simpatía hácia 
otras formas y otras instituciones que le 
son antitéticas, A sus ojos lá Democrácia, 

2 



l8 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

como forma política y social, es el ideal, el 
desiderátum, el límite absoluto de la evolu- 
ción progresiva de la Humanidad; ideal re- 
moto, tarde y difícilmente realizable, al que 
sólo se camina con seguridad por la vía del 
progreso cristiano, racional, pacífico; ideal 
al que han servido, sin saberlo y sin que- 
rerlo, todos los que en sus respectivas épo- 
cas han hecho progresar á la Humanidad, 
cualquiera que fuese la forma transitoria 
que le impusieran. Bajo este aspecto, to- 
dos los hombres, todos los Pueblos, todas 
las Instituciones civilizadoras, han sido pre- 
cursores y han merecido bien de la futura 
Democrácia: la Aristocrácia Romana, reali- 
zando la unidad material del Mundo Anti- 
guo, el Império de los Césares, verificando 
la unidad social del mismo: los Bárbaros, di- 
solviendo esta unidad, sin aniquilarla, para 
dar nacimiento á las nuevas Nacionalidades, 
distintas é independientes, pero unidas por 
vínculos comunes; la Aristocrácia Feudal, 
creando un principio de organización, en 
el seno del cáos y de la anarquía; los Em- 
peradores Suavos y Francónios elevando 
un nuevo centro de unidad en medio del frac- 
cionamiento del Feudalismo ; los Papas 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 1 9 

Güelfos, defendiendo la libertad del espíri- 
tu contra la fuerza material; los Grémios, 
las Ligas, las Hermandades, iniciando la or- 
ganización y la emancipación del Estado 
Llano; el Absolutismo mismo, generalizado 
en los siglos XVI y XVII, quebrantando el 
poder de los privilegios tradicionales, y pre- 
parando la unidad social; las Revoluciones, 
destruyendo las resisténcias materiales pa- 
ra abrir camino á la práctica de las nuevas 
idéas: la Religión y la Ciéncia, sobre to- 
do, realizando el único progreso verdadero, 
constante, y eternamente benéfico: la edu- 
cación de la Humanidad. Considerada asi 
la Política desde el punto de vista de la 
Ciéncia, la Ciéncia desde el punto de vista 
de la Historia, y la Historia desde el punto 
de vista del progreso, es posible ser demó- 
crata, y simpatizar con todo lo grande, con 
todo lo noble, con todo lo útil de las pasa- 
das generaciones, y entonar con entusiasmo 
himnos de gloria á César y á Alarico, á Car- 
io Magno y á Gregorio VII, á Guillermo 
Tell y á Isabel la Católica: es sobre todo 
posible comprender y saludar con respeto 
todas las grandes figuras de la Historia Pa- 
tria, sin rebajarlas ni empequeñecerlas con 



20 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

los mezquinos y apasionados juicios del es- 
píritu de Partido; reconocer y aplaudir los 
inmensos servicios de las clases privilegia- 
das, en la obra de la reconquista y de la ci- 
vilización nacional, aunque se créa que el 
privilégio ha pasado ya su tiempo de exis- 
téncia, como hecho social: mirar, en fin, con 
lástima las declamaciones de ciertos Escri- 
tores populares ó populacheros, contra los 
Obispos de los Concilios Góticos, contra los 
Ricos-hombres é Infanzones de Aragón y de 
Castilla, contra los privilegios y la prepo- 
téncia de las Ordenes militares y monásti- 
cas, y aun contra la autoridad absoluta, se- 
vera é indiscutible de Cárlos V y Felipe II; 
con tanta lástima, como escucharíamos al 
joven, que encontrándose en la mayor edad, 
rico de salud, de ciencia y de fortuna, mal- 
dijese de la sujeción, en que niño y adoles- 
cente le tuvieran su padre, sus maestros, 
su tutor, obligándole á disciplinar su inquie- 
ta y vacilante inteligéncia al yugo de la edu- 
cación, refrenando sus pasiones prematu- 
ras, y administrando su caudal con tino y 
al abrigo de su caprichosa inexperiéncia. 

Pero observo, y observará con más mo- 
tivo el lector, que hablo demasiado de mí, 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 21 

en lugar de hablar de las Poesías de Don 
Fernando de Gabriel. Reconozco el poco 
interés que la manifestación de mis opinio- 
nes personales podrá tener para el que ho- 
jéa estas páginas, buscando en ellas el jui- 
cio crítico de las obras de un autor mucho 
más digno de ocupar su atención; pero he 
creído preciso hacer preceder á ese juicio 
una exposición clara y sincera del critério 
que he de aplicar á esas mismas obras, con 
tanto más motivo, cuanto que, fiel adepto 
en esta parte de la Escuela Crítica Román- 
tica, es la idéa, más que la forma, lo que á 
mis ojos constituye el carácter propio, y el 
principal mérito de las obras de Arte. 



Pocas son en número las Poesías exclu- 
siva y propiamente religiosas que contie- 
ne este volúmen; que si la fé y el amor de 
Dios pueden arder tan vivos bajo la coraza 
del soldado como bajo el sayal del anaco- 
reta, no es la inspiración mística la que 
más naturalmente se impone á la imagina- 
ción de un Militar, hombre de sociedad; y 
D. Fernando de Gabriel es demasiado es- 
pontáneo, para componer una poesía, como 



22 POESÍAS DE FERNANDO DE CABRIEL 

un ejercicio de ingénio, á la manera del 
Abate Marchena, y demasiado católico para 
hacer de nuestra sacrosanta Religión un 
tema de variaciones sentimentales y algún 
tanto panteistas, como Lamartine. Así, 
prescindiendo de las dos lindas traduccio- 
nes de «La Oración» y «El Faro de 
Dios», en que sólo hay que alabar la exac- 
titud de la versión de un pensamiento age- 
no, y la suavidad y armonía de la forma, y 
del soneto titulado «La Santa Cruz» que 
es casi tanto patriótico como religioso, la 
musa de San Juan de la Cruz y de Fray 
Luis de León solamente ha inspirado á De 
Gabriel los tres sonetos «A La Eucaris- 
tía» , «Dios y El Hombre» , y «Á La Purí- 
sima Concepción» y el himno «Á La Ex- 
pectación de la Santísima Vírgen». To- 
dos se distinguen por la sobriedad de ador- 
nos extraños á la esencia del Mistério que 
celebran, sobriedad tan recomendada por 
el sábio é inolvidable Lista, que conside- 
raba como del todo impropia de la mages- 
tad de la Poesía Religiosa la exagerada diva- 
gación por las regiones del sentimentalismo 
naturalista, en que anegan un pensamien- 
to más ó menos ortodoxo los numerosos 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 23 

adeptos del autor de las «Meditaciones 
Poéticas». 

Pero no es acaso en las Composiciones 
de objeto esencialmente religioso en las que 
brilla más la fé robusta y viva del que lleva 
sobre su pecho la Cruz de una de las Órde- 
nes Militares, no sólo como un timbre de 
aristocrática ascendéncia, ni como una dis- 
tinción que halague su amor propio, sino con 
el verdadero espíritu de veneración caba- 
lleresca que animó á los compañeros del 
santo Abad de Fitero. En las Poesías don- 
de el autor, ménos dominado por la mages- 
tad del asunto, puede dar rienda suelta á 
su individualidad, brota espontánea y viva 
por todas partes la confesión de una creén- 
cia profundamente arraigada en la inteli- 
géncia y en el corazón del poeta. El que ha 
escrito la bellísima y herreriana Oda «A la 
Señorita Doña Catalina de Arizon», 
crée y siente que las epidémias son un azo- 
te de Dios, y no un mero fenómeno de la 
acción fatal de las causas naturales, como 
crée y siente que en la curación de un mo- 
ribundo puede haber, más que una crisis de 
la vida orgánica, la intervención de un Po- 
der providencial, que no es indiferente al 



24 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

ruego del amor y de la fé: el que consuela 
á D. Manuel Pérez de Molina en la muerte 
de su hijo, halla en sus convicciones frases 
harto más profundas, y que penetran el co- 
razón de un padre infinitamente más, que 
las que una vulgar filosofía pudo inspirar á 
Malherbe y á sus innumerables copistas; el 
que anticipa á todos sus deséos para el por- 
venir de su tierno hijo, el de verlo fiel á la 
Religión de sus Mayores, tiene siempre ante 
sus ojos la expresión del Evangelio: «Qui 
prodest homini, si mundum universum lucre - 
tur, anima vero sucz detrimentum patiatur». 

Las Poesías amatorias de este autor son 
también la sincera expresión de un senti- 
miento verdadero, sinceridad que por otra 
parte es un mérito general en los buenos 
poetas líricos de nuestra época, y que no ha 
contribuido poco á dar novedad é interés á 
un género, que habían llegado á hacer al- 
gún tanto monótono, y á veces soporífero, 
los imitadores clásicos de Tibulo y de Pe- 
trarca. No hay acaso pasión que desarrolle 
más vivamente la individualidad, que el 
amor, y no hay nada más difícil, por lo 
mismo, que imitar su lenguaje, y que ha- 
cer interesante el que no siente quien lo 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 2¡ 

canta. Así, desde que ha pasado la moda de 
los amores imaginários, el lector bosteza 
involuntariamente con las amaneradas en- 
dechas que el soñado desden de una Filis 
fantástica inspiraba en los siglos XVI y 
XVII á algún buen Sacerdote, modelo de 
las castas virtudes de su estado, ó á algún 
juicioso sexagenário; miéntras que simpa- 
tiza, y goza, y padece con el epitalámio de 
amor apasionado, que el vehemente Byron 
dirigió á su esposa, en los breves días de su 
felicidad conyugal; con los melancólicos 
acentos que Lamartine exhala sobre la losa 
de la pobre pescadora, cuyo último sueño 
arrullan las brisas de Sorrento, y aun con 
el amargo canto, que recuerdos de dolor, y 
acaso de remordimiento, hicieron al autor 
del Diablo Mundo intercalar en su escépti- 
co poema. 

Sin duda D. Fernando de Gabriel ha te- 
nido, entre otras dichas, que merecidamen- 
te le brinda la suerte, la de no amar en la 
acepción verdadera de esta palabra más 
que una vez, colocar bien su amor, y verlo 
coronado por el único premio que puede 
alcanzarse sin deprimir al objeto de su pa- 
sión, y sin remordimiento: por lo menos 



26 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL" 

en esta Compilación no se insertan, ni el 
autor de estos renglones conoce otras poe- 
sías amatorias del mismo escritor, que las 
que ha dirigido á la que es hoy su digna 
esposa. Su fecha relativa puede colegirse 
de su estilo y carácter: la composición «En 

LAS MÁRGENES DEL GUADALQUIVIR», es la 

aspiración entusiasta, un tanto vaga, y por 
lo mismo exuberante de poesía, que reside 
tanto en la imaginación como en el senti- 
miento, es en una palabra el primer suspi- 
ro de amor; la que lleva por título «A Eli- 
sa», es acaso más vehemente, pero más 
sencilla; ella y «La vuelta de Elisa» re- 
velan el predominio del corazón sobre la 
mente en un amor feliz, correspondido y no 
contrariado; y por último, en el lindo sone- 
to «A mi dulce compañera» el poeta ha 
tenido el buen gusto de desmentir la frase 
de un escritor escéptico, que podrá ser in- 
geniosa, pero que no es ni moral ni verda- 
dera, y de demostrar que su amor no se ha 
sepultado en lo que éste llamó el sepulcro de 
la posesión. 

No es el amor conyugal el único de los 
dulces y santos lazos de la familia que ha 
inspirado las Poesías de D. Fernando de 



PRÓLOGO DE HÜIDOBRO 27 

Gabriel: un canto de sentida, religiosa y 
justa gratitud á su dignísima madre; recuer- 
dos de legítimo y filial orgullo por los bien 
ganados timbres de los varones de su raza, 
en la epístola al Marqués de Casa Arizon, 
en el romance á Polonia y en el soneto á la 
memoria del General Ruiz de Apodaca, y 
por último el tierno y lindísimo romance á 
su hijo Gonzalo, son otras tantas poéticas 
expansiones del corazón de un autor, que 
sólo canta lo que siente y como siente. 

No faltará tal vez, entre los Críticos idó- 
latras de la forma convencional, entre los 
adeptos de esa Escuela de mezquinas pro- 
porciones, que censuraba á Voltaire por 
hacer sonar el cañón en la escena, sólo 
acostumbrada á los Héroes griegos y roma- 
nos, y hallaba contrário á la dignidad tea- 
tral que un personaje se presentase en las 
tablas con el brazo en cabestrillo, no faltará 
tal vez, repito, entre esos Literatos que con- 
sultan con los libros si es legítima la emo- 
ción que sienten, y conforme á las reglas 
el placer que experimentan, quien gradúe 
de pueriles algunas de las más tiernas y 
sentidas estrofas de esta última composi- 
ción, y juzgue erradamente, que la natura* 



28 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

lidad desciende en ellas por bajo del nivel 
que permite la frase poética. Para ellos in- 
vocaré el ejemplo de Juan Rufo Gutiérrez, 
en una composición de análogo objeto, y en 
una época en que la imitación clásica es- 
clavizaba harto más que hoy las leyes del 
buen gusto: páralos hombres de sentimien- 
to, sobre todo si son padres, no es necesa- 
rio justificar lo que, léjos de ser un defecto, 
constituye la mayor belleza de que es sus- 
ceptible este poco cultivado género. Como 
el Jurado de Córdoba, De Gabriel eleva con 
maestría y sin violencia el tono de su com- 
posición; y la que empieza sencillo y cando- 
roso desahogo del amor de padre, concluye 
profunda y filosófica lección de Moral reli- 
giosa y social. 

Tiempo es ya de tratar de las Poesías 
políticas y sociales del autor, que carac- 
terizan al hombre público, como las que 
acabo de analizar caracterizan al hombre 
privado, retratando al fiel creyente, al buen 
esposo, al hijo y padre cariñoso y tierno. 
D. Fernando de Gabriel es siempre en ellas 
español ántes que todo; monárquico leal y 
entusiasta, pero sin que jamás se confun- 
dan sus varoniles acentos con los de la adu- 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 29 

lacion; aristócrata de convicciones como de 
sangre, mas sin que aparezca nunca en sus 
palabras idéa alguna de jactáncia, ni mé- 
nos de desden hácia otras clases. Amante 
de la tradición, no aspira, sin embargo, á 
inmovilizar la Humanidad, á reproducir en 
la práctica formas sociales antiguas y en- 
vejecidas, á copiar servilmente institucio- 
nes que pasaron; ni mucho ménos confun- 
de en un fanático anatema todas las crea- 
ciones de los siglos modernos, todas las 
nuevas fórmulas prácticas á que han dado 
origen nuevos tiempos y nuevas necesida- 
des; no niega el progreso, aspira sólo á que 
éste acepte como punto de partida lo pasa- 
do, y lo armonice, sin destruirlo, con las 
aspiraciones de lo porvenir: bellísima uto- 
pia, que acaso es posible en los Países que, 
como Inglaterra, no han roto nunca por 
completo la escala de la tradición; pero 
que difícilmente, á mi entender, aspirarán 
á realizar los Pueblos Latinos, que en pleno 
siglo XIX están por desgracia ménos ade- 
lantados en prácticas de ordenada libertad, 
que lo estuvieron la Monarquía Constitucio- 
nal de la Dinastía de Trastamara, y las Re- 
públicas de Genova y de Floréncia. Justo 



30 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

es, sin embargo, apreciar una aspiración 
generosa, aunque se gradúe con dolor de 
no muy realizable, y no confundir bajo el 
común epíteto de reaccionarios á todos los 
que no entienden la libertad á la francesa, 
como, con más vehemencia que equidad, 
se acostumbra en el campo de la discusión 
periodística. 

Español ántes que todo, son las glorias 
nacionales las que con más entusiasmo ha- 
cen vibrar la lira de D. Fernando de Ga- 
briel. Al felicitar á una ilustre Española por 
su elevación al Trono de la Nación vecina, 
recuerda que dos de los más grandes Mo- 
narcas franceses llevaron sangre española 
en sus venas; y quiere que el futuro Empe- 
rador se enorgullezca con la de Girón y de 
Guzman, tanto como con la del que elevó 
un Trono sobre los laureles de Lodi y de 
Areola: al rendir merecido homenaje á las 
cristianas virtudes y eminentes prendas de 
los Infantes Duques de Montpensier, colo- 
ca en muy preferente lugar, entre sus títu- 
los á la gratitud nacional, su celo por la 
restauración de los monumentos de nuestras 
glorias tradicionales: la Capilla de Nuestra 
Señora de Valme, el Convento de la Rábi- 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 31 

da, la Casa de Hernán Cortés: la despedida 
de un amigo, que cruza los mares en de- 
manda de nuestras Antillas, le sirve de oca- 
sión para recordar las glorias de Isabel la 
Católica y de los heroicos Conquistadores 
del Nuevo Mundo; saluda con efusión el 
despertar del León, cuando vé á nuestra 
Pátria preparar simultáneamente tres Expe- 
diciones en desagrávio de su bandera; y la 
Guerra de Africa, esa magnífica continua- 
ción de la épica empresa de los siete siglos, 
que aplaudieron con delirio y vieron abor- 
tar con pena cuantos miran en las empre- 
sas políticas algo más que el dinero que 
cuestan y el que producen, le inspira acen- 
tos de poético entusiasmo en las octavas 

«A LA ENTRADA EN SEVILLA DEL REGIMIEN- 
TO de León» y en los sonetos «A la Toma 
de Tetuan», y «Al Regimiento de Hú- 
sares de la Princesa». En el soneto al 
«Dos de Mayo», uno de los mejores del 
autor, á las nobles inspiraciones del patrio- 
tismo se enlazan las del justo orgullo que 
inspiran al Artillero los bien ganados tim- 
bres del distinguido Cuerpo á que pertene- 
ce; y el que lleva por título «Gibraltar» 
destila la profunda amargura, que todo co- 



32 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

razón español siente, al ver violada la inte- 
gridad del territorio nacional, por esa for- 
taleza, cáncer corrosivo de nuestra honra. 

Pero los acentos más calurosos que el pa- 
triotismo inspira á De Gabriel, son aque- 
llos en que defiende á su País de los cargos, 
que la magistral ligereza de muchos Ex- 
tranjeros, y la intoleráncia de no pocos Na- 
cionales acumulan sobre la Sociedad Espa- 
ñola de los siglos pasados, representándola 
como un convento tenebroso, regido por el 
miedo, bajo eMátigo de un déspota y de un 
inquisidor. Tan falsa pintura, que haría 
reir, si no indignara, á los que han estu- 
diado la Historia algo más que en los folle- 
tos y en las novelas francesas, es digna y 
virilmente rechazada por el autor en multi- 
plicados pasages de sus Poesías; en que 
acaso prodiga á su vez la admiración y el 
elogio á épocas, que, si no fueron tales co- 
mo sus detractores las retratan, distan de 
merecer, en mi juicio, todo el ditirámbico 
entusiasmo que inspiran á De Gabriel; no 
pudiendo tomarse en absoluto como el me- 
jor termómetro del estado social el progre- 
so de las Letras y de las Artes, que, si- 
guiendo en su desarrollo el impulso comu- 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 33 

nicado por épocas de libertad y de verdade- 
ra grandeza, suelen venir á iluminar con 
sus más vivos resplandores el principio de 
todas las decadéncias, y á cubrir por algún 
tiempo con su espléndido manto la gangre- 
na social, brillando en todo su apogéo con 
Feríeles, cuando declinaban todas las vir- 
tudes políticas en Grécia; con Augusto, 
cuando la inmoralidad romana oscurecía 
las torpezas de Pentápolis y la servil afe- 
minación de Babilonia; con los Médicis, 
cuando las libertades italianas agonizaban 
y el sentimiento cristiano padecía su más 
peligroso eclipse; y con Luis XIV, cuando 
el Cetro de San Luis rodaba en los boudoirs 
de insolentes Favoritas: sin que por esto séa 
mi propósito comparar con estas épocas, y 
ménos que todo con la última, á la Espa- 
ña de los Monarcas Austríacos, cuyadeca- 
déncia, de otro orden en verdad, no coinci- 
dió por cierto con el siglo de Garci-Las- 
so, de los Luises de León y de Granada, 
de los Herreras y Argensólas, de Moráles, 
de Mariana, de Ercilla, de Lope y de Cer- 
vántes, aunque bien sí la alcanzáran Cal- 
derón y Murillo, y aun Moreto y Veláz- 
quez, 

3 



34 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Pero si para el autor de estos renglones, 
ni la gloria militar en que ahogó la Monar- 
quía Austríaca el recuerdo de las libertades 
nacionales sofocadas, ni los triunfos literá- 
rios y artísticos que la acompañaron, son 
una compensación suficiente del extravío 
que la civilización española sufrió de su 
natural, legítima y genuina dirección, des- 
de que le imprimió su impulso personal, 
lanzándola en las aventuras de la Política 
Européa, el César de Gante; no por eso es 
ménos cierto, que los juicios históricos del 
Poeta que comento, se aproximan harto 
más á la imparcialidad del critério históri- 
co, que las amargas censuras, apoyadas por 
lo común en falsas generalidades, que en 
coro entonan contra la Dinastía Austro-Es- 
pañola los Franceses, á quienes humilló, y 
los Protestantes, á quienes combatió, y de 
que se hace eco cierto Liberalismo intole- 
rante, que no comprende que el espíritu 
nacional y la opinión pública de la España 
del siglo XVI son solidariamente responsa- 
bles de todos los hechos de aquella Monar- 
quía, y que Felipe III al expulsar á los Mo- 
riscos, y aun Felipe II, al sofocar con ruda 
mano la Heregía, hubieran podido decir, pa- 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 35 

rodiando anticipadamente una frase célebre: 
«Cúmplase la voluntad nacional.)) 

En la poesía dedicada á D. José Fernán- 
dez-Espino, De Gabriel toma ocasión de 
las altas funciones del magistério, que su 
amigo dignamente ejerce, para pedir que 
no se adulteren los hechos, que no se des- 
naturalicen las nociones históricas, ni se 
extravíen los sentimientos de las nuevas ge- 
neraciones, enseñándolas á renegar de las 
que las precedieron, sin estudiarlas y sin 
conocerlas, y revuélvese luego en viril in- 
dignación contra los Pueblos, que censu- 
rando con envidiosa exageración errores é 
imperfecciones, de que ninguna Civilización 
está exenta, afectan olvidar las nobles víc- 
timas que los adúlteros caprichos de Enri- 
que VIII, mal disfrazados con capa de re- 
ligión, sacrificaron en los patíbulos de In- 
glaterra; las que espiraron en las hogueras 
de Ginebra, por haber tomado por lo sério 
la libertad de conciencia, tan proclamada 
por los fundadores del Protestantismo; los 
horrores en que Calvinistas y Católicos ri- 
valizaron en la guerra civil de las Cevén- 
nas; y más recientemente las sangrientas 
hecatombes que humearon ante los altares 



36 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

de la Diosa Razón. Así también en las 
magníficas octavas, «A la inauguración 
de la estatua de Murillo » , devuelve á 
Quintana, con oportuna antífrasis, los de- 
nigrantes versos que en un arranque hiper- 
bólico de política intoleráncia arrojó contra 
el grandioso Monumento de Herrera, estig- 
matizando con suprema injusticia al gran- 
de Artista, que nunca hubiera debido negar 
su cooperación para elevar un Templo al 
Dios verdadero, y un padrón de gloria á las 
armas victoriosas de su Pátria, aun cuando 
el Rey que solicitara el concurso de sus 
talentos, hubiera sido en realidad el más 
infame de los hombres, suposición que De 
Gabriel combate en sus notas, con la auto- 
ridad de nombres, no menos ilustres en la 
historia del Liberalismo contemporáneo, 
que el del laureado poeta. 

El mismo espíritu de política toleráncia 
y de justicia, que hace á De Gabriel confe- 
sar explícitamente, que errores y extravíos 
pudieron deslustrar las más brillantes fases 
de nuestra Historia, como deslustran todo 
aquello que es obra de la espontaneidad 
humana, y como tal, manifestación de la 
actividad de un ser imperfecto, modera las 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 37 

aristocráticas convicciones y sentimientos, 
que la tradición de raza ha comunicado á 
este poeta; y si en el soneto «A las cuatro 
órdenes militares», fidelísimo retrato de 
éstas por otra parte, infiere de las glorias 
de una institución que correspondía admi- 
rablemente á las necesidades de otra época, 
un augurio de perpetuidad, que nuevas as- 
piraciones y nuevas condiciones sociales no 
cumplirán probablemente, y si en otros 
muchos paáages de sus Poesías destella el 
legítimo, y, en sus lábios, nunca ofensivo 
orgullo por los claros hechos de sus ante- 
pasados (sentimiento harto natural, y que 
en los hombres y en los pueblos que profe- 
san el culto de la familia, se abre paso aún 
en medio de las más democráticas institu- 
ciones), y el deséo de que las clases privi- 
legiadas por la tradición conserven este mis- 
mo privilégio mostrándose dignas de él y 
marchando á la cabeza de todo adelanto so- 
cial; también el entusiasmo por los triunfos 
literários de un amigo, le hace exclamar, 
tan noble como espontáneamente, que es 
mayor la gloria de quien sólo se debe á sí 
mismo educación, ciencia y honores, que 
la de aquel á quien levantan desde la infán- 



38 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

cia sobre un pedestal, méritos de pasadas 
generaciones; confesión digna de un Caba- 
llero español, de un hijo de este País, donde 
los privilegiados del nacimiento han abier- 
to siempre sus filas al génio y al heroísmo, 
desde el piloto de oscura extracción que fué 
gran Almirante de las flotas de Isabel la 
Católica, hasta el Soldado de fortuna que 
en nuestros días se ha sentado en las gra- 
das del Trono; confesión equivalente á la 
feliz frase del General de la República Fran- 
cesa, que decía á un Noble de antigua raza: 
«Je sais un ancétre»; y que contrasta con la 
repugnante inconsecuéncia, con que en el 
calor de la contienda política, y por hom- 
bres que hacen alarde de profesar principios 
de igualdad social, se arroja á la frente del 
adversário la humildad de su origen, y se 
ha arrojado á la del mismo literato á quien 
De Gabriel ensalza, el recuerdo de la mo- 
desta profesión en que pasó su primera ju- 
ventud, como una depresión, si no como 
una injúria. 

Así también, elevándose á grande altura 
sobre el mezquino y apasionado critério de 
nuestros hombres de Partido, que si son 
amigos de la Revolución llaman bandolc- 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 39 

ros á los defensores de la Autonomía napo- 
litana, que Proudhon reconoce, y si parti- 
dários de la Autoridad á todo trance, se atre- 
ven á defender la legitimidad de las conse- 
cuencias de los impíos Tratados de San Pe- 
tersburgo y de Campo- Fórmio, De Gabriel 
expresa en sus versos la más ardiente y jus- 
ta simpatía por la causa de la infeliz Polo- 
nia, de esa heroica Nación, que reúne en 
una misma bandera la defensa de su Cató- 
lica Religión y de su injustamente aherroja- 
• da Independéncia; á cuya lucha han llama- 
do prolongado martirio los Sucesores de San 
Pedro; y á quien no se concibe que tengan 
valor de escarnecer, ni aun de tratar con 
indiferéncia, Escritores españoles cuyo en- 
tusiasmo no reconoce límites cuando alu- 
den á nuestra guerra contra Napoleón, no 
más santa ni más justa, por ser más afor- 
tunada. 

Entrando con tan nobles idéas, con tanta 
buena fé y con tan vírgenes sentimientos en 
el estádio de la Política militante, donde, 
como Representante del País, hubo, no ha 
mucho, de penetrar, ¡cuánto ha debido su- 
frir D. Fernando de Gabriel! La ardiente 
lucha de los Partidos hubiérale tal vez brin- 



40 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

dado entusiasmo y atractivos en 1812, en 
1820 ó en 1837, cuando bien definidas las 
banderas políticas, vigorosamente organi- 
zadas las parcialidades, cada una con un 
símbolo venerado, con fé y con abnegación, 
se combatía, no sólo por el mando, sino 
más especialmente por imprimir á la mar- 
cha social el impulso de las propias idéas. 
Pero le ha tocado, por desgrácia, tomar 
asiento por primera vez en el Santuário de 
las Leyes en una época de desorganización 
política y descreimiento: cuando retraídos 
de la lucha legal los Partidos radicales, y 
alguno cuyas tendencias no se definen hoy 
con entera claridad, el combate versa me- 
nos sobre principios, que sobre cuestiones 
de aplicación práctica, y sobre personalida- 
des; á la noble y fecunda discusión de las 
idéas ha visto sustituirse una triste recipro- 
cidad de recriminaciones, por todos más ó 
ménos merecidas: y ha sentido oprimirse 
su corazón, y subir el rubor á su frente, al 
ver la inconsecuéncia y poca fé de grupos 
políticos, que proclaman siempre en la Opo- 
sición lo que en el Poder jamás practican; 
la insultante osadía con que mútuamente 
se niegan, no sólo la sinceridad de sus con- 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 41 

vicciones, sino hasta la probidad de sus 
procederes; y en fin, la cínica y degradante 
aritmética, con que recíprocamente se ajus- 
tan, como prenda y motivo de sus actitu- 
des ministeriales ú oposicionistas, los suel- 
dos que ganaron 6 perdieron en el último 
cámbio de Gabinete. Por eso, al sentir sal- 
picar ese fango sobre su toga de Legislador, 
que aspira á legar á sus hijos tan pura y tan 
honrada como su militar uniforme y como 
la venera que lo esmalta, tradicional insig- 
nia del Honor castellano, exhaló una senti- 
da queja en el romance «A Fernán Caba- 
llero», amarga á la vez que generosa ins- 
piración de su primera campaña política. 

Aún hay en el alma de D. Fernando de 
Gabriel, después de la fé religiosa, del amor 
de la familia, del patriotismo, y de las po- 
líticas convicciones, otro sentimiento enér- 
gico y profundo, que no podía ménos de 
inspirarle un canto de entusiásmo: el amor 
de la gloria. Militar y poeta, ha de simpa- 
tizar con la doble emulación de los que han 
seguido con igual fortuna las banderas de 
Marte y las de Apolo; brillante pléyada, 
que en nuestro País, esencialmente idealis- 
ta, y sobre todo en la época de exaltación, 



42 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

que iniciaron los caballerescos tornéos de 
la Vega de Granada y de los pantanos de 
Barletta, y los milagros del génio de Colon, 
Gonzalo de Córdoba, Cortés y Pizarro, com- 
prende casi el mayor -número de los nom- 
bres ilustres del Pindó castellano. Por eso 
en la epístola «Al Marqués de Casa-Ari- 
zon», con erudita oportunidad y legítima 
complacéncia recuerda ese estrecho marida- 
ge de las Armas y de las Letras españolas, 
agrupando con tino las más realzadas figu- 
ras de tan gloriosa falange; caracterizando 
con rara destreza, en breves y poéticas fra- 
ses, tan adecuadas, como distantes de la 
confusión y de la monotonía, difíciles de 
evitar en la repetición de parecidas circuns- 
táncias, el vário génio de los grandes Maes- 
tros de la Lírica, del Drama, de la Epopeya 
y de la Novela española; y tributando luego 
el merecido honor á los que hasta nuestros 
días han continuado enlazando el laurel del 
Guerrero al del Poeta; número entre el cual 
casi rehusa colocarse, con una modéstia, 
que bastarían á calificar de injusta los bri- 
llantes períodos en que, al expresarla, re- 
cuerda las glorias de su familia y de su ciu- 
dad natal. Y á propósito de esta poesía, 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 43 

séame permitido consignar aquí, como un 
nuevo y justo homenage al espíritu de ver- 
dadera toleráncia que reina en las poesías, 
como en el carácter, de D. Fernando de Ga- 
briel, que entre los que se proclaman apósto- 
les de esa virtud, no habría muchos que 
aludiesen á les hechos de armas de un sol- 
dado de Bessieres ó del Siete de Julio, con 
la frase benévola y hasta simpática que el 
nieto de un Virey y el hijo de un Goberna- 
dor militar y político del antiguo régimen 
empléa para recordar el bautismo de san- 
gre del compañero de Chapalangarra. 

Hasta aquí he considerado las Poesías 
que contiene este Libro, casi exclusivamen- 
te bajo el punto de vista del pensamiento 
que entrañan. Hora es de decir algo de la 
forma; que si no constituye todo el Arte, 
como erradamente juzgan algunas Escue- 
las críticas, es por lo ménos su sello distin- 
tivo, y lo que separa sus obras de las lu- 
cubraciones puramente intelectuales ó filo- 
sóficas; sin lo cual el Poema del Cid se con- 
sideraría superior á la Araucana, y el Brahm 
enroscado en círculo de álgun relieve indos- 
tánico merecería la preferencia sobre el 
Apolo de Belvedere. 



44 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Severo y sobrio de adornos, enérgico y 
conciso en la expresión, y aun violando á 
sabiendas ciertos preceptos secundários de 
la eufonía, por más que sólo raras y justi- 
ficadas veces y sin que por esto deje de ser 
siempre castizo, correcto y puro en su len- 
guaje, manifiesta De Gabriel en las poesías 
en que domina un elevado pensamiento re- 
ligioso, moral 6 político, la justa preferén- 
cia que en semejantes asuntos han dado al 
fondo sobre ciertos accidentes de la forma 
nuestros mejores clásicos pero demues- 
tra bien que tal proceder nace exclusiva- 

(*) Para que no se créa arbitraria mi afirmación, quiero citar 
algunos ejemplos, y no necesito buscarlos fuera de las poesías más 
conocidas, y que andan en manos de todos. En la canción de Her- 
rera á la batalla de Lepanto, al fin de la primera estancia, hay cin- 
co versos seguidos asonantados, cosa que por cierto no se consen- 
tiría hoy á ningún poeta digno de este nombre: versos tan duros y 
llenos de sílabas que se chocan como estos: 

Que tanto odio te tiene, en nuestro estrago, 



Temerá el fuego y la asta violenta 

Y el humo subirá á la luz del cielo. 
En la canción de L. de Argensola á la Canonización de San 
Diego, una cadencia semejante, tan ridicula como esta-' 

Por contemplar las aras de oro ricas. 
La silva moral de Lope de Vega, titulada El Siglo de Oro, con- 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 45 

mente de su resolución de no sacrificar nun- 
ca la claridad, exactitud y fuerza de la idéa 
á otras consideraciones de menor importán- 
cia, por la riqueza y galanura de la frase 
poética, la propiedad y brillantez de las 
imágenes, y el número y cadéncia de la ver- 
sificación, que avaloran especialmente aque- 
llas poesías, en que el autor, ménos obliga- 
do á sujetarse á la índole filosófica y austé- 
ra del asunto, es más dueño de la compo- 
sición de sus cuadros, y de la rotundidad y 
armonía de sus períodos. 

¿Qué pintura más realzada y brillante 
puede trazarse del Arte español en su apo- 
géo, qué más ardiente y ditirámbica apo- 
teosis del génio del que con razón se llama 
el Pintor del Cielo, que las primeras estrofas 
de la oda «A Murillo»; ni qué mayor es- 
fuerzo cabe de la imaginación poética, que 
el que luce en las últimas octavas de la mis- 
ma, transformando en interesante palenque 

cluye con este endecasílabo, cuyos acentos no pueden estar peor 
repartidos: 

Subióse en hombros de sí misma al cielo, &, &. 
¿Creeráse que el oido de tan eminentes poetas no les avisó estos 
descuidos? Conociéronlos sin duda, pero los tuvieron por menor 
mal, que desfigurar ó atormentar la expresión de su pensamiento. 



46 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

de dramáticas emociones la vulgar escena 
de una ventá en pública subasta? ¿Qué mo- 
delo más acabado de poesía descriptiva que 
el romance «A un amigo con motivo de 

SU PARTIDA DEL CASTILLO DE GlGONZA», 

en que se retrata con pintoresca verdad la 
rica meridional vegetación de las dehesas 
andaluzas,, sus variados efectos de natura- 
leza silvestre y cultivada, sus acres aro- 
mas, y sus misteriosas armonías; y en que 
recuerdos históricos y pinceladas de costum- 
bres, sobria y hábilmente distribuidas, vie- 
nen á animar y dar carácter al paisaje, como 
figuras esparcidas en un lienzo por la mano 
maestra de Salvator Rosa ó del Poussino? 
¿Qué cuadro más ideal, qué representación 
más viva de la brillante fantasmagoría con 
que la imaginación, excitada por el doble 
poder de la juventud y del amor, engalana 
y transforma la naturaleza material, que las 
primeras estáncias de la poesía «En las 

MÁRGENES DEL GUADALQUIVIR»? Y en fin, 

¿quién ha retratado las inocentes grácias, 
los sencillos encantos de la infáncia, con tan 
perfecta naturalidad, y con tan sentida ter- 
nura, como De Gabriel en el romance á su 
hijo Gonzalo? 



PRÓLOGO DE HUIDOBRO 47 

Si en vez de un Prólogo, escribiese estos 
renglones para analizar en un Periódico li- 
terario las Poesías de D. Fernando de Ga- 
briel, y dar idéa de su mérito á quien no las 
tuviese ante la vista, no los terminaría sin 
citar algunas de las más felices inspiracio- 
nes y de los más armoniosos versos de este 
Poeta, y para ello tendría que transcribir 
casi enteras las cuatro poesías que acabo de 
citar, no ménos que las dedicadas «A Euge- 
nia de Güzman » , «Al Marqués de Casa- 
Arizon» y «A D. a Catalina de Arizon» , 
á «Dos Hijos de Reyes», «A D. José 
Fernandez-Espino», «A D. Tomás de 
Reina», «A Polonia», y los sonetos «A 
la Fiesta de la Eucaristía» , « A Gibral- 
tar», «Dos de Mayo», «A las cuatro 
Órdenes Militares» y «A mi dulce com- 
pañera». Pero ¿á qué desparramar aquí al- 
gunas flores, que parecerán mejor en el ra- 
millete en que su autor las ha agrupado? 
Sobrado tiempo he entretenido la justa im- 
paciencia del lector en el vestíbulo del artís- 
tico Monumento: dejémosle ya penetraren 
él, y admirar por sí mismo sus bellezas 

L. S. Huidobro. 



EPÍSTOLAS. 



4 



EPÍSTOLAS 



5 1 



LA ESPADA Y LA LIRA (2) . 

AL CORONEL MARQUÉS DE CASA ARIZON, 

EXCITÁNDOLE AL EJERCICIO DE LA POESÍA. 

Que nunca la lanza embotó la pluma, 
ni la pluma la lanza. 

Cervantes. 

I. 

Oh tú, caro Marqués, en quien la llama 
Del entusiasmo brilla, 
Y cuyo pecho inflama 
Vivo amor á las Letras, ¿no es mancilla 
Que, cuando el cielo en tí preciosos dones 
Blando derrama, y la encantada orilla 
Huellas del Bétis, en acordes sones 
Tu voz no dés á la región del viento? 
¿Por qué, dócil tu lábio, 
No ha de alzar del Empíreo al alto asiento 
De los héroes las ínclitas acciones? 
¿Por qué, en sonoro acento, 
De la virtud no cantas la grandeza, 
La tierna virgen que de amor suspira, 
Del bosque y la llanura la belleza? 



52 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

¿Acaso temes que la ebúrnea Lira 
Niegue sus tonos á tu armada mano, 
O que, si al Númen cedes que te inspira, 
El de la Guerra esquive, 
A tu brazo, su esfuerzo soberano? 

Jamás, oh amigo, tan injusta idéa 
Tu mente abrigue; en el Ibero Pindó 
Nunca ostentó la claridad Febéa - 
Más puro el ígneo rayo 
Que al rudo estruendo de marcial peléa! 

II. 

¡Oh vosotros, Guerreros, que en la cumbre 
Del Parnaso inmortal alzáis la frente, 
No vuestro brillo fúlgido deslumbre 
Mis débiles miradas, 
É inspirando benévolos mi mente 
Dadme que en nobles Himnos 
Vuestras glorias ensalce reverente! 

III. 

Allí, ¡oh Marqués! el de Aragón orgullo, 
Jáime el Conquistador, el no vencido, 
Entona dulcemente 



EPÍSTOLAS 53 

Plácidas Trovas, del Amor herido; 

Y el que reinó en Castilla, 

Décimo Alfonso, de renombre excelso, 
Sábio Monarca, desgraciado Padre, 
Al lado muestra del laüd doliente 
La espada sin mancilla. 

Allí también el que á la Gente Mora, 
Bravo Infante Don Juan, humilló fiero, 
Pulsa la blanda cítara sonora, 
Siempre ceñido el toledano acero; 

Y el Canciller Ayala, del Rimado 
De Palacio escritor exclarecido, 
Cronista al par severo 

De Don Pedro el Temido; 

Y el heroico Don Alvaro de Luna, 

Que, del Rey Juan Segundo gran Privado, 
De la inconstáncia fué de la Fortuna 
Ejemplo atroz, muriendo degollado. 

Allí Manrique, en varonil querella, 
Del Padre insigne llora el desdichado 
Fin ejemplar, y Cántiga más bella, 
Respirando mayor Filosofía, 
Nunca dejó tan peregrina huella. 
Lidiando como bueno, 
¡Cuál en su sangre un día, 
Al exhalar el último suspiro, 
Las Endechas ternísimas teñía! 



54 POESIAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Mira no léjos la gigante sombra 
Serena alzarse del varón preclaro 
Que aún Santillana prosternada nombra, 

Y es á su extirpe generosa caro; 

Del que entre lides y cuidados graves 
Restauró la Española Poesía, 

Y en risueña pradera 
Cantó de Finojosa la Vaquera. 

Antes óido presta al sin ventura 
Macías, el Doncel enamorado, 
A quien muerte crüel, de aguda lanza 
Al golpe inesperado, 
Cantando de su amor la malandanza, 
Sorprendió en la prisión, aun dando al viento 
El nombre de su Dama y su esperanza. 

De Bátres al Señor luego contempla, 

Y en la paz y en la guerra vé cuál templa, 
Las Letras cultivando 

Y remembranza eterna conquistando, 
Del Mundo los rigores, 

De la Corte falaz los sinsabores. 

Y escucha al buen Febrer, del pueblo amado; 
A Carvajal, á Estúñiga animoso; 
A Quádros, como pocos celebrado; 
Al Rey Ceremonioso; 
A Sandoval, Moncayo, Sessé, Urréa, 



EPÍSTOLAS 55 

Claros en el trovar y en la peléa; 
Al gran Lúlio, el Doctor Iluminado; 

Y á Áusias March, cuyo brazo y cuyo acento 
Tanto le elevan, entre Vates ciento 

De esta y de la otra parte 

Del Ebro no domado, 

Que en verso al rojo Apolo está igualado 

Y en armas está al par del fiero Marte. 

Del Quinto Alfonso de Aragón glorioso, 
Del magnánimo Rey, que Itália viera, 
Clemente y victorioso, 
Al aire desplegando su bandera 
En Nápoles, Cerdeña y Lombardía, 
Oye también la Cántiga hechicera. 



IV. 



Mas ¿qué súbita luz ofusca el día?... 
¿Es de Celeste Coro el lampo ardiente 
O fíngelo quizás mi fantasía?... 
¡En nueva lumbre inflámase el Parnaso! 
¡Allí Ercilla y Cervántes, allí Lope, 
Calderón, Garci-Lasso!... 
¡Oh de gloria y honor Astros radiantes, 
Para cantar vuestra eternal grandeza 
No halla mi léngua términos bastantes! 



56 POESÍAS DE FERÑANDO DE GABRIEL 

jCómo decir la cándida dulzura 
De tus versos, oh Lasso, 
De belleza dechado y de ternura! 
¡Cuál de Vi'ena en el cercado muro, 
Cuál en la Pátria de Petrarca y Tasso, 
Tomando ova la espada, ora la pluma. 
Te abriste al Templo de Memoria paso! 
Duelo profundo el corazón abruma 
Del gran Emperador, tu heroica muerte 
Al contemplar, y, de sus justas iras 
En vengativo alarde, 
Del audaz enemigo arrasa el Fuerte, 
Y dá á sus defensores 
La que te cupo á tí sangrienta suerte. 

¡Ni cómo, oh Lope, que en edad florida, 
Del Ponto contrastando los furores, 
El arcabuz llevaste en la temida 
Flota del gran Filipo, 
Cantaré dignamente tus loores! 
¡Cómo podré la innumerable suma, 
El fácil verso, las discretas Damas, 
Puras y bellas cual la nivea espuma, 
De tus Comédias celebrar, si inflamas 
En tan vivo entusiasmo el pecho mío 
Que, absorto y reverente, 
Oh Creador de la Española Escena, 
No el lábio expresa lo que el alma siente! 



EPISTOLAS 57 

¡Ni qué decir de tu fecunda vena, 
Gran Calderón, de Caballeros guía, 
De las Armas honor, si el Mundo llena 
De tu nombre la Fama, y no sería 
Buen Español, ni honrado, 
Quien no amase en tus versos tu hidalguía! 

¿Y de tí, gran portento, 
Que en medió de las Armas y aspereza, 
No en seguro secreto regalado, 
De la homérica trompa la grandeza 
Conseguiste emular? Jamás ¡oh Ercilla! 
Nadie más árduo empeño 
Vió de más pura gloria coronado. 
¡Cuál en tus cantos, honra de Castilla, 
De profunda Moral, de alto Gobierno, 
La excelsa llama esplendorosa brilla! 

¿Y á tí, de ardiente inspiración en alas 
Podré cantarte, oh Manco de Lepanto, 
Cuando tu nombre universal, eterno, 
El Mundo admira con respeto santo, 

Y la Española Historia 

Ansiosa escribe en tablas de diamante?... 
¡No de mi inhábil lira el vuelo es tanto!... 

¡Donde con alta de Soldados gloria, 

Y con propio valor y airado pecho, 
Tuve, aunque humilde, parte en la vitóría. 



58 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Así cantaste, de Don Juan el triunfo 
Al recordar, ¡oh Autor de Don Quijote! 
¡Tiempos aquellos en que el Orbe estrecho 
Era á nuestro poder, y duro azote 
De la Barbárie y la Mentira, España! 
Fé viva, Pátrio Amor nos cupo en dote, 
Y una tras otra gigantesca hazaña 
A su impulso nació. ¡Y hora podría 
La que triunfó de la Agarena saña, 
Católica Bandera, 

Al aire tremolar allá en Turqu-a! (3) 
Su benéfica lumbre 
Antes niéguete el Sol ¡oh Pátria mía! 
Que de la Enseña de Mahoma impura 
Brille al lado la Cruz de tus Pendones. 
¡Nunca á tanto te obligue sue' te dura! 



V. 



Ni sólo estos varones, 
Que entre los más famosos cuenta el Mundo, 
De en medio de guerreros Escuadrones 
Himnos alzaron con ardor fecundo. 
Dignos también de perenal memoria 
Otros nacer miró la Madre España 
Que, del cañón al eco tremebundo, 
Vencer supieron en feral combate, 



EPÍSTOLAS 59 

Y ornar luego sus sienes 

Con la corona que. sublima al Vate. 

Tal Bóscan, en quien late 
El fuego que con vivos resplandores 
Destelló en Garci-Lasso; el gran Mendoza, 
Diplomático, Procer, Estadista, 

Y que, de Historiador y Novelista, 
Al par que de Poeta, 

Láuro inmortal conquista; 

El Capitán Aldana, 

Víctima de su esfuerzo en lid insana; 

Figueróa y Acuña, á quien Divinos 

Unánimes llamáron 

Cuantos sus dulces rimas escucháron; 

El rondeño Espinel, que la guitarra 

Perfeccionó, y la Décima expresiva; 

Alcázar, cuya cítara festiva 

Siempre de quien la escucha es regocijo; 

El veraz Castellanos, 

De los Varones ínclitos Indianos 

Eximio historiador, de Alanís hijo. 

Tal quien de Aminta á un tiempo, y la Farsália 
Tanto supo apropiarse la belleza, 
Que los nobles Idiomas 
Del Lácio antiguo y la moderna Itália, 
En sus versos admiran 
Del Español Lenguaje la grandeza; 



6o POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Guillen de Castro, que del Cid valiente 
Cantó las Mocedades, 

Y una y otra magnífica proeza, 
Con estro prepotente; 

Zarate, de la Cruz cantor rendido; 

Y el que del Monserrate 

La sacra tradición tornó en Poema, 

Cristóbal de Virués, del Túria Vate; 

Argote de Molina, 

A quien debe la Bética Nobleza 

Su historia peregrina; 

Gutierre de Cetina, 

Que unos ojos cantando, 

A él fieros é iracundos, 

Aunque claros, serenos, 

Fama alcanzó de bueno entre los buenos. 

Tal Artieda, no siempre Artemidoro, 

Y que en la Pátria Escena fué quien ántes 
Que otro escritor alguno 

Presentó de Teruel á los Amantes; 

El Cuatralbo Carrillo, 

Por la Muerte á deshora arrebatado 

Cuando más era de su ingénio el brillo; 

Montemayor, amante infortunado, 

Autor de La Dl'ana, 

Que, Portugués, ayuda á Castillejo 

A defender la Rima Castellana; 

Meló, honor en los Tércios Españoles 



EPÍSTOLAS 6l 

De la Región de Luso; 

García de Salcedo, 

Comentador de Góngora confuso; 

El Conde ilustre aquel de Rebolledo, 

Que del Casal enrojeció los campos 

Con sangre de sus venas, 

Y que en las Selvas Dánicas amenas, 

Y en sus ocios, los suyos escribiendo 

Y los Sagrados Libros traduciendo, 

Dió tregua á cien campañas, de honor llenas; 
De Esquilache el gran Príncipe, que Lima 
Aclamó su Virey, y que la Rima 
Sagrada y la profana, con fortuna, 
En su sonante lira diestro adúna. 

Tal Cañizares, que las huellas supo 
De Calderón seguir, y á quien, festivo, 
Ser á más precursor de Bretón cupo; 

Y tal, en fin, el Capitán Coplero (4), 
Cuatro veces herido en Campo Santo, 

Y cuya fácil y castiza frase 
Chiste avalora tanto. 

Otros y otros aún; mas fuera vana 
Empresa enumerarlos: de la Guerra 
La dulce Poesía 

Mostróse siempre en nuestro suelo hermana. 



62 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



VI. 



¡Oh Portugal! ¿Por qué, rasgando el seno 
De la Pátria común, de fúria lleno, 
Con daño de ella y tuyo 
Enflaqueciendo tu poder y el suyo, 
De España, que es tu Madre, te apartaste, 

Y en las Britanas redes te enlazaste? 

¡Cuán distinta tu suerte y nuestra suerte, 
Nación cuán grande y fuerte 
En nuestros sacros lindes se alzaría, 
Si, del extremo Tajo al Pirinéo, 
Tan sólo el mundo viera, 
Un cetro, y un altar, y una bandera! 

¡Y cuál me fuera dado 
Entonces á uno y otro gran soldado 
Aquí conmemorar! ¡Ah ¡quién primero 
Entre ellos, y entre todos 
Los hijos de la Guerra, 
De las Musas al par hijos queridos, 
Que el épico Camóens, cuyo acero 
Brilló esplendente en la región Indiana, 

Y cuya noble sangre 

Antes corrió abundosa en la Africana! 



EPÍSTOLAS 



63 



VIL 

Ahora, oh Marqués, de nuevo 
Torna los ojos al Parnaso Hispano, 
Que, en tiempo de nosotros ya cercano, 
El acento sonoro 

De Cadalso y del Conde de Noroña, 
Muerto con gloria aquel ante la enhiesta 
Roca baldón de España; del decoro 
Pátrio Adalid estotro allá en San Payo, 
Grato se escucha en el Castálio Coro. 

De Vargas Ponce, Beña y Mor de Fuentes; 
De un nuevo Virüés, de Campo- Alange; 
Del Narrador insigne de la história 
De los que osados descubrieran Mundos 
Para honra suya y en Hispana glória; 

Y del que, sábio, el Cielo contemplaba 

Y su ciéncia en sus versos revelaba, 
Aún resuena en el viento 

El acordado, plácido concento. 

Aún de Arríaza la armoniosa lira, 
De augusta palma y de ciprés ornada, 
Ora en voz de victoria, 
Ora bañada en llanto, 
Suena de Amor de Pátria al fuego santo. 



64 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Aún puebla el aire leve, 
Del que pintó la célica pureza 
De la infeliz Elvira, y la fiereza 
De Montemar impía, 
Digno rival de Byron, la potente 
Voz de amargura llena; y en su frente 
Resplandeció del Guardia el férreo casco, 

Y ántes le vió el riscoso Pirinéo 
Pulsar la ardiente cítara enlutada, 
Del trueno al ronco son y del torrente, 
A un lado rota la novel espada. 

Resuena todavía 
El acento ya blando, ya severo, 
Del Procer inspirado 
Que el nombre vindicó del Rey Prudente; 
Del Duque ilustre, que del pátrio Estado 
Sólo pudo salvar un noble acero (5). 

VIII. 

Mira, en fin, lo presente, 

Y en torno tuyo encontrarás Poetas 
Que á serlo se educaron 

Entre el fiero clamor de las trompetas. 

Tal de Bailen, D. Alvaro y Mudarra 
El egrégio Cantor, honra del Bétis, 



EPÍSTOLAS 65 

Y que Vate Español por exceléncia, 
De Cádiz á Navarra 

Cuantos aman las Letras proclamáron; 

Y un día contempláron 

Tinto en su propia sangre, que once heridas 
Mortales derramaban, los que España 
En mal hora triunfantes vió en Ocaña, 

Tal Bretón, cuyas plácidas Comédias, 
Por su ingenio y su chiste, siempre urbano, 

Y el dominio admirable 

Del espléndido Idioma Castellano, 
Lugar le dan ingente 
En el Teatro Hispano. 

Tal Pezuela, del Tasso y de Camóens, 
Del Dante y de Ariosto 
Admirador ferviente, 

Y que á la Léngua nuestra 
Verter con gloria sabe 

Una y otra del Arte obra maestra; 
Como también con gloria, en lid reñida, 
Supo verter impávido su sangre 
De una y otra crüel, profunda herida. 

Tal del Simoun y el Tajo, y de Lañuela 
El autor y el poeta, que revela 
Al par que el estro el meditar profundo, 

Y que al célebre Autor del Diablo Mundo 

5 



66 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Cariño mereció, como de hermano. 

¡Recordarlo es nombrar á Ros de Olano! 

¡Con honra suya cuánta, 

Allá en Mendigorría, 

Casi el postrer aliento despedía! 

Tales también se muestran 
Reina, Escosura, Serra, Justiniano, 
Cuyos nombres clarísimos la Fama 
Solícita proclama; 
De El Trovador el laureado Vate; 
Mora, Baralt, de perenal renombre; 
Buzarán, Juan Diana, Humara, Eulate; 
Ferrer de Couto, Pardo de la Casta, 
Corral, que aventurero 
La muerte busca en pueblo hoy extranjero; 
Munárriz, Bouligny, siempre festivos, 
Mas nunca al bien ni al pundonor esquivos; 
San Román, Góizüeta, Valdemoro ( 6 ); 
El siempre melancólico Castilla; 
Caunedo, Barrios, Ametller, Taboada; 
Fernández y González, que decoro 

Y timbre es de Sevilla, 
Al par que de Granada, 

Y cuya voz, cantando al Cid y á Acuña, 
De nadie fué igualada; 

Quiroga, mal herido 

En fratricida lucha; Pastórfido, 

Ruano, Pasaron, Flóres-Arénas: 



EPÍSTOLAS 67 

Vidart y Navarrete, en cuyos lábios 
El bozo juvenil apunta apénas. 

Tal aunque indigno, yo, que transcurrido 
No bien un breve lustro 
Del día, aún no lejano, en que mis ojos, 
En las feraces márgenes serenas 
Del manso Guadiana 
Vieron la luz de la primer mañana, 
Ya de la Veste militar ciñóme, 

Y su entusiasmo férvido infundióme, 
El noble Padre, que en el almo Cielo 
Hoy para siempre mora. 

El noble Padre, que, con raro celo, 

Y diestra, al par que firme, bienhechora, 
Las belígeras Haces juntamente 

Y la Ciudad querida 
Entonces gobernaba, dó la vida 

Me dió amoroso, y dó tranquila yace, 
En Agustino Templo, 
Bajo marmórea losa blasonada, 
De su bizarro Genitor (7) la yerta 
Ceniza idolatrada. 

La Ciudad que avaloran 
Móráles el Divino; 
El Capitán insigne, 
Que el Pacífico Mar halló el primero; 
Alvarado, Garay, Dosma, Cepeda, 



68 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Y de mi caro Padre el caro hermano (8), 
Heroico sin segundo y caballero, 
Que en la orilla del Gébora cercano, 
Antes que ver rendida la Bandera 
Timbre y orgullo de la Gente Ibera, 
Alta la ardiente espada, 
En las filas Francesas penetrando, 
La existencia á la Pátria consagrada 
Dejó en sus aras, al morir lidiando. 



IX. 



Canta, pues, dulce Amigo, y no te asombre 
Que al redoblar del atambor sonante 
Se inflame del Soldado 
El fuerte corazón, y arrebatado, 
Su gloria enalteciendo, 
Ó el Amor ensalzando y la Belleza, 
Del Pindó á la alta cumbre se levante, 
Que el amor y la gloria del Guerrero 
Inspiráron también á Tasso, á Dante, 
Al gran Virgilio, al inmortal Homero. 



EPÍSTOLAS 69 

PATRIOTISMO! 

Á D. JOSÉ FERNÁNDEZ-ESPINO, 

CATEDRÁTICO DE LITERATURA ESPAÑOLA 

DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA 
I. 

Vanamente se afana 
El que, surcando el Mar, la dicha busca, 
Envuelta en oro, en la Región Indiana; 
Y vanamente aquel á quien ofusca 
De Honores y Poder el ánsia ciega, 
Buscándola también, á ellos se entrega. 
En más segura fuente, 
De la propia conciéncia en el sosiégo, 
Atento siempre al ruego 
Del que, si nó su igual, nació'su hermano; 
De la familia en el hogar querido, 
O en los nobles placeres embebido 
Que al j oven y al anciano 
El estudio, del sábio apetecido, 
Próvido dá con bienhechora mano, 
Halla el hombre la paz, halla la calma 
Supremo bien y aspiración del alma. 



70 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



II. 



De tan alta verdad, oh caro Amigo, 
Tú ejemplo ofreces, que tranquilo vives 
En la feliz, dorada medianía 
Que el Lírico del Lácio cantó un día, 

Y de viles pasiones al abrigo 
Apláusos mil y admiración recibes: 
Ora cuando la cítara pulsando, 

Á la región del viento 
Gozoso dás el melodioso acento, 
Timbre y honor de la inmortal Escuela 
Que Río ja y Herrera fecundáron, 

Y que Lista y Reinoso 

De nuevo de su tumba suscitáron; 
Ora cuando doctísimas lecciones 
De tu lábio elocuente 
Brotan, y al punto fíjanse en la mente, 

Y grábanse en los tiernos corazones 
De la estudiosa Juventud que acude 
Al gran Gimnásio, de Sevilla gloria. 
Al gran Gimnásio en cuyas aulas dura 
Eterna la memoria 

Del sábio, del insigne Arias Montano, 
Blasón de Extremadura, 
Que en ellas fundamento 



EPÍSTOLAS 71 

Dió á la pasmosa erudición, que en Trento, 

En Londres y Lovaina, Antuérpia y Roma, 

Brilló con desusados resplandores, 

Y del Monarca egrégio 

Cuyo dominio el Sol no abandonaba, 

La amistad le alcanzó, no los favores, 

Que siempre su modéstia rehusaba. 



III. 



¡Grave misión y augusta 
Es la del Docto á quien la Pátria fía 
La inteligéncia dirigir de aquellos 
Que, en no lejano día, 
Serán su honor, su nérvio, su grandeza! 
¡Oh, cuánto importa despertar en ellos 
El santo amor á los Paternos Láres, 

Y á los que el Nombre Hispano á tanta alteza 
Un tiempo levantaron 

Y en uno y otro Mundo dominaron! 
¡Y cuánto precaverles 

De que al mirar de España la alta Historia 

Por extranjera mano adulterada, 

-De la celosa Envidia amaestrada, 

Los hechos desconozcan más honrosos, 

Y los Varones dignos de memoria 
Á sus ojos odiosos 



72 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Y con negros colores aparezcan, 

Y oprobio en vez de apláuso les merezcan! 

¡Imposible parece cómo viendo 
Cuán falsamente extraños Escritores, 
Del limpio honor de España detractores, 
Los hechos, de que aún vive por testigo 
Tanto esforzado actor, referir osan, 
Haya quien por clarísimas verdades 
Tome las que, al narrar de otras Edades 
La insigne Historia nuestra, 
Torpes calumnias estampó su diestra! M. 

IV. 

«¡La Inquisición! ¡Felipe! ¡El Fanatismo! 
»¡Del Nuevo Mundo la feroz Conquista! 
»¡Del degradado Pueblo la ignoráncia! » 
Estas las frases son que á un tiempo mismo 
En Inglaterra y Fráncia, 
En Alemánia y Flándes á porfía 
Sirven de tema eterno al rudo embate 
Con que á España combate 
El Ódio nacional y la Heregía. 

¿Y qué, decidme, vírgenes Naciones, 
De todo error é intoleráncia exentas. 
Jamás luchas cruentas, 



EPÍSTOLAS 73 

Ni opuestas Religiones, 
Vuestro suelo sublime ensangrentáron, 
Ni vil superstición, encono ciego 
Vuestra impecable Historia deslustraron? 

¡Oh sí, que sangre á ríos 
En vuestros campos ven los ojos míos, 

Y de Cal vino, y de Isabel y Enrique 
Al terrífico acento 

Alzarse miro hogueras y cadalsos 

Y allí espirar á víctimas sin cuento! 

Unida en tanto España 
Fuerte, feliz, potente aparecía, 

Y con gigante hazaña, 

Por arrancarle un Mundo, el Mar rompía; 

Y del Poder á la eminente cumbre, 
Asombro siendo á la feudal Europa, 
Fráile humilde elevaba; 

Y la gran Isabel, del Trono lumbre, 
Leyes ántes dictaba 

Del Indio amparo, admiración del Sábio; 

Y apénas puede el lábio 

Los triunfos numerar con que brillaba 

De Fernando, de Carlos y Felipe 

En la gloriosa frente, 

La augusta Diadema más fulgente, 

De más claro renombre 

Que nunca dado fué ceñir al hombre. 



74 



POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



V. 



¡Tú, España, degradada! ¡Tú ignorante! 
¡Tirano tú, y fanático, oh Felipe! 
Respondan, Pátria amada, 
Tu altivez proverbial, y tu hidalguía 
De nadie superada; 
Respondan de París y el Orbe todo 
Las áulas que regía 
De tus hijos la ciéncia, 

Y el anheloso afán con que del modo 
Que ráudo el ciervo al manantial se lanza, 
Inmensa muchedumbre á ellas corría, 

De recibir sedienta su enseñanza. 
Responda, en fin, el generoso arranque 
Con que al sentirte herida en tu creéncia, 
Tu honra, tu lealtad, tu independéncia, 
Te alzaste, ejemplo al Mundo, el Dos de Mayo, 

Y al Galo fuiste de venganza rayo. 

Responda, oh gran Monarca, 
Por tí también la Historia, 
Que, si grave y austero 
Sus páginas te muestran, no altanero, 
Ni fanático y déspota inhumano 
En ellas apareces. No es tirano 



EPÍSTOLAS 75 

Quien en justicia y paz rige y mantiene 

El Ibérico suelo, cuando el Mundo 

De lágrimas y sangre es mar profundo; 

Quien la conciéncia tiene 

De ser expresión fiel del sentimiento 

Que al Pueblo suyo y á su Siglo anima; 

Quien, al mérito atento, 

En sus Consejos, con igual estima, 

Al Procer y al Plebeyo se complace 

En dar lugar en encumbrado asiento; 

Y á sus Ministros hace 

Que en todo árduo litigio en que su nombre 
Encuéntrese mezclado, y duda abriguen 
De á quien mejor derecho galardona, 
En contra suya fallen, sin reparo 
Al brillo y al poder de su Corona. 

No es fanático, no, quien enemigo 
De la rüin superstición mostróse; 
Quien célebres Escuelas esmeróse 
Munífico en fundar; y, ardiente amigo 
De las Letras, en público Gimnásio 
Las lecciones siguió de altos Maestros, 

Y protector del Sábio y el Artista 

Su amor y su respeto al par conquista. 
¡Fanático! ¿Por qué? ¿Por ser creyente? 
¿Cuándo nunca sinónimas han sido 
Palabras tan opuestas? Tanto diera 
Cobarde apellidar al que es prudente, 



76 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Mal padre al buen Guzman, y temerário 

Á quien de heroico aliento muestra hiciera ("), 

¡España, Pátria mía! ¡Rey excelso! 
Vuestra inmortal grandeza, el haber sido 
De la Verdad impenetrable escudo, 
Misión providencial así llenando, 
Vuestro delito constituye infando. 
Si errores cometisteis, si algo pudo 
Un punto deslustrar la historia vuestra, 
No es mío defenderlo; mas ¿en dónde 
Se encuentra la Nación, dónde el Monarca, 
El hombre sin defecto? 
¿En dónde existe ese ideal perfecto? 



VI. 



Y no juzgues, oh Amigo, 
Mi canto al escuchar, que ensalzo sólo 
Lo ya pasado, y de la Edad presente 
Eríjome en censor y en enemigo. 

Hijo soy de mi Siglo, y con ardiente 
Apláuso sus progresos y su ciéncia, 
En cuanto tienen de admirable y recto, 
Saluda alborozada la voz mía. 
Pero duéleme ver cómo á porfía 



EPISTOLAS 77 

Pugnase por borrar las tradiciones, 
De los Siglos que fueron la alta gloria 

Y la sábia experiéncia, y enlazarlo 
Al moderno adelanto útil contemplo. 
Sólo así las Naciones 

Se engrandecen, y viven en la Historia, 

Y en ella sirven de perenne ejemplo. 

¿Acaso la Edad nuestra, 
Sin los esfuerzos y el saber unidos 
De aquellas que del Mundo en la palestra 
De precederla hubieron, se hallaría 
Donde la vemos hoy? Nécio sería 
Tal absurdo afirmar. Grácias, pues, demos 
Á quienes nos legaron tal tesoro, 
De más valor que el oro, 

Y su recuerdo augusto conservemos. 



VIL 



Basta, caro Fernández; 
Léjos de tí me lleva el entusiasmo 
Que siempre en mí producen 
Las Pátrias Glorias, de la mente pasmo. 

Tú á quien tanto avaloran y en quien lucen 
Prendas tan altas, del acento mío, 



78 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Del tuyo al lado desmayado y frío, 

No has menester para excitar el santo 

Amor de Pátria en tus alumnos fieles, 

Cuando el sublime canto 

De los egrégios Vates les revéles 

Que ilustraron de España el claro nombre; 

Y la profunda ciéncia con que al hombre 
Nuevos rumbos abrieron, 

Ó sabrosa lectura le ofrecieron, 
Dándole al par altísima enseñanza, 
Tanto y tanto Escritor como enriquecen 
Su literária Historia y la enaltecen. 

Taréa tan gloriosa 
Sin desmayar prosigue, y melodiosa 
Al par resuene tu vibrante lira 
Que á lo bello y lo grande amor inspira; 

Y el tiempo por venir siempre en tí véa, 
Tu nombre al aclamar de Polo á Polo, 
Cómo, del fráude y la ambición y el dolo 
Alejado mostrándote, le ofreces 

Nuevo y constante ejemplo 

De la dichosa vida que en el Lácio 

Supo cantar y engrandecer Horácio. 



HIMNO. 



HIMNO 



EN LA EXPECTACION 
DE LA VÍRGEN MARÍA 

CORO. 

Alcemos gozosos, 
En álas del viento, 
El férvido acento 
Al Trono de Dios. 
Suspenso ya el Mundo 
Espera anhelante 
El célico instante 
Nunciado á Jacob. 

I. 

Cese, Israel, tu quebranto, 
Mira cercano el gran día 
Que pondrá fin á tu llanto: 
Ya del Espíritu Santo 
La Gracia sintió María. 

6 



82 POESÍAS DE FERNANDO DK GABRIEL 

De la tierra orgullo y gala, 
Vaso insigne de ventura 
Que celeste aroma exhala, 
Madre excelsa, Virgen pura, 1 
¡Qué placer al tuyo iguala! 

¡Oh asombrosa maravilla! 
En el regalado seno 
De la Virgen sin mancilla 
Mora Aquel á quien se humilla 
De respeto el Orbe lleno. 

¡Cuán grande, Señor, te ostentas! 
¡Qué infinita es tu bondad! 
Por la humana libertad 
Tú , que en las nubes te asientas, 
Ocultas tu Magestad! 

CORO. 

Alcemos gozosos, 
En álas del viento, 
El férvido acento 
Al Trono de Dios. 
Mirad á María 
En gloria bañada; 
No así en la alborada 
Brilló nunca el Sol. 



HIMNO 



II. 



Madre Virgen Soberana, 
De los hombres Protectora, 
De. los Ángeles Señora, 
Fuente viva, donde mana 
Consuelo eterno al que llora; 

¡Cuál te abrasa en llama pía 
Del Señor el santo fuego! 
¡Cuán inmensa es tu alegría! 
Porque llegue el fausto día 
¡Cuál á Dios alzas el ruego! 

De tu amante Esposo al lado 
Á belén tu pié se mueve: 
Allí ¡oh mengua! despiadado, 
Por el Averno inspirado, 
Os rechaza el pueblo aleve. 

¡Oh Madre! ¡Oh gran Patriarca! 
Reprimid vuestro dolor. 
Pronto os rendirán su amor 
Desde el sencillo pastor 
Al poderoso Monarca, 



POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 
CORO. 

Alcemos gozosos, 
En álas del viento 
El férvido acento 
Al Trono de Dios. 
¡Paz á los Humanos! 
¡Gloria en las Alturas! 
¡Venid, Criaturas, 
En torno al Señor! 

III. 

Tiende el manto de zafiro 
La augusta Noche estrellada; 
La Luna en plácido giro 
Dobla su luz nacarada, 
Vaga del áura el suspiro. 

Ya al humilde portal llega 
La que ensalzan Tierra y Cielo; 
Su dulce semblante riega 
Llanto de gozo, despliega 
En torno el Querub su vuelo. 

Suena angélica armonía 
Que difunde raudo el viento 
Y el Cielo á la Tierra envía; 
Rasga el alto Firmamento 
Luz que envidia la del día. 



Himno 

¡Oh momento celestial! 
¡Oh placer nunca sentido! 
¡Oh Israel, mira vencido 
El negro Bando Infernál! 
Libre estás: ¡Dios ha nacido!!... 



CORO. 



Alcémos gozosos, 
En álas del viento 
El férvido acento 
Al Trono de Dios. 
¡Paz á los Humanos! 
¡Gloria en las Alturas! 
¡Venid, Criaturas, 
En torno al Señor! 



ODAS Y CANCIONES. 



ODAS V cancíoMes 



A EUGENIA DE GUZMAN, 

EMPERATRIZ DE LOS FRANCESES, 

EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO DE SU ENLACE. 

¡Oh hazaña del amor! 

¡Oh gloria 

no enturbiada con bárbaros despojos; 
de angélica hermosura 
pacífica victoria 

M. Cañete. — Oda á S. M. la Reina. 

¿Qué súbito clamor rasgando el viento 
De París por el Orbe se derrama, 

Y en sonorosos cantos 

El nombre excelso de mi Pátria aclama? 

¿Por qué del Templo en las ingentes naves 
Sube el incienso á la Celeste Cumbre, 

Y al pié del ara llega, 

Con vivo afán, inmensa muchedumbre? 

Hoy es, hoy el glorioso aniversário 
De aquél día, de Amor claro troféo, 
En que lució esplendente 
La más preciada antorcha de Himenéo. 



90 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

¡Día feliz, por siempre memorable, 
Que de asombro y ternura el alma llena! 
¡De su mágica aurora 
No se turbe jamás la luz serena! 

¡Cuál lo recuerdo! En imperial carroza, 
Cercada en torno de Escuadrón brillante, 
Del cañón al estruendo 
Y de la trompa bélica sonante, 

Eugenia de Guzman, la blanca frente 
En azahar y rosas coronada, 
Pálido el bello rostro, 
De Dios se acerca á la Mansión Sagrada. 

El que del gran Napoleón renueva 
El nombre y el Imperio soberano, 
Á su lado aparece 
Amoroso, feliz, cual nunca ufano. 

Sólo la voz del corazón oyendo, 
De la envidia á despecho y del encono, 
Con la noble Española 
Vá á compartir el tálamo y el trono. 

Llegan al Templo: por dó quier resuena 
En honda admiración murmurio blando. 
De la trémula virgen 
La cándida hermosura contemplando. 



ODAS Y CANCIONES 9 

Yo los vi, de rodillas ante el ara 
Donde el Señor en magestad fulgura, 
La coronada frente 
En el polvo humillar; yo la ternura 

Vi de la Madre, y la emoción sublime; 
Yo del Prelado venerable el ruego, 
Sobre ellos implorando 
La bendición de Dios en santo fuego. 

Regocíjate ¡oh Fráncia! y al Empíreo 
Alza en noble entusiasmo el digno acento, 
Que hoy es para tí Eugenia 
Nuncio de dichas y placer sin cuento. 

No mi voz te lo dice: en tus Anales 
Brilla, en fulgentes páginas de gloria, 
Del Santo Ludovico, 
Del Vencedor de Holanda la memoria. 

Y cual la pura Blanca de Castilla, 
Cual de Filipó la animosa Hermana, 
Vida y sustento al Solio 

Dará, en prole feliz, la hermosa Hispana 

Y tú, Princesa ilustre, en cuyo apláuso 
Suenan las cuerdas de mi humilde lira, 
No ya al süave impulso 

De la santa Amistad, que el alma inspira; 



Q2 poesías de Fernando de Gabriel 
No del afecto que me unió, guiadas, 
Á tu deudo infeliz, sincero amigo 
De mis años primeros, 
Cuyo recuerdo plácido bendigo; 

Sino cediendo al móvil generoso 
De Pátrio Amor que el corazón inflama, 
Hoy que tu claro nombre 
Extranjera Nación Augusto aclama, 

Tú bondadosa acogerás los Himnos 
Que del bétis feraz al Sena envía, 
En férvido arrebato 
De tan sublime afecto el alma mía. 

Y cuando el Rey de Reyes te conceda 
Hijo en quien cifres tu mayor ventura, 

Y en cuyo pecho alientes 
Sacra virtud, indómita bravura; 

Cuando en su tierno corazón derrames 
Del alto Império la difícil ciéncia, 

Y el caudal le anticipes, 

Con sábio amor, de próvida experiéncia; 

Cuando nutrido en la justicia otorgue 
Prémio al Saber, corona al Ardimiento, 

Y próspera su Pátria 

Alce en su honor eterno Monumento, 



ODAS Y CANCIONES 93 

Muéstrale de tu estirpe los blasones, 
De Leiva el triunfo, de Girón la gloria, 
Y de Guzman el Bueno 
El sacrificio y sin igual victoria; 

Haz que admirando tan heroicos timbres, 
Que el lábio sellan de rugiente Saña, 
Ufano de tu nombre, 
Amiga llame con orgullo á España. 



94 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



LE PHARE DE DIEU. 
Á F 

En Mer. 

Quand deux fois je franchis la cime 
De ees mers qu'aujourd'hui je sillonne sans toi, 
Ah! j'emportais du moins mon trésor sur Fabime, 
Je te sentáis auprés de moi. 

Loin de la rive paternelle, 
Vers le port de Fexil j 'aliáis d'un coeur content; 
Maintenant je vais seul, et seul Dieu, qui m'appelle, 
Sait le nom du port qui m'attend. 

Mais si Dieu le sait, que m'importe? 
Vainement l'Océan se dresse en sa fureur, 
Toujours plus haut encoré, une main calme et forte 
Tiendra le Phare du Seigneur. 

Plus le flot ému se courrouce, 
Plus le chemin s'emplit d'épouvante et de deuil; 
Plus le Phare eternel monte, monte, et plus douce 
Descend sa clarté sur Fecueil. 



ODAS Y CANCIONES 



EL FARO DE DIOS. 
Á F 

TRADUCCION DEL ORIGINAL FRANCÉS DE MR. A. 
DE LATOUR fa)* 

En el Mar. 

Cuando una y otra vez surqué los Mares 
Que hora cruzando voy léjos de tí, 
Dábame aliento entre las fieras ondas 
El verte ¡oh mi tesoro! junto á mí. 

Gozoso entonces, de las pátrias costas 
Al puerto del destierro navegué; 
Hora sólo navego, y Dios tan sólo 
Sabe á qué puerto al cabo arribaré. 

Mas, sabiéndolo Dios, ¿qué temer puedo? 
Hínchase en vano el Mar en su furor, 
Siempre serena y fuerte amiga diestra 
Sobre él tu Faro mantendrá, ¡oh Señor! 

Cuando airadas las olas se embravecen 

Y todo es duelo y angustioso afán, 
Álzase más enhiesto el sacro Faro, 

Y en el escollo sus fulgores dán. 



g6 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Ceux que la main de Phomme allume 
N'ont qu'un pále rayón qui s'efface et qui fuit; 
La tempéte, en passant, leur jette un peu d'écume, 
Et plus sombre se fait la nuit. 

Mais le tien, Seigneur, puré flamme, 
Qui n'eut point de matin, qui n'aura point de soir, 
Flambeau des mauvais jours, brille surtout pour Táme 
Et son vrai nom est Le Devoir. 



(A. de Latour.) 



ODAS Y CANCIONES 97 

Del que la mano del mortal enciende 
Bórrase el rayo lívido al lucir, 
La tempestad lo oculta entre la espuma 
Y tórnanos en noche á sumergir. 

Mas el tuyo, ¡oh Señor! nítida lumbre 
Que sin mañana existe y sin ayer, 
Es consuelo del triste y luz del alma, 
Su nombre verdadero es El Deber. 



7 



98 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

EN LAS MÁRGENES 
DEL GUADALQUIVIR. 

Era la tarde: trasponiendo el monte 
El Sol sus tibios rayos recogía 
Y de rosada luz el horizonte 
En espirantes ráfagas teñía. 

La brisa murmurando en la espesura 
Mansa vagaba de suspiros llena, 
El ruiseñor cantando su ventura 
Daba al aire la voz dulce y serena. 

Y allá en la márgen del undoso río 
Que por la verde alfombra se dilata, 
Ténue vapor exhala el centro frío 
Que vuelve á descender lluvia de plata. 

Solo yo en tanto en la feraz llanura, 
Fijos los ojos en la excelsa cumbre, 
De admiración sublime fuente pura, 
Contemplaba del Sol la eterna lumbre. 



ODAS Y CANCIONES 99 

Álzase entonce en ilusión divina 
Á la etérea región el pensamiento, 

Y la Beldad que adoro peregrina 
Fúlgida cruza el ancho Firmamento. 

Trémulo el lábio, incierta la mirada 

Y el pecho ardiente de entusiasmo henchido, 
Así, turbando el áura sosegada, 

Exclamé con acento dolorido: 

«Encanto de mi sér, Cándida estrella 
Cuya nítida luz mis pasos guía, 
Púdica flor, que misteriosa y bella 
Tornas mi duelo en célica alegría; 

»Ardo en llama de amor inextinguible 

Y do quiera que voy tu imágen miro, 
Eco del corazón tierno y sensible 
Responda tu suspiro á mi suspiro: 

»Mira piadosa el anhelar doliente 
Que en amoroso afán agita el alma, 

Y acogiendo mi súplica ferviente 
Vuelve á mi pecho la perdida calma. » 

Oyó atenta la hermosa, y ya movía 
El dulce lábio cuando blanca nube 
Ocultóla á mis ojos: muere el día 

Y ella á la cumbre de los Cielos sube. 



IOO POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



A ELISA. 

Desde el dulce momento 
En que tu lábio, 
Coronando mis votos, 
Dijo: «Té amo» 

No hay en el mundo 
Ventura cual la mía, 
Gozo más puro. 

Nace el alba, y las flores 
Que ántes marchitas, 
Cerrando el yerto cáliz 
Tristes gemían, 

Al soplo manso 
De las Cándidas auras 
Blanden sus tallos. 

Tal ¡oh Elisa! tu imágen 
Al alma mía, 
Como el alba á las flores 
Dá nueva vida. 

¡Fresco rocío 
Para mi pecho amante 
Son tus suspiros! 



ODAS Y CANCIONES IOI 

De la Celeste Altura 
Vividos rayos 
Al Mundo el Sol envía, 
Rey de los Astros; 

Mas la mirada 
De tus ojos de fuego 
Dá luz al alma. 

Melancólica y dulce 
La blanca Luna 
En castos esplendores 
La Tierra inunda; 

Mas no le cedes, 
Que, si lánguida miras, 
¿Á quién no vences? 

La brisa que murmura 
En la enramada 
Célico aroma espira 
Que me embriaga; 

Pero es más grato 
Tu dulcísimo aliento, 
Bien que idolatro. 

Todo cuanto en la Tierra 
De puro y tierno 
En sus sueños, ansioso, 
Finge el deséo, . 

En tí, bien mío, 
Al amor más vehemente 
Se encuentra unido. 



. 102 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Desde el dulce momento 
En que tu lábio, 
Coronando mis votos, 
Dijo: «Té amo» 

No hay en el Mundo 
Ventura cual la mía, 
Gozo más puro. 



ODAS Y CANCIONES 



IO3 



LA VUELTA DE ELISA. 



Cuando tras largos y azarosos días 
En que lloré tu auséncia 
Te ven mis ojos en la clara margen 
Del gran Guadalquivir, y de tu lábio, 
La que siempre ahuyentó las penas mías 
Voz de ternura, extasiado escucho, 
Mi pecho en alborozo 
Se inunda, y mi mejilla 
Baña una ardiente lágrima de gozo. 

¡Oh de ventura delicioso instante! 
Jamás la fantasía 

En sus dorados sueños fingir pudo 
Más célico placer. ¡Cómo el acento 
Decir sabrá mi dicha, ni el semblante 
Revelarla podrá! Mejor lo exprese, 
Oh Elisa, tu alegría, 
Que al contemplar la tuya 
Comprenderás también la inmensa mía. 



104 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

¡Ya más bello se ostenta cuanto miro! 
El gozo de mi alma 
Á todo presta peregrino encanto. 
Del áura vagarosa al dulce aliento, 
Del Sol fulgente al abrasado giro. 
Todo lo animas tú, todo renace 
Cuando la arena breve, 
Envidia del aljófar, 
El blando impulso de tu planta mueve. 

¡Cuál suspiraba yo, dulce bien mío, 
Por tan feliz momento! 
¡Cuántas veces dichosas ilusiones 
La mente fascinando enamorada 
En las ardientes noches del Estío, 
Verte juzgué de la modesta Luna 
En el disco de plata, 
Que el río murmurante 
Entre sus ondas plácidas retrata! 

¡Cuántas veces rasgando el aire leve 
Veloz el pensamiento 
Á tu lado volaba, y de tus ojos, 
En que su lumbre Cándida y süave 
La dulce Estrella de la Tarde bebe, 
Me abrasaba en el fuego, y en mi óido 
Tu acento resonaba, 
Y tu adorada mano 
Entre mis manos trémulo estrechaba! 



ODAS Y CANCIONES IO5 

Mas ¡ay! ¡cuál era la amargura mía, 
Cuán profunda mi pena 
Mis sueños al mirar desvanecidos! 
¡Cuál desgarraban mi angustiado pecho 
La triste realidad, la razón fría! 
Tal en fiera borrasca vé el Marino 
Hundirse su esperanza 
Cuando el rayo aniquila 
El faro que brillaba en lontananza. 

Hoy, que, tras duelo tanto, de mi frente 
Bate la dicha en torno 
Sus áureas alas, y los votos míos 
Cúmplense al cabo, y ante mí te véo 
Gozoso el corazón, llena la mente 
De risueñas imágenes, contempla, 
Oh Elisa, tu alegría, 
Que al contemplar la tuya 
Comprenderás también la inmensa mía. 



I06 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á- UNA DAMA 
EN ELOGIO DE SUS POESÍAS. 



Cuando con dulce acento 
El ruiseñor canoro en la alborada 
Al vagaroso viento 
La voz enamorada 

Suelta alegre, poblando la enramada: 

Y en acordados sones, 
Que halagan y deleitan el sentido, 
Mueve los corazones, 
El cantar no aprendido 
El ánimo dejando embebecido; 

Más grata melodía 
No del tierno pechuelo exhala el ave 
En la región vacía, 
Que de tu lira suave 
La que de gozo el alma inundar sabe. 



ODAS Y CANCIONES I07 

Tú las cuerdas dé oro 
Tímida pulsas con ebúrnea mano, 

Y del Castálio Coro 
Al fuego soberano 

Brota en tu lábio el Himno sobrehumano. 

Por tí la blanca Luna 
Brilla más pura en la azulada esfera, 
Sin que nube importuna 
Velando la hechicera 
Faz, oculte su plácida carrera. 

Tú de la casta Aurora 
Dás nuevo encanto al rayo purpurino, 

Y al triste que la implora, 
En canto peregrino, 

Alientas de la vida en el camino. 

De la encendida rosa 
Por tí lucen más vivos los colores, 

Y ufana y olorosa, 
Merced á tus loores, 

Álzase reina de las gayas flores. 

De la gentil zagala 
Tú realzas la púdica belleza, 

Y del prado la gala, 

Y la sublime alteza 

De la Celeste Cumbre, y la grandeza. 



108 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Cánta, Poetisa bella, 

Y orne Cándido amor tu blanda lira; 

Y la bendiga Aquella 
Que el Universo admira 

Y el Monstruo holló de la Infernal Mentira. 



ODAS Y CANCIONES 



I 



DOS HIJOS DE REYES. 

En los plácidos vergeles 
Que amoroso el Bétis riega, * 
Y en que su pompa despliega, 
Entre bosques de laureles, 
La palma, honor de la vega, 

Alza á las nubes la frente, 
Con noble y gallardo brío, 
Régia morada esplendente 
Cuyas plantas blandamente 
Besa humilde el claro río. 

Orna sus bellos salones, 
Que el fáusto afrentan del Moro, 
Ya el blanco mármol, ya el oro, 
Ya un artístico tesoro 
Envidia de cien Naciones. 

Pero aun más alto blasón 
Lo avalora y engrandece: 
La voz del que en la aflicción 
Pide amparo y compasión 
Nunca á sus puertas fenece. 



110 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Bajo el artesón dorado 
El eco al punto resuena, 

Y alivio hallando á su pena 
Torna con la faz serena 

El que clamó acongojado. 

Que allí, cual de limpia fuente 
Que ni entúrbia su corriente 
Ni su raudal nunca agota, 
Mana consuelo al doliente, 
El oro al mísero brota. 

El falto de educación 
Pura enseñanza recibe, 

Y debe á su protección 

No sólo el pan de que vive, 
La luz de la Religión. 

Y no de la Caridad 
Arde allí sólo la llama, 
Que también el pecho inflama 
El Pátrio Amor, y derrama 
Vivífica claridad. 

Á su impulso cada día 
Vé nacer un pensamiento 
De España honor y alegría, 

Y dá vida á un Monumento 
Que ya en el polvo se hundía. 



ODAS Y CANCIONES III 

Así el artista, el poeta 
Mano encuentran bienhechora; 
Así el espacio devora, 
Veloz como la saeta, 
La ardiente locomotora. 

Ayer de la destrucción 
Vimos salvar la Morada 
De Cortés, y la sagrada 
Mansión, ya casi olvidada, 
Que asilo prestó á Colon. 

Hoy, á la noble señal 
De la voz restauradora, 
Elévase á la que adora 
El hombre cual protectora 
De un Soberano inmortal, 

La venerada Capilla 
Que el mismo Rey le labrára 
Cuando triunfante en Sevilla 
Conoció que la ganára 
Por la Virgen sin mancilla. 

De nuevo el rojo Pendón 
Al Árabe conquistado 
Será á los piés humillado 
De la Imágen que á su lado 
Llevó el Santo Campeón. 



112 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Y tan preciado troteo, 
Del Tercer Fernando gloria, 
Renovará la memoria 
De su hazaña, y á la Historia 
Su fé dirá, y su deséo. 

Mas ¿quién, exclamáis, habita 
Ese Palácio sublime? 
¿Á quién la Piedad excita? 
¿Quién de Pátrio Amor palpita 

Y joya tanta redime? 

— ¿Quién? De la augusta Isabel 
La dulce y egrégia Hermana; 
Un Hijo excelso de aquel 
Que en Francia reinó y Argel 

Y yace en tierra Britana. 



ODAS Y CANCIONES H3 



Á LA SEÑORITA 
DOÑA CATALINA DE ARIZON, 

DECHADO DE TERNURA FRATERNAL. 

Cuando llena del vicio la medida 
Tronó iracundo el Cielo, 

Y la espada del Ángel de Exterminio 
Brilló en los aires, y el Potente, el Sumo, 
Tremendo Jehová la enardecida 

Rueda movió del carro de sus males, 

Y la fulmínea Diestra, 
Entre enlutadas nubes 

Tendió, de horror cercando el alma nuestra. 

Y á la señal Divina el puro ambiente 
Llenó letal ponzoña; 

Y la madre, el anciano, el tierno infante, 
El mancebo robusto á un tiempo mismo 
Con tortura infernal, con sed ardiente 
Juntos caían en la helada huesa, 

Cual Ángel de Consuelo, 

Del espirante hermano 

Al lado te miré con hondo anhelo. 

8 



114 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Sí, yo te vi seguir con devorante 
Afán de sus dolores 
El vuelo aterrador, sin que ni deudos, 
Ni amigos fieles conseguir pudieran 
De su lecho arrancarte; palpitante 
Miré tu tierno pecho el día horrible 
En que de Dios la Mano 
Señalar parecía 

Término infausto á tu infeliz hermano. 

¡Siempre, siempre tu allí! Nunca olvidaste 
La obligación sagrada, 

Y de ternura ejemplo y fortaleza, 

Y tu esperanza en Dios poniendo siempre 
Fuerzas en Él para sufrir hallaste. 

La Madre del Señor oyó tu ruego, 

Y la segur impía 

La Muerte abandonando 

Lució de nuevo de ventura el día. 

¡Oh de fraterno amor digno modelo! 
La inmaculada Virgen, 
Aquella á cuya lumbre peregrina 
Del refulgente Sol los resplandores 
Son cual de niebla ennegrecido velo, 
Áurea Corona en el Celeste ífmpíreo 
Ciña á tu pura frente 
Cuando, tras largos días, 
A sí te llame el Padre Omnipotente. 



ODAS Y CANCIONES 



"5 



EN LA INAUGURACION 
DE LA ESTATUA DE MURILLO. 

h 

Triunfa España do quiér: á sus Guerreros 
Valla no encuentra que oponer el Mundo; 
Sus Damas y sus nobles Caballeros 
En porte y proceder no hallan segundo; 
En las Letras sus hijos los primeros 
Brillan al par, y, con ardor fecundo, 
Sus Sábios, y sus místicos Doctores 
Señálanse entre todos por mejores. 

¿Y en medio el Arte de tan alta gloria 
La suya no acrecienta? ¿En sus Anales 
Acaso no registra nuestra Historia 
Nombre alguno de Artistas inmortales 
Que á España dando aún nueva victoria 
Superáran también á sus rivales, 
E hicieran que rayase el Arte Hispano 
Donde nunca alcanzar logró el Pagano? 



Il6 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



II. 

Sí, los registra; y en el Sacro Templo, 

Y en la adorada Estátua de María, 

Y en el Lienzo sublime, raro ejemplo 

Y alta muestra se ofrecen á porfía, 
Que con ardiente admiración contemplo 

Y en honra ceden de la Pátria mía, 
Del génio que en el Arte reveláron 
Los que dos Hemisferios sojuzgaron. 

¡Qué mucho, oh Escorial, que al Mundo asombres 
Con la pompa y beldad que en tí se encierra, 
Si al fin eres padrón sobre la Tierra 
De la gloria del Arte y de los hombres! 
De San Quintín y Herrera tú los nombres 
Haces por siempre amar, y aun en la Sierra 
Á cuyo pié te ostentas, ver al claro 
Filipo, de la Fé sosten y amparo (u). 

¡Qué mucho que la Estátua bendecida 
De la Reina eternal de Tierra y Cielo 
El sentido suspenda, si es debida 
Á Montañés insigne, que en el suelo 
Copiar logró con mente embebecida, 

Y ardoroso cincel, y santo celo 

La cándida expresión, las perfecciones 

De Aquella en que agotó el Señor sus dones! 



ODAS Y CANCIONES II J 

¡Qué mucho, en fin, que Zurbarán, Moráles, 

Y Pacheco, y Velázquez, y Castillo, 

Y Moya, y Cano, y los en nombre iguales 
Al Cantor de Lepanto, nuevo brillo 
Dén, cual Valdés, con Lienzos inmortales 
Á la Pátria! ¡Qué mucho que Murillo 

En éxtasis divino huya del suelo 

Y el nombre alcance de Pintor del Cielo! 



Del Cielo, sí, porque jamás su idéa 
Cruzó del mal el pensamiento impuro; 
Del Cielo, sí, porque la luz febéa 
Es á sus tintas como lampo oscuro; 
Del Cielo, sí, que quien gozar deséa 
De la Mansión del Justo y su bien puro, 
Sus Cuadros contemplando se extasía 
Y cual él faz á faz mira á María. 



Tanto alcanza la Fé, débese tanto 
Á su Divino impulso, al alto vuelo 
Que hácia lo grande, lo sublime y santo 
Imprime siempre á quien con vivo anhelo 
Pospone todo terrenal encanto 
Á los goces purísimos del Cielo, 
Y creyente y sencillo á ella se entrega 
Con blando amor y confianza ciega. 



13 8 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Así del gran Murilló el nombre dura 

Y sus Obras do quier précianse tanto; 
Tiénese así por sin igual ventura 

Á Dios dar muestra de respeto santo 
De su mano ante célica pintura, 

Y tal es su atractivo, y tal su encanto 
Que aun al que sólo vé la forma en ellas 
Le admiran y suspenden por lo bellas. 

III. 

Yo, donde el Sena la Ciudad famosa 
Metrópoli del Mundo humilde baña, 
En torno he visto de la Madre hermosa 
Del Salvador, que patrocina á España, 

Y que con hábil diestra y amorosa 
Pintó Murillo egrégio, con extraña 
Inquietud no ya un Pueblo congregarse, 
Mas cien y cien ansiosos agolparse. 

Allí el Britano, de su gran riqueza 
Cual nunca envanecido; el Moscovita 
Allí también, depuesta la rudeza 
Que un tiempo señalara al fiero Escita; 
Allí, en fin, cuantos muestra de grandeza 
Pretenden dar y á quienes hondo excita 
El vivo afán de poseer la santa 
Imágen que mi lábio ardiente canta. 



ODAS Y CANCIONES II9 

De Sevilla arrancada en hora triste, 
No en franca, y noble, y generosa guerra, 
Mas cuando España con valor resiste 
Á aquel que en buena lid domó la Tierra 
Y á ella tan sólo con dobléz embiste, 
Porque ella sólo su denuedo aterra, 
Orna en París soberbia Galería 
Que del dueño la muerte deshacía. 



¡Oh, si el dolor con su acerado diente 
Mi español corazón no destrozára 
Al contemplar entonces que la ingente 
Joya acaso por siempre abandonára 
El suelo que la vió brotar ríente 
Al golpe del pincel que la trazára, 
Cuánto gozado hubiera el alma mía 
Al verla objeto de tenaz porfía! 



La lucha empieza, y el amor al Arte, 
El propio amor, de las Naciones várias 
Los mutuos celos, y el que mueve á amarte 
íntimo impulso, oh Virgen, más contrárias 
Que pudo un tiempo el fabuloso Marte 
Á opuestas gentes que le rinden párias, 
Hacen á las entonces allí unidas, 
Y dieran por triunfar sus propias vidas. 



120 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Por el Lienzo bellísimo una suma 
Ofrécese con ánsia generosa, 
Multiplícase en breve, y como espuma 
Crece y á cifra llega portentosa; 
Acaso ya obtenerlo hay quien presuma, 
Mas dobla otro la oferta, y rumorosa 
La inmensa turba en el Estrado suena 

Y en voz de asombro los espácios llena. 

Rúsia, un Procer Britano, y el que lleva 
La voz y el cargo del Francés Muséo 
Quedan solos al fin, y en lucha nueva 
El Lienzo se arrebatan: su deséo 
De adquirirlo harto más el précio eleva, 
Vence al cabo el Francés, y apenas créo 
Á mis propios oidos cuando hiere 
La cifra en ellos porque el Cuadro adquiere ( T 5). 

IV. 

¡Honor, honor eterno al que proclama 
De sus Pintores^ Príncipe Sevilla! 
Himnos alcemos hoy, que ya á su fama 
Monumento se eleva donde brilla 
Su Estátua colosal y el pecho inflama, 

Y al recordar sus Obras, su sencilla 

Y plácida existencia, al hombre amemos, 

Y al Artista, al Creyente veneremos. 



ODAS Y CANCIONES 121 



Á D. MANUEL CAÑETE 

CON MOTIVO DE SU RECEPCION 

EN LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. 

Vítor, vítor, Manuel, el claro día 
Del merecido galardón lució; 
Ya tu saber, tu ingénio, tu valía 
El más preciado láuro coronó. 

¡Oh puro y digno triunfo! ¡Cuánto debe 
Tu hidalgo pecho de placer llenar! 
¡Y cuál mi corazón al par conmueve 
La historia de tu vida al recordar! 

Viniste al Mundo en hora malhadada, 
Que si alto puesto en él te marcó Dios 
Vino también al punto despiadada 
Negra suerte y contrária de tí en pos. 

Y al polvo descendiste, niño siendo, 
Mas te salvó de tu razón la luz, 
Y á tu sino tu fé sobreponiendo 
Tu lucha contempló el suelo andaluz. 



122 POESÍAS DE FERNANDO ÜE GABRIEL 

Y abandonado y mísero, del vicio 
Hollando casi el seductor umbral, 
Siempre evitar supiste el precipicio 

Y nunca en tí su garra clavó el mal. 

Y á tí tan sólo educación debiste, 

Y honor, y ciencia, y nombre, y rectitud, 

Y que alzada del polvo en que te hundiste 
Creciera entre laurel tu juventud. 

Y Crítico y Poeta esclarecido 
Al cabo un día te escuchó Madrid, 

Y en su más noble círculo, escogido 
Puesto ganar lograste en buena lid. 

¡Oh preclara conquista! Más preciarla 
Debes que el no heredado alto blasón, 
Tuyo, no más que tuyo, fué alcanzarla, 
¿Dónde placer igual, igual fruición? 

Y no es que ciego yo tan solo véa 
Del hombre en el nacer casualidad, 

Y á la cuna aplicable tal vez créa 

Lo que p1 génio, al valor, á la beldad, 

A cuanto el hombre á sí darse no puede 
Lo propio se aplicara, cierto á ser, 
Exceléncia negando á cuanto cede 
En honra suya y cáusa su valer; 



ODAS Y CANCIONES I23 

Mas no desconocer tampoco intento 
Que si respeto siempre mereció 
El que de Héroes y Proceres sin cuento 
Los insignes blasones heredó, 

El mérito es mayor, mayor la gloria 
Del que á su propio aliento y á su fé 
Debió, luchando, sin igual victoria, 

Y en él génio, grandeza el mundo vé. 

Vítor, pues, oh Manuel, hoy que ya ufano 
El venerado Cuerpo, fundación 
La más alta y fecunda que el Hispano 
Debe en las Letras al primer Borbon, 

El sello pone á tu admirable vida 

Y tu esfuerzo corona y tu virtud. 
¿Quién del Señor la diestra bendecida 
No vé, y á ella no fía su salud? 



124 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



EN LA ENTRADA EN SEVILLA 

DEL 

REGIMIENTO INFANTERÍA DE LEON, 

Á SU REGRESO 

DE LA GLORIOSA GUERRA DE ÁFRICA. 

¡Vedlos llegar! en su abrasada frente 
El sello augusto de los Héroes brilla, 

Y entre sus filas se despliega ingente, 
Cual un tiempo, la Enseña de Castilla. 
¡Vedlos llegar! de la Africana Gente 
Triunfar supieron en la inculta orilla 

Y labrar ccn su sangre al Pueblo Hispano 
De gloria Monumento soberano. 

La Pátria en prémio agradecida ahora 
Su paso alfombre de laurel y flores, 

Y con mano de olvido salvadora 
Esculpa en duro mármol sus loores; 
De la mente del Vate creadora 
Broten Himnos sinfín, y, vencedores 

Del espácio y los siglos, siempre á Europa 
Modelo ofrezcan en tan brava Tropa. 



ODAS Y CANCIONES 



POR LA UNION TRADICIONAL 
DEL CUERPO DE ARTILLERÍA. 

BRINDIS. 

Llene las anchas copas 
El néctar jerezano 

Y asiendo nuestra mano 
El límpido cristal, 
Eco del alma el lábio 
Revelen sus acentos 
Los nobles sentimientos 
Que inspira la Amistad. 

Brindemos porque hermanos 
Nos mire siempre el Mundo, 

Y en la paz, y al fecundo 
Rugido del Cañón 

En nuestras filas brille 
Espléndida y potente, 
Con vida y fuerza ingente, 
Inquebrantable Union. 



126 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



AL MISMO ASUNTO 
QUE LA POESÍA ANTERIOR. 

BRINDIS. 

Cuando brillan los aceros 

Y al clarín de la batalla 
Con la voz de la metralla 
Fiero responde el Cañón, 
¿Quién dá fuerza á nuestro brazo? 
¿Quién inflama nuestros pechos? 
¿Quién nos lleva á grandes hechos? 
¿No es, decidme, nuestra Union? 

Cuando al culto de la Ciéncia 
Con ardor nos consagramos 

Y en seguir nos afanamos 
Á Descártes y á Newtón, 
¿De los Álavas y Morlas 
No anhelamos el renombre? 
¿Á emular su claro nombre 
No nos mueve nuestra Union? 



ODAS Y CANCIONES 

Y al mirarme entre vosotros, 
Oh del alma Compañeros, 
Hoy cual nunca placenteros 
Del festín al grato son, 
¿Quién dá acentos á mi lábio 
Y armonías á mi lira? 
¿Quién mi rudo canto inspira?... 
Nuestra firme, santa Union. 

¡Viva, viva nuestra Union! !! 



128 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á LA 

CELEBRE CIEGA DE MANZANARES. 

IMPROVISACION, 

¡Lástima grande que la lumbre pura 
Que en vivido esplendor arde en tu mente 
Y de tu suerte alivia la amargura 
No brille en tu mirada refulgente! 
Mas si gozar debieras tal ventura 
Del génio en cámbio que te inspira ingente, 
No ya del Sol la luz para tí quiero: 
¡Ciegos fueron también Milton y Homero! 



ODAS Y CANCIONES 



DESPEDIDA (l6) . 

Ángel de luz que abandonas 
La un tiempo Régia Ciudad, 

Y con tu excelsa beldad 
Mi corazón aprisionas; 

En lo traviesa y ¿Hablilla 

Y por tu alegre semblante 
Cien mil veces más picante 
Que el pimiento y la guindilla; 

Más bella que el claro día, 
Más pura que la azucena, 

Y cuyo talle enagena 

Y rinde mi fantasía; 

¿Por qué á la heroica Madrid 
Te vas dejando á Segóvia, 
Mientras tu recuerdo agobia 
A tanto bravo Adalid? 



30 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

¿Por qué no miras, ingrata, 
Este corazón ardiente, 
Que triste queda y doliente 

Y á quien tu recuerdo mata? 

Vuelve, hermosísima hurí, 
Devuélvenos tu belleza, 
O corte nuestra cabeza 
El filo de un bisturí. 

Acaso tu mente loca 
Desoye mi amante ruego 

Y olvida el hirviente fuego 
Que mi corazón sofoca. 

Y con dura condición 

Y nada blandas entrañas, 
Vas en busca de alimañas 
Huyendo de este garzón. 

En tanto yo, solo y triste, 
Tu imágen do quiera véo, 

Y escuchar tu acento créo 

Do quier que el lábio moviste. 

Escucha lo que te hablo 
No desaires mi querer, 
¿Qué tienes, dinie, que hacer 
En esa Corte del diablo? 



ODAS Y CANCIONES 

En ella sólo verás 
Torpeza y atroz falsía, 
Un alma como la mía 
Para amarte no hallarás. 

Pero sí en gran abundancia 
Insípidos mozalvetes; 
Dignos de cien mil cachetes 
Por su precoz petulancia. 

Ya que la ventura pierdo 
De contemplar tu hermosura, 
Recompensen mi ternura 
Un suspiro y un recuerdo. 

Y te aseguro, mi amiga, 
Que de tanto en tí pensar, 
Acabaré por alzar 
Un monumento á tu liga. 

Si desoyendo mi canto 
Desprécias mi amor ferviente 

Y dejas que tristemente 
Anegue mi rostro el llanto, 

En premio de tales trazas 

Y del rigor que en mí empleas, 
Quiera Dios que blanco seas 
De estupendas calabazas . 



I32 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Mas no; siempre tu alegría 
Será de mi vida encanto; 
Siempre en mi amargo quebranto 
Tu dicha será la mía. 

y, en fin, para intercalar 
Una cuarteta que falta, 
Deseo que estés muy alta 
Cuando vuelvas de invernar. 

Adiós, mi amor: á tu blando 
Recuerdo la mente elevo, 
Do quier conmigo te llevo, 
Adiós otra vez. 

Fernando. 

Y con un afecto insólito. 
Pues los autores son dos, 
Alegre te dice adiós 
Tu sincero amigo 

Hipólito. 



ELEGIA. 



ELEGÍA 



x 35 



Á D. MANUEL PEREZ DE MOLINA, 

EN LA MUERTE DE SU HIJO. 
t 

Voló del Justo á la Mansión: sus días 
Contados fueron, y escogerlo plugo 
Para sí al Hacedor. ¡Él cuán dichoso! 
Mas tú ¡cuán infeliz! No es dado al hombre, 
Por más que aliente de eternal ventura 
Alta esperanza el angustiado pecho, 
La muerte contemplar con faz tranquila. 
Y si al tender sus alas pavorosas 
El amigo arrebata, la por siempre 
Idolatrada esposa, el venerado 
Padre del alma, ¡cómo al golpe rudo 
El corazón herido desfallece! 
Mas cuando el hijo tierno en quien cifrada 
Está la gloria, la ambición, la dicha 
Del que le diera el sér, despojo es suyo, 
Apénas puede mísero el Humano, 
Soportar el dolor, y el Orbe entero 
A sus ojos desierto, inmensa tumba 
Es ya tan solo, donde el eco triste 
No más devuelve que ayes y suspiros. 



I36 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



II. 



Tú así, caro Manuel, tú que lamentas 
Perdido el hijo amado, el hijo solo 
Que otorgado te fuera, y que, portento 
De bondad, de saber, de inteligéncia, 
En su florido abril era esperanza 
De tu hoy llagado corazón. Tus ojos 
No intento, no, enjugar: justo es tu duelo. 

Comprendo tu dolor, y al lado tuyo 
Contigo á llorar vengo; compartido 
No tan cruel será, que hasta en el llanto 
Quiso del Mundo el Créadar Supremo 
Mostrar al hombre que en sus altos fines, 
Para vivir en sociedad formólo. 
Juntos lloremos, pues; mas cuando el pecho 
Las ardorosas lágrimas que viertes 
Un tanto alivien, de mi lábio escucha 
El único consuelo que algún día 
Puede acallar la que tu sér consume 
Hórrida pena. 



ELEGÍA 



J 37 



III. 



¿Del que el Cielo mora 
Gozar de nuevo la preséncia ansias? 
Pues en tu mano está. De él hazte^ digno 
Y lograrás tu aspiración; sostenga 
Esta esperanza tu vivir, y al cabo 
El consuelo hallarás que hora rehusas. 
Á tan sagrado fin tus pasos mueve: 
Que la Pátria, cual nunca hoy anhelosa 
De los esfuerzos de sus hijos todos, 
Á su bien consagrado te contemple, 
Magistrado rectísimo, repúblico 
No atento al propio medro en tí encontrando; 
Que en tu hogar, de tu Esposa la honda pena, 
Aún más crüel é intensa que la tuya, 
Con tu ternura en mitigar te' emplées; 
Que nunca el desvalido halle cerrada 
Á sus ayes tu puerta; y fuerte escudo 
La Santa Religión tenga en tí siempre. 

Así, tan solo así, digno holocáusto 
Darás á tu dolor, y al hijo tuyo 
De entrañable cariño digna muestra. 



r ■ 



ROMANCES. 



ROMANCES 



Á MI MADRE. 

Madre del corazón, Madre querida, 
Más grata para mí que la existéncia, 
¿Cómo pagar la que mi sér te debe 
De incomparable amor sagrada deuda? 

¡Cómo el afán, la angústia, los desvelos 
Que, desde el punto en que por vez primera 
En tu adorado seno el vivir mío 
De sí comenzó á dar segura muestra, 

Por mí has sentido, y el ansioso anhelo 
Con que, guiando al bien mi inexperiencia , 
Del piélago del Mundo en los escollos 
Pugnaste por abrirme fácil senda! 

¡Oh, imposible! Tan sólo el Cielo puede 
De una Madre cual tú premiar la tierna 
Solicitud, el previsor cariño 
Que nunca igual reconoció en la Tierra. 



142 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Al Cielo, pues, elevaré mi acento 
De Dios rogando á la Bondad inmensa 
Que con piadosos ojos te contemple 
Y te abra un día las Empíreas puertas. 

Y al ruego mío se unirá la santa 
Oración de la Virgen Madre excelsa 
Que de los buenos hijos los clamores 
Al Hijo suyo presurosa lleva. 

Mas ¡ay! tampoco así me será dado 
Mi gratitud mostrarte y mi terneza, 
Que al llegar al Eterno la plegária 
El libro mirará de tu existéncia, 

Y de adquirida culpa no encontrando 
En él ni leve mancha, su pureza 
Harála innecesária, y la voz mía 
Inútil juzgará la Omnipoténcia. 

Pero ¡qué digo! el corazón materno 
Mar de amor insondable y sin riberas, 
Del hijo en quien cifrada está su gloria 
La más leve caricia recompensa, 

Y basta una palabra, un solo halago 
Que de filial cariño indicio séa 

Para colmar su dicha, y que al olvido 
Dé sus desvelos todos y sus penas. 



ROMANCES I43 

Recibe ¡oh Madre! de mi amor ardiente 
Esta que hora te envío débil muestra, 
En tanto que de nuevo al lado tuyo 
Con tierno afán mis ojos te contemplan. 

Vive por luengos años, y en los nietos 
De tus hijos, tu encanto, tu belleza, 
Tu claro entendimiento y tus virtudes 
Una vez y otra vez renacer véas ( J 7). 



144 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



RECUERDOS DE GLORIA. 

AL CORONEL (*) 

DON TOMÁS DE REINA, 

AL EMBARCARSE PARA PUERTO -RICO. 

i. 

¡Y te alejas, Tomás! ¡Y así las olas 
Del Mar inmenso donde muere el día 
Surcar anhelas! ¿Ni la dulce Pátria, 
Ni la memoria plácida y tranquila 
De los felices años que del bétis 
Corrieron en las márgenes floridas, 
Ni de amistad los cariñosos lazos 
Bastan á detenerte? ¿De tu lira 
No más escucharé los blandos ecos 
Poblar sonoros la región vacía?... 

Mas desoye mi voz, no de mi alma 
Mude tu intento la profunda herida, 
Harto la causa de tu afán conozco, 
Harto el impulso que tus pasos guía. 

(*) Hoy General de Artillería. 



ROMANCES I45 

Vuela, sí, vuela, de la fuerte Nave 
Hienda las olas la cortante quilla, 
Lance á torrentes de su centro el humo, 
Retumbe la potente artillería, 
Y despliégúese al viento en la alta popa 
La fúlgida Bandera de Castilla. 

II. 

¡Oh noble Enseña de triunfal recuerdo, 
Cuántos despiertas en la mente mía, 
De honor y gloria, y de entusiasmo ardiente 
Claros ejemplos! El lejano clima 
Á donde el rumbo la acerada prora 
Hoy endereza, ¡á cuánta hazaña digna 
De inmarcesible lauro ofreció un tiempo 
Campo anchuroso! Refulgente brilla 
Ante mis ojos de la Reina augusta, 
Orgullo de la Hispana Monarquía, 
La excelsa Magestad; miro en Granada, 
Cuando su brazo al Agareno humilla, 
Cómo á Colon acoge bondadosa, 
Cómo, guiada de la Luz Divina, 
Abre á la Fé Católica otro Mundo 
Que el Mundo antiguo con asombro admira. 
El mismo rumbo que tu Nave ahora 
Siguió, caro Tomás, la frágil quilla 
Que al egrégio Colon, pasmo del Orbe, 
Á incógnitas riberas conducía. 

10 



I46 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Del gran Cortés, del ínclito guerrero 
Honor del Guadiana, en cuya orilla 
Tanto Genio inmortal nació, que ilustra 
Tu nombre, Extremadura, Pátria mía, 
Se alza también la gigantesca sombra 
Que el vivo aliento del Señor anima. 
En la arenosa playa Americana 
La voz dirige á su Falange invicta, 
Rayos lanzan sus ojos, en su mano 
La tersa espada de Toledo vibra, 
En la siniestra, abrasadora téa 
Los Iberos Bajeles ilumina... 
Postrémonos, Tomás, la ajena historia 
No en sus más bellas páginas registra 
Empresa tal que compararse pueda 
Á la que al héroe Hispánico sublima. 

De Pizarró y los Trece de la Fama; 
DcPonce de León 'y de Valdívia, 
De Almagro, de Alvarado, de Balboa; 
Del que osado la Tierra circuía 
Primero que otro alguno; de Orellana, 
Del Épico sin par Alonso Ercilla, 
De Magallánes, los Pinzones, Soto... 
Pero ¿á qué proseguir? nunca pondría 
Término á mi cantar si fiel mi lábio 
Alzar quisiera á la región Empírea, 
En sonorosos himnos, gloria tanta 
Como la Fama próvida eterniza. 



ROMANCES 



H7 



III. 

Adiós, oh Amigo, bondadoso el Cielo 
Tu Nave impulse á la feliz Antilla 
Que supo un tiempo rechazar valiente 
Del fiero Drake la agresión impía. 

Tú el Pabellón que tremoló triunfante 
Sobre el hundido Império de los Incas 
Sabrás ileso conservar, si, torpes, 
Del Ibero Léon las justas iras 
Osáran provocar, los que ultrajando 
Su propio honor, con infernal codicia, 
La del Hispano Solio esclarecido, 
Preciada joya, arrebatar ansian. 

Tú entre el estruendo del cañón y el humo, 
Del clarín á la bélica armonía, 
Al rudo son del redoblado parche, 
La salvadora espada en sangre tinta, 
Cantar sabrás las glorias de la Pátria, 
Émulo digno del preclaro Ercilla. 



I48 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á LA SEÑORITA 

DOÑA JOAQUINA GOMEZ DE LA CORTINA ( 

Tú que debiste á la éter nal cleméncia 
De clara estirpe el esplendente brillo, 
De ingénio y de virtud los ricos dones 
De la belleza el mágico atractivo, 
Hora animosa el láuro que las sienes 
Augustas coronó del gran Murillo 
Pretendes conquistar, ¡los cielos quieran 
Á tus pasos abrir fácil camino, 

Y ejemplos tu pincel ofrezca al bueno, 
De sacra inspiración dócil ministro! 

Si á retratar aspiras la constáncia 
De incontrastable Fé, si el heróismo 
De ardiente Caridad pintar anhelas, 
Nunca busque tu numen peregrino 
En ageno sentir antorcha y guía; 
Pinta tu hermoso corazón al vivo, 

Y así hallarás los gérmenes fecundos 
Que dirigen al bien nuestros instintos, 

Y expresarán la virgen y el mancebo 
El que reside en tí, fuego divino. 

(*) Hoy Condesa de la Cortina. 



ROMANCES I49 

Así tu nombre se alzará radiante 
Del nombre al par del inmortal Murillo: 
Benigna entonce, entre el común apláuso, 
Acoge el eco del acento mío. 



I50 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



S. M. LA REINA DOÑA ISABEL II, 

EN SU ARRIBO Á SEVILLA. 
I. 

Si un tiempo mi tosca lira, 
De vivo entusiasmo en alas, 
Hizo sonar en los aires 
El gozo que la inflamaba, 

Cuando Madre á par que Reina 
Contra tu seno estrechabas 
Por vez primera á tu Alfonso, 
Al hijo de tus entrañas, 

Al que es de tu amor troféo, 

Y será honor de tu raza, 

Y en quien cifradas contempla 
Sus esperanzas la Pátria, 

¿Cómo no cantar de nuevo 

Y no elevar á tu planta, 
En atranque generoso, 
Himnos nacidos del alma, 



ROMANCES 15 1 

Hoy que vienes presurosa 
Á estas leales comarcas, 

Y haces preceder tu arribo 
De magnánimas palabras, 

Que vuelven el hij o al padre 

Y de esposas desoladas 
Tornan en júbilo el llanto 
Al colmar sus justas ánsias? 



II. 



¡Oh, si mi acento viviera 

Y los siglos traspasára!... 
Mas sí vivirá, tu nombre, 
Que es su inspiración, lo salva. 

Tu nombre, á quien ya la Historia 
En sus páginas depára 
Digno lugar entre aquellas 
Que á los buenos Reyes guarda. 

Tu nombre que en las almenas 
De Tetüan, y en las playas 
Del apartado Annamita, 

Y en Veracruz, y en la Habana, 
Y en los mares que circundan 

La bella región preciada 
Que el título de Española 
De reconquistar acaba, 



POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

En boca de tus guerreros 
Tantas veces resonára, 
Como signo de victoria, 
Como emblema de esperanza. 

Éste para los vencidos, 
Aquél á los que triunfaban, 
Renovando de otros héroes 
La cleméncia y las hazañas. 

Tu nombre que pronunciarlo 
Para enaltecerte basta, 

Y á los siglos venideros 
Legar memoria preclara 

De tus rasgos admirables, 
De tus virtudes hidalgas, 
De los triunfos y las glorias 
Que tu reinado señalan, 

Sin que quede á mis acentos, 
Ni á la Epopeya más alta, 
Cosa que á explicar no alcance 
Isabel! palabra fausta, 

Que te hace en todo heredera 
De aquella gran Soberana, 
Orgullo del Trono Ibero, 
Blasón de la Historia Pátria, 

Que cual tú comprender supo 
Que es alteza en el Monarca 
Ver por sí mismo sus pueblos, 

Y por sí curar sus llagas; 



ROMANCES 

Que tremoló sus Pendones 
Cual tú en Portugal é Itália; 
Que llevó cual tú sus Huestes 
A las costas Africanas , 

Y que obrando cual tú misma 
En su propio caso obráras, 
Pues es suyo tu alto aliento, 
Suya en Dios tu confianza, 

Lanzó al Árabe por siempre 
De la católica España, 
Y dió un Mundo al gran Colon 
Si un Mundo Colon le daba. 



154 P°ESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



A MI HIJO GONZALO. 
I. 

Hijo mío, dulce encanto, 
Delicia de mi existéncia, 
De tu Madre dicha y gloria, 
De castos amores prenda, 

¡Cuál tu Cándida sonrisa, 
Espejo de tu inocéncia, 
De esa inocéncia que sólo 
Dios á los niños reserva; 

Cuál tus pasos vacilantes, 
Cuál tus palabras que empiezan 
Á dar señal evidente 
De que retienes y observas; 

Y de tus brillantes ojos 
La mirada, que revela 
Cómo en tí se desarrolla 

Y aviva la inteligéncia, 
Halagan el pecho mío 

Y más mi cariño empeñan, 

Y el que á tus Abuelos debo 
Hácen que entero comprenda! 



ROMANCES 



I 



II. 



¿Qué más grata melodía 
Que aquella que me embelesa 
Cuando de tu Madre el nombre 
Ó el mío en tu boca suena, 

En esa tu pura boca 
Que, cual otras tantas perlas, 
Esmaltan dientes de nácar, 

Y corales al par cierran? 

¿Ni qué gozo es comparable 
Al que mi sér enagena, 

Y desdeñar de un Monarca 
Privanza y favor me hiciera* 

Cuando en mis manos cogiendo 
Tu blanca frente serena, 
Donde nunca el mal osára 
Estampar su impura huella, 

Imprimo en ella mis lábios, 

Y tu, en amorosa muestra 
De tu afecto y tu dulzura, 
Blandas frases balbucéas, 

Y reclinando en mi pecho 
Tu idolatrada cabeza 
Con entrambas manecitas 
Mi cuello enlazas y estrechas? 



POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Me encanta el alegre acento 
Con que tu júbilo expresas, 

Y ver que jamás á nádie 
Extrañeza manifiestas, 

Y cómo, cuando una cosa 
Admiras por vez primera 
Hacer á todos partícipes 
De tu admiración intentas. 

Me encanta la confianza 
Con que al descanso te entregas, 

Y la expresión que dormido 
Tu bello semblante muestra, 

Pues parece que tu mente 
Con los Querubines sueña, 

Y á tus hermanos los Ángeles 
Allá en los Cielos contemplas. 

Y la verdad me enamora 
Que en tus actos se refleja, 

Y ver que tus impresiones 
Nada oscurece ni vela. 

Que lloras cuando te afliges, 

Y ríes cuando te alegras, 
Rechazas lo que no quieres, 

Y pides lo que deséas. 

Y que el peligro ignorando 
Que amenazarte pudiera 

Á no estar tan vigilantes 
Los que siempre te rodéan, 



ROMANCES 

Y mostrando los hoyuelos 
Que tus mejillas ostentan 
Á impulsos de blanda risa, 
Sólo en tí no picaresca, 

En júbilo rebosando 
Cien travesuras idéas, 

Y nada de tí seguro 

Á tu alcance ya se encuentra. 

III. 

Á veces, cuando contemplo 
Cuán gozoso juguetéas, 

Y cuál así de mi alma 
La dicha toda completas, 

Quisiera que eternamente 
Tu edad prolongada fuera 

Y jamás de otras majares 
Los peligros conocieras. 

Mas otras veces, las ménos, 
Ya crecido te quisiera, 

Y que, mostrándote digno 

De tu nombre y tu ascendéncia, 

Del gran Gonzalo emulabas 
Las inmortales proezas, 
Do quier triunfantes alzando 
De la Pátria las Banderas. 



I58 POESIAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Mas ¡ay! que séa cual fuere 
Mi deséo, después de esta 
Vendrá otra edad, y vendrán 
Desengaños mil con ella. 

Entonces, dulce Hijo mío, 
Ojalá Dios me conceda 
Al lado tuyo encontrarme 
Y guiar tu inexperiéncia, 

Que á veces un acto solo 
De juvenil ligereza 
Daños sin cuento, y profundos 
Pesares tras sí acarréa. 

IV. 



En tanto, así que tu Madre, 
En tu corazón de cera, 
Con la fé y el sentimiento 
Grabe verdades eternas, 

Dado me séa imprimirlas 
También en tu inteligéncia, 
Á tu razón demostrando 
Lo que ya tu pecho sienta. 

Que una Religión tan sólo 
Es sagrada y verdadera: 
La que á todos los Humanos 
Hermanos hizo en la Tierra, 



ROMANCES I59 

Borrando con su palabra 
De la Esclavitud la afrenta, 

Y á la Mujer transformando 
De Sierva en Esposa tierna; 

La que al rico, al poderoso 
Santa Caridad ordena, 

Y al pobre, al enfermo, al triste 
Otro Mundo mejor muestra; 

La que en los claustros salvára 
El tesoro de las Letras, 

Y del Godo á la barbárie 
Fué insuperable barrera; 

La que á Reyes y á Naciones 
Siempre habló con entereza, 

Y condenó la Anarquía 

Y también condenó al Déspota; 
La que ciñe la Tiara 

Al que último fué en su aldéa 
Si en él la llama fulgura 
De Santidad y de Ciéncia; 

La que, en fin, guiando al Hombre 
Por hacerlo bueno empieza, 

Y espera así confiada 

Que buenos los Pueblos séan. 

Y al propio tiempo inculcarte 
Que dar la vida y la hacienda 
Por el Rey y por la Pátria 
Siempre de honrados fué empresa, 



IÓO POESIAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Como en tu mismo linaje 
Altos ejemplos lo prueban, 
Que algún día en tu memoria 
Dejarán profunda huella. 

Y que la regla segura 

De hacer el bien en la Tierra 

Y vivir después por siempre 
En las Mansiones Etéreas, 

Es amar primero á Aquel 
Cuya Omnipotente Diestra 
Produjo, con querer sólo, 
Desde el Insecto á la Esfera, 

Y hacer ó no á tus hermanos 
Lo que anheles ó no quieras 
Para tí, ¡máxima santa, 

Que sólo un Dios concibiera! 
El, Hijo, te haga dichoso, 

Y ese candor que demuestras 

Y la expresión con que al Cielo 
Tus bellos ojos elevas 

Cuando al preguntar tu Madre: 
«¿Dónde está Dios?» le contestas 
Con mirada en que parece 
Que Dios á tí se revela, 

De tu honor y tus virtudes 
Seguros preságios séan. 
¡Bendito mil veces, Hijo! 
¡Bendito mil veces séas! 



ROMANCES 



161 



Á POLONIA EN 1863. 

Aut vincere aut mori. — Pro 
Religione et Libértate. 
(Lema de la Bandera de Pulawski en 177a.) 

I. 

¡Polonia! tierra gloriosa 
De héroes y mártires pátria, 
No ménos célebre y grande 
En proezas que en desgracias! 

¿Qué grito hiere mi oido, 
Qué voz resuena en mi alma 
Que salvando el Pirinéo 
Llega al mar de Lusitánia, 

Y hace en tí clavar los ojos 
Con anhelante mirada, 

Y hervir la sangre en las venas, 

Y hácia tí mover la planta? 
Es el grito pavoroso 

De tu audáz Aguila blanca 
Que de nuevo á la peléa 
Á tus fieles hijos llama. 

11 



IÓ2 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Es tu voz, que, de Pulawski 
La .Bandera desplegada 
En torno tuyo convocas, 
Blandiendo la férrea lanza, 

A los dignos herederos 
De las ínclitas hazañas 
Que á Sobieski y Segismundo 
Láuro eterno conquistáran. 

Eres tú, que hecho pedazos 
El yugo que te humillaba, 
¡Religión é Independencia! 
Y ¡Vencer ó morir! clamas. 

II. 



¿Y cómo no ha de inflamar 
El pecho mío tu cáusa, 
Al escuchar tus acentos 
Entre el humo y la metralla, 

Si regó de mis Mayores 
La sangre nunca manchada 
Los campos de Extremadura 
En defensa de la Pátria, 

Al par que de Cádiz otros 
En las invictas murallas, 
Y del mar que las rodéa 
En las turbulentas aguas, 



ROMANCES 1 

Con no menor entusiasmo 

Y en Dios puesta la esperanza, 
Como buenos combatiendo, 
También por ella lidiaban? 

;Oh sí, Polonia! mis votos 
En la lucha te acompañan, 

Y no es tan solo mi pecho 
El que ardiente los exhala, 

Que también por tí se elevan 
Al Señor de las batallas 
Los de todos cuantos deben 
El sér á la noble España. 

Á la Nación cuyo Rey 
Fué el solo que protestara 
Contra el torpe, inicuo Pacto 
Que tu partición consagra; 

Á la que, cual tú en Viéna, 
Salvó á la Europa asombrada, 
En !os mares de Lepanto, 
De la barbárie Otomana; 

Y en sus guerras contra el Moro 
De Covadonga á Granada, 

Y en Bailén y en Zaragoza, 

Y en la Albuera y en Chiclana, 
Supo al Mundo mostrar siempre 

Con su esfuerzo y su constáncia, 
La Cruz por guía y enseña, 
La diestra asida á la espada, 



64 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Que el Pueblo que libre quiere 
Ver su cuello de la infámia 
Que imprime Extranjero yugo, 
Del triunfo logra la palma. 

III. 



Mas no invoques, si auxiliares 
Para tu empresa demandas, 
Victorias sobre otros héroes 
Que por causa igual lidiáran, 

Cual lo has hecho recordando 
De Somósierra la falta, 
Cuando del Francés Império 
Seguiste el Pendón á España 

Y un Procer y Vate insigne, 
En los llanos de la Mancha, 
Cayó moribundo al golpe 
De las polonesas lanzas ( J 9). 

Ni olvides, cuando tu esfuerzo 
Y tenaz perseveráncia 
Logren al cabo tornarte 
Nación libre y soberana, 

Que á ser presa te trajeron 
De Rusia, de Prúsia y Austria, 
Discordias, revueltas, odios, 
Fruto de leyes infáustas, 



ROMANCES 

Que tu gloria oscurecieron 
Y entregáronte aherrojada 
Á los que un pretexto sólo 
Para desgarrarte ansiaban. 

Sé libre, mas sé prudente; 
Ser valerosa no basta: 
Sólo el triunfo consolidan 
Cordura, unión, leyes sábias. 



l66 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á UN AMIGO 

CON MOTIVO DE SU PARTIDA 

DEL CASTILLO DE GIGONZA. 
I. 

Mal hiciste, dulce Amigo, 
Mal hiciste en ausentarte 
De los campos venturosos 
En que tanto bien halláste, 

Pues alzándose no léjos 
De tus jerezanos lares, 
Á donde con tal presura 
Y empeño tanto volaste, 

Al par que salud te brindan 
No te tuvieran distante 
De la bella á quien rendido 
Aquí tu amor entregaste, 

Y de quien, por más que ahora 
La preséncia no gozáses. 
Tiernas memorias halláras, 
Que tu dolor aplacásen. 



ROMANCES 

Si no en mármoles y bronces, 
En las fuentes y en los sáuces, 
De los Baños en la senda, 
Del Castillo en los umbrales. 



II. 



¿Por qué, di, no detuviste 
Esos tus pasos fugaces 

Y de esta hermosa comarca 
No más el placer gozaste? 

¿La recuerdas? De Gigonza 
La Árabe Torre, á Levante 
De Jerez la frente muestra 
Sobre harto célebres valles; 

Que por ellos Guadalete 
Corre aún teñido en la sangre 
Que un tiempo brotar hicieron 
En su generosa márgen, 

Atractivos de Florín da 

Y de Rodrigo desmánes, 

Á España en heréncia dando 
Ocho siglos de combátes. 

Cércanla en torno eminéncias 
Entre las que sobresale 
Cual régia palma de Oriente 
Entre mirtos y arrayánes; 



l68 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Y de su cima almenada 
Vése allá, donde el Sol nace, 
Desde Alcalá la Morisca 
Hasta la Sierra del Valle; 

Al tiempo que, donde muere, 
Se vé á lo léjos cuál baten, 

Y vienen sobre la playa 
Una tras otra á estrellarse, 

Las nunca tranquilas olas 
Del soberbio Mar de Atlante 
Que humillaron las primeras 
Del gran Geno vés las Naves. 

Y en opuestos horizontes 
Medina y Áreos no en balde 
Contémplanse, que despiertan 
Recuerdos no ménos grandes: 

Éste con Rodrigo Pónce, 
Que las Insignias Ducales 
Ciñó á su frente gloriosa 
Por hechos mil memorables; 

Aquel con la clara Estirpe 
Que, para ejemplo á léales, 
Ostenta en su noble Escudo 
El blasón de los Guzmanes. 

De la Torre al pié se miran 
Cien pintorescos paisajes, 

Y senderos que brindando 
Á recorrerlos se abren: 



ROMANCES 

Aquí espesándose un monte 
Juzgárase impenetrable, 
Que apénas los ojos pueden 
Paso abrirse en sus j árales ; 

Allí onduladas campiñas, 
En que ricas mieses nacen, 
Permiten que en lontananza 
Inmensa extensión se abrace. 

Arroyos murmuradores 
Dán blando riego y constante 
Á adelfas y madreselvas 
Que grato perfume esparcen; 

Y escondidas enramadas 
Convidan á reclinarse 
Sobre la mullida alfombra 
Do la suelta cabra pace; 

Al paso que entre las flores 
Ocultas canoras aves 
Con deliciosa armonía 
Dán sus gorgéos al aire, 

AI compás con que las áuras, 
Acariciándolas suaves, 
Por escucharlas apénas 
Las sutiles alas baten. 

Brotan por do quier callados 
Purísimos manantiales 
Que frescas aguas ofrecen 
De virtudes admirables, 



170 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Y, por último, en la selva 
Que del Castillo delante 
Se extiende, vénse los Baños 
Que dán fama á estos parajes, 

Y en que infinitos recobran 
El bien más inestimable, 
La salud, que ya perdida, 
Por siempre lloraron antes. 



ra. 

¡Y cómo tan bello cuadro 
Anímase cada tarde 
Cuando, después que el Lucero 
De Vénus comienza á alzarse, 

Derrámanse por las cumbres 
Y los bosques más distantes 
Cuantos, la salud buscando, 
Acuden á estos lugares! 

¡Cómo sobre el claro verde 
Del lentisco, y el follaje, 
Ya blanquecino, ya oscuro, 
De acebuches y morales, 

Y el color de oro del heno 
Que sirve de fondo y márgen 
Á entrambos, y á cuantos bordan 
Llanuras, montes y valles, 



ROMANCES 

Destácanse los matices 
De los vaporosos trages 
Que de cien hermosas Damas 
Ornan los flexibles talles! 

;Y cuál del afecto unidos 
Por los vínculos amables, 
Que aquí la amistad florece 
Harto más que en las Ciudades, 

Todos gozosos paséan, 

Y alegres todos departen, 

Y en torno de alguna fuente 
Beben sus claros raudales! 

¡Nádie al mirarlos creyera 
Que enfermos allí se hallásen! 
¡Tal júbilo resplandece 
De todos en los semblantes! 

Veloces las horas corren, 

Y después, en los umbrales 
Del Castillo, el viento pueblan 
Cantos en que sobresalen 

Ora el hondo sentimiento, 
Ya el gracejo y el donaire 
De que siempre Andalucía 
Mostrarse pródiga sabe. 

Mas tres campanadas suenan 

Y al Rosário todos vánse, 
Que si cristiano es el dueño 
Sónlo también los bañantes. 



172 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

En tanto ya de la noche 
Tiéndese el manto, y el báile 
Comiénzase en el Casino, 
Y unos juegan, y otros tañen. 



IV. 



¿No estos recuerdos te mueven 
Á tornar á estos lugares, 
Do testigo es cada piedra 
De la fé que aquí juraste? 

Vuelve, vuelve, dulce Amigo, 

Y de nuevo tus cantares 
Resuenen como solían 
En florestas y en adarves. 

Así también con la auséncia 
Tu amor podrá acrisolarse, 

Y más preciado á los ojos 
Habrá de ser de tu amante. 



ROMANCES 



173 



Á LA SEÑORITA 

DOÑA MARÍA LUISA ALVAREDA, 

EN SU ALBUM. 

Flor de preciado atractivo 
Es la flor de la belleza, 
Su vivo matiz encanta, 
Su blando aroma deleita; 

Cual faro que alienta y guía 
De la noche en las tinieblas, 
Alúmbranos en el Mundo 
La luz de la inteligéncia; 

Y para alcanzar la palma 
Que Dios al bueno reserva, 
Es la virtud bienhechora 
La que el camino nos muestra. 

¡Feliz aquella en quien brillan 
Unidas tan claras prendas! 
¡Feliz tú, que así atesoras 
Virtud, talento y belleza! 



174 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á FERNAN CABALLERO. 
I. 

Caro Fernán, cuyo nombre 
De Polo á Polo se extiende (*°), 

Y cuyas altas virtudes 

No hay quien no estime y respete; 
Tú que de pura Moral 

Y de Pátrio Amor ardiente 
Ejemplo dás en tus Libros 
Cual en tu vida lo ofreces, 

Y cuyas nobles palabras, 
Del corazón hijas siempre, 
No hay pueblo en que no se escuchen, 
Ni hogar en que no penetren, 

¡Cuán inmenso, cuán glorioso, 
Es el servicio que puedes 
Prestar á la Madre España 
En la contienda presente! 

A España, que el puro seno 
Desgarrado muestra, y vierte 
Raudales de amargo llanto, 
Que cáusan hijos crüeles. 



ROMANCES 

¿Quién cual tú de toleráncia 
Alzar la bandera debe? 
¿Quién cual tú de paz ser iris 
En la tormenta que acrece? 

;Tú que grande entre los hombres, 
Más grande entre las mujeres, 
De aquéllos el alto ingénio, 
De éstas la ternura tienes! 

Álzala, pues; de tus lábios 
Broten acentos que lleven 
Á los ánimos concordia, 
Hijos á la Pátria fieles. 

II. 



¿Cuándo de lid fueron armas, 
Á no sostenerla aleves, 
La impostura y la calúmnia, 
Y los dictérios soeces? 

En esta tierra de Hidalgos, 
¿No existe ya quien recuerde 
La senténcia de: No quita 
Lo cortés á lo valiente? 

¿Es posible que, á los daños 
Que á la Nación sobrevienen 
De que discordes opinen 
Los que unidos fueran fuertes, 



I76 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Para lidiar como buenos 
Bajo los gloriosos pliegues 
Del Pendón que tremoláron 
Los Alfonsos é Isabeles, 

Ha de añadirse la méngua 
De no conceder que puede 
Ser digno y noble el Contrário, 

Y que ingénio, ciéncia tiene? 
¿Pues qué, insensatos, tan sólo 

En vosotros se comprende 
Cuanto de honrado y discreto 
De España el suelo contiene? 

¿Todo aquel que con vosotros 
No comparta ciegamente 
Opiniones y doctrinas 
Vil ó nécio ha de creerse? 

¿Á qué aspiráis, oh Partidos? 
¿Qué ofusca así vuestra mente? 
¿Qué juzgará Europa, el Mundo, 
De esta Nación, que carece, 

Según vosotros, de todo 
Lo que en las demás resplende, 

Y do no hay virtud, conciéncia, 
Un hombre entre tantos séres? 



ROMANCES 



III. 



¿En qué atmósfera de odio 
Sumir á España se quiere? 
¿Qué bárbaro antagonismo 
Aquí crear se pretende? 

¡Aquí do nunca existiera 
Entre clases diferentes, 
Y el camino á los Honores 
Franco estuvo á todos siempre! 

¿Es así como los Pueblos 
Se mejoran y engrandecen? 
¿Es así como se alcanzan 
De dicha y de paz los bienes? 

¡Ah, ciegos! de luto y llanto, 
De desventura perenne, 
Tan funesto desvarío 
Sólo cosecha promete. 

Volved en vos, respetad 
Si pretendéis que os respeten, 
No entrada déis á pasiones 
Que degradan y envilecen; 

De tiempos que ya pasaron 
Conservad lo que enaltece, 
Mas nunca su intoleráncia, 
Que mal dice en los presentes. 



I78 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Dadnos libertad que ilustre, 
No licéncia que envenene, 
Ni igualdad, que es vana utopia, 
Cuando iguales no hay dos séres. 

Hermanos sí, que es más alto. 
Ni sólo en los lábios reine 
La hermandad; vuestras acciones 
Claro su império revelen. 

Fiad más en las doctrinas: 
Sin revueltas ni vaivenes 
Llegó á ornar la Cruz de Cristo 
Las Banderas de los Césares. 

Haced porque aún en el mundo 
Español é hidalgo suenen 
Como palabras gemelas 
Que una misma idéa expresen. 

¿Mas á dónde de mi pecho 
Dejo que las ánsias vuelen? 
Guardar silencio me toca, 
Cese ya mi lábio, cese. 

Sólo á tí, Fernán insigne, 
Es dado que tal intentes; 
Tus populares acentos 
Sólo escucharse merecen. 

Habla, y así dos Coronas 
Al par ornarán tu frente, 
Más preciada la de oliva 
Que la egrégia de laureles. 



ROMANCES 



179 



Á LA 

SEÑORA CONDESA DE MONTE AGUDO, 

EN UN ALBUM 

QUE REGALABA Á LA SEÑORITA 

DOÑA MARÍA DE LA CONSOLACION MOTA, 

CON MOTIVO DE LAS BODAS DE ÉSTA. 

Es, Condesa, imposible 
Que el más sonoro verso 
Nunca expresar consiga, 
Mejor que tus acentos, 
El cariñoso apláuso, 
El sin igual contento, 
Con que miran tus ojos 
El gozo de Consuelo. 

No mi lira, tu lábio 
Diga, pues, en conceptos, 
Como tuyos léales, 
Cual tu cariño tiernos, 
La singular ventura, 
Que predice tu afecto, 



POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Á la modesta virgen, 
Que en el sagrado templo 
Por siempre unirse debe 
De su amor al objeto. 

Dile, cual tú lo juzgas, 
Que de su rostro bello 
Los hechiceros rasgos, 
Son de su claro ingénio, 
De su dulzura innata 

Y su virtud espejo; 
Como apacible lago 
Que en el cristal sereno 
En fiel retrato copia 
La bóveda del Cielo. 

Y que con prendas tales, 
Que prendas son de acierto 
Para el Doncel que ahora 
Arde en amante fuego 

Y que en feliz Esposo 
Ha de tornarse presto, 
Logrará que por siempre 
Aquel á quien su pecho 

Dá el tierno «sí», que el lábio 

Repite placentero, 

En la Tierra contemple, 

Como goce supremo, 

El ser de los tesoros 

De su cariño dueño. 



ROMANCES 



LA ORACION. 

(TRADUCCION DE UNA ROMANZA FRANCESA ESCRITA PARA UNA 
PRINCESA DE LA REAL FAMILIA DE ORLEANS.) 

Á esta santa hora 
Se despide el día, 
La campana suena: 
¡Ave Maña! 

Del Cielo el Querube, 
Que al Sol vence en brillo, 
Vuestro nombre ensalza, 
Reina del Empíreo. 
Á esta santa hora 
Se despide el día, 
La campana suena: 
¡Ave María! 

Bajo vuestro manto 
Reposan tranquilos 
El niño en la cuna, 
El ave en el nido. 



POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Á esta santa hora 
Se despide el día, 
La campana suena: 
¡Ave María! 

Vos la vela sois 
Del pobre marino, 
Vos la clara estrella 
De los peregrinos. 
Á esta santa hora 
Se despide el día, 
La campana suena: 
¡Ave María! 

Bálsamo en vos halla 
El mísero herido, 
El desamparado 
Halla en vos abrigo. 
Á esta santa hora 
Se despide el día, 
La campana suena: 
¡Ave María! 

Vuestro dulce nombre, 
De ventura signo, 
Dá á quienes lo llevan 
Célico atractivo. 



ROMANCES 

Á esta santa hora 
Se despide el día, 
La campana suena: 
¡Ave María! 

Así las Marías 
En coro escogido 
Para unirse á vos 
Álzanse al Empíreo. 
La postrera lumbre 
Se extingue del día, 
La campana cesa: 
¡Ave María! 



SONETOS. 



SONETOS 



187 



Á LA 

FIESTA DE LA EUCARISTÍA. 

¡Gloria á tí, Señor Dios! en las Alturas 
Himnos el Ángel de alabanza entone, 

Y tu ternura ensalce y la pregone 
La voz de las humanas criaturas. 

Hoy, presagiando célicas venturas, 
Darse al hombre en manjar tu amor dispone, 

Y porque más su dicha se corone 
Bienes sin fin y Grácia le aseguras. 

¡Oh inefable Mistério! Jamás pudo 
Tal maravilla imaginar siquiera 
El mísero Mortal. ¡Sólo el Potente, 

Que, de sacra piedad nunca desnudo, 
Por dar la vida á quien en Él espera, 
Es de cleméncia inagotable fuente! 



l88 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



DIOS Y EL HOMBRE. 

(ante una cruz.) 

De ese madero, ignominioso un día 

Y hoy timbre de valientes y de sábios, 
Apurados del hombre los agrávios 

La salvación universal pendía. 

En rábia fiera el populacho ardía, 
Y, léjos de apiadarse, de sus lábios 
No acentos de pesar ni desagrá vios 
Brotan, mas voz de bárbara alegría. 

Míralo El que es prodigio de ternura, 

Y al Padre á quien pidió fuerza y consuelo 
Demanda su perdón; y por su hechura 

Vela de entonces con doblado anhelo. 
¡Cuán ingrata y feroz la criatura, 

Y cuán dulce y sublime el Dios del Cielo! 



SONETOS 



LA SANTA CRUZ. 



¡Siempre, siempre la Cruz! Desde que al viento 
Dióla con fé Pelayo en la montaña 
No hay triunfo, no hay proeza en nuestra España 
Que impulso no la deban y alto aliento. 

¡Testigos ocho siglos de ardimiento 
Contra el Hijo de Agar, y tanta hazaña! 
¡Testigo el mar que nuestras costas baña 

Y es á Colon perenne monumento! 
Testigos... ¿mas el Signo del Calvário 

No ha de ser prenda cierta de victoria 
Si en él quiso espirar quien nos dió vida, 

Y quien hizo del fúnebre sudário 
Manto inmortal de sempiterna gloria 

Y al morir á la muerte vió vencida? 



190 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á LA 

PURÍSIMA CONCEPCION, 

PATRONA DE ESPAÑA. 

Reina y Señora del Empíreo Cielo, 
Tú á quien mi Pátria Protectora llama, 

Y el hombre siempre en sus dolores clama 
De tí esperando perenal consuelo; 

La sola Inmaculada, la que el suelo 
Libertadora del Humano aclama, 

Y cuyo sacro corazón inflama 

De perdurable amor férvido anhelo, 

Al Supremo Poder, al Dios que un día 
En tus entrañas albergarse quiso 
Del Orbe siendo pasmo y alegría, 

Ruega que de tu España el indiviso 
Claro País, que siempre en tí confía, 
Siempre á Extranjeros muéstrese insumiso 



SONETOS 



EN EL FAUSTO NACIMIENTO 

DEL 

PRÍNCIPE DE ASTURIAS. 

Hoy que en júbilo inmenso el Pueblo Hispano 
Se agrupa en torno de la Régia Cuna, 
Donde, núncio feliz de tu fortuna, 
Bendícete al nacer el Vaticano; 

Hoy que al Rey de los Reyes Soberano, 
En oración ferviente cual ninguna, 
La voz eleva Aquella en quien se aduna 
De Reina y Madre el gozo sobrehumano; 

Hoy unidos aquí, do con fé nueva, 
Del mútuo afecto en generoso alarde, 
El lazo antiguo de hermandad sellamos, 

De lealtad y de amor en clara prueba, 
De DÁoiz el ejemplo y de Velarde, 
¡Oh esperanza de España! te mostramos ( 22 ). 



I92 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á ESPAÑA, 

CON MOTIVO DE LAS EXPEDICIONES MILITARES 
DE COCHINCHINA, MÉJICO Y EL RIFF ( 2 3). 

Allá á las costas de Turana envías 
Muestra brillante del valor natío, 

Y á Méjico y al Riff con noble brío 
Naves y Huestes presurosa guías. 

¿Será que tornan los antiguos días 
De gloria insigne y alto poderío, 

Y el hado ántes adverso, hora ya pío, 
Tus duelos trueca ¡oh Pátria! en alegrías? 

Sí; que los Mánes de Guzman el Bueno, 
Del gran Cortés, de Córdoba y Pizarro 
Por tí constantes velan, Madre España; 

Y el Mundo todo, de respeto lleno, 
Aún ha de verte en el triunfante carro 

Y ha de admirar hazaña tras hazaña. 



SONETOS 



J 93 



EN LA TOMA DE TETUAN. 



¡No mi afán me engañó! Musa que inspira 
Es de Amor de la Pátria el sacro fuego, 
Yo á su influjo vivífico me entrego, 
Y, Núncio de Verdad, vibró mi lira. 

España aún es España: el Orbe mira, 
De noble sangre al fecundante riego, 
Cual torna á alzarse fuerte la que ciego 
Presa juzgaba de funérea pira. 

Annam sucumbe, cede el Mejicano (*4), 
Y en la Ciudad al Marroquí sagrada 
Al aire flota Hispánica Bandera, 

Al par que Europa ensalza entusiasmada 
De O'Dónnell, Prim, Bustillo y Ros de OlanO 
Los nombres, caros á la Gente Ibera, 



13 



194 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á LOS SERMOS. SEÑORES 

INFANTES DE ESPAÑA 

DUQUES DE MONTPENSIER , 

CON MOTIVO DE LA RESTAURACION DE LA CASA 
EN QUE MURIÓ HERNAN CORTÉS. 

Yace la Madre España en triste duelo, 
El alma presa de mortal quebranto; 
Los claros ojos que enrojece el llanto 
Fija afanosa en el tendido Cielo. 

«¿Cómo, Señor, tu próvido desvelo 
Mira tranquilo que el retiro santo 
Del gran Cortés, á la Barbárie espanto, 
Hoy se derrumbe en el Hispano suelo?» 

Dijo, y calló: del Trono diamantino 
Ráudo desciende Paraninfo hermoso 
Del régio Bétis á la fresca orilla; 

Y á impulsos del Espíritu Divino 
La Morada del Héroe portentoso 
Restáuran los Infantes de Castilla. 



SONETOS I95 



EN LA RESTAURACION 

DEL 

MONASTERIO DE LA RÁBIDA. 

(15 DE ABRIL DE 1855.) 

Magnánimo Colon, tú á quien un día 
Prestó este asilo venerable y santo 
Amiga sombra, al enjugar tu llanto 
La fé en tu ciéncia que en Marchena ardía; 

Tú á quien la Reina generosa y pía, 
La gloriosa Isabel, d¿ España encanto, 
Benévola acogió bajo su manto 
Para honra eterna de la Pátria mía; 

Héroe inmortal, á cuya voz un Mundo 
Brotó del seno de los anchos Mares, 
Digno prémio á tu esfuerzo sobrehumano; 

Regocíjate ¡oh Génio sin segundo! 
Hoy que restaura tus piadosos Láres 
Un Príncipe de aliento soberano. 



I96 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



EN EL NACIMIENTO 

DEL INFANTE 

D. FERNANDO DE ORLEANS Y BORBON. 

¡Nació! Cual nunca la Potente Diestra, 
Del Infierno terror, gozo del Cielo, 
Dejó cumplido el maternal anhelo 
De la que ardiendo en fé siempre se muestra, 

¡Nació! y el que en la bética palestra, 
Sacro Monarca del Hispano suelo, 
Fué de valor y de virtud modelo 
Y al Árabe arrancó la Ciudad nuestra ( 2 5), 

Contémplale risueño, y con su nombre, 
Fáusto anúncio de dichas y de gloria, 
Le dá el amor de la Nación Ibera, 

Y que, alcanzando perenal renombre, 
Los ejemplos renueve y la memoria 
Del magnánimo Infante de Antequera. 



SONETOS 



I 97 



EN EL RESTABLECIMIENTO 

DE LA INFANTA 

DOÑA CRISTINA DE ORLEANS Y BORBON. 

De fiebre infáusta la abrasante mano 
Pósase audaz en la infantil Cristina, 

Y de su tersa frente alabastrina 
Torna el puro matiz en fuego insano. 

Publícalo la Fama, y desde el cano 
Pirene hasta las Costas que domina 
La Montaña del África vecina 
Rompe en ayes España, mas en vano. 

Crece sin freno el mal, á la que adora 
Vé espirante Luisa, y entrañable 
Plegária eleva, en lágrimas bañada; 

Escúchala el Señor, de la que implora 
La caridad contempla inagotable 

Y allá en los Cielos resonó: Salvada! 



igS POESÍAS DE FERNANDO DE ÓABRIEL 



DOS DE MAYO. 

Truena el cañón: intrépido' Vel arde 
Corre á afrontar la muerte en la peléa, 
El acero en su diestra centelléa, 
Fuego divino en sus miradas arde. 

Muere, de Pátrio Amor en santo alarde, 
Que Europa un día con asombro véa: 
Blanco Lienzo el Francés pérfido ondéa 

Y Daoiz sucumbe á la traición cobarde. 
Rásgase entonce el alto Firmamento, 

Y del egregio Conde de Gazola (•*) 
Suena la augusta voz: «¡Sublime día, 

(Exclama en celestial arrobamiento) 
» Estos mis hijos son, esta la sola 
«Ventura que restaba al alma mía! 

»¡Tú inspiraste, Señor, tan grande hazaña! 
» ¡Siempre en mis hijos las encuentre España! » 

{*) Fundador del Colégio de Artillería. 



SONETOS 



199 



A LA MEMORIA 

DE MI VENERADO ABUELO EL CAPITAN GENERAL 
DE LA ARMADA 

D. JUAN RUIZ DE APODACA, 

CONDE DEL VENADITO, 

RN SU MISION DIPLOMÁTICA Á LONDRES. 

Cuando los aires impetuoso hendía 
El nuevo Marte en resonante carro, 

Y desde Cádiz al confín Navarro 
España en guerra asoladora ardía; 

Cuando Europa aterrada enmudecía, 
Rotas sus Huestes cual de frágil barro, 
Y, so la planta del Francés bizarro, 
La frente, un tiempo vencedora, hundía; 

Tú, qué el ejemplo de Madrid seguiste, 

Y de Lepanto el Estandarte augusto 
En la enemiga Escuadra tremolando 

Glorias á España y á tu nombre diste; 
Tú, á quien la Pátria en entusiasmo justo 
Llevó á Londres, su honor en tí fiando, 

Y á cuyo influjo blando 
El gérmen de la paz brotó fecundo, 
Tú coadyuvaste á libertar el Mundo ( 2d K 



2Ó0 POESIAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



EN LA MUERTE 

DE MI MALOGRADO AMIGO Y COMPAÑERO 

D. JUAN KIRKPATRICK. 

Al peso del dolor cede mi frente 
Y doblo ante un sepulcro la rodilla, 
Hondas lágrimas surcan mi mejilla, 
En fuego abrasador arde mi mente: 

Triste recuerdo de amistad ferviente, 
Ya malograda, para herirme brilla, 
Perdida lloro la virtud sencilla 
Que fué encanto del alma juntamente. 

Entonce al Trono del Señor del Mundo 
Álzase el corazón en ráudo giro 
Ansiando haber á mi dolor consuelo, 

Y al Padre de la Luz, en luz fecundo, 
Ruego que mire aquél por quien suspiro 
Mi acerba pena desde el almo Cielo. 



SONETOS 



201 



Á LA SEÑORA 
DOÑA ANTONIA DIAZ DE LAMARQUE, 

POR SU ODA EN HONOR DE NUMANCIA. 

Hoy que resuena el Pindó Castellano 
Con el sentido y plácido concento 
De Damas cien, que al vagaroso viento 
El fruto dán de ingénio soberano, 

Tú, contemplando el heróismo Hispano, 
Alzas con noble impulso el claro acento, 
Y das nueva existéncia, nuevo aliento, 
Al Numantino asombro del Romano. 

Y así como Corina obtuvo en Grécia, 
Con Píndaro al luchar, la verde rama 
Que en vano cinco veces disputóla, 

Así tú, de quien ya Sevilla précia 
El sublime cantar, y á quien aclama, 
Ciñes láuro inmortal, Musa Española. 



202 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á GIBRALTAR ^. 

Cual de honor, lealtad y excelsa gloria 
Fuiste insigne teatro el negro día 
En que tus moradores, á porfía, 
Dieron ejemplo de inmortal memoria, 

Eres de entonces en la Hispana Historia 
De vergüenza padrón, que el alma mía 
No en vano con furor contemplaría 
Si hoy mi voz fuera signo de victoria. 

¡Oh, si á mi duelo, al ver que la Bandera 
De Villacréces, y Arcos, y Guzmánes 
En tu doblado muro no tremola, 

Poder igual para triunfar se uniera! 
¡Cómo la de la Pátria enarbolára 
Y en tí otra vez por siempre la clavára! 



SONETOS 



AL CAPITAN (*) D. JUAN JUSTINIANO, 

ESTIMULÁNDOLE 
Á CONTINUAR SU INTERRUMPIDO POEMA: 

HERNAN CORTÉS: 

¡Tú desmayar, oh Amigo! ¡Tú que un día 
Con estro poderoso celebraste, 
Y á la región más alta sublimaste 
Los claros triunfos del que en Dios confía! 

¿Despareció tal vez la fé en que ardía 
Tu noble corazón cuando cantaste 
La hazaña de Rogér, y te aprestaste 
De Cortés á loar la valentía? 

¡Oh, no es posible, no! la épica trompa 
De nuevo empuña, y con fogoso aliento 
Del Extremeño insigne ensalza el nombre; 

Y cuando el canto tuyo el aire rompa 
Verás cual te conquista tu alto acento 
El apláuso inmortal que anhela el hombre* 

(*} Hoy Coronel de Caballería, 



204 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



AL REGIMIENTO 

DE 

HÚSARES DE LA PRINCESA, 

EN SU REGRESO 

DE LA MEMORABLE CAMPAÑA DE ÁFRICA. 
(Soneto de Consonantes forzados.) 

Sí, contempladlos: son los campeones 
Que á la carga lanzando sus corceles, 
En Castillejos, triste á los Infieles, 
Del Moro arrebataron los Pendones. 

Los que en nuevos combates, de leones 
La fama al conquistar, no de crueles, 
Á su frente ciñeron más laureles 
Que de Roma alcanzaron las Legiones. 

Son los que España entusiasmada espera, 
Los que el pueblo conserva en su memoria, 
Y Europa con asombro partir viera. 

Grabad, pues, sus hazañas en la historia, 
De flores alfombradles la carrera, 
Elevad monumentos á su gloria W), 



SONETOS 



205 



Á LAS 

CUATRO ÓRDENES MILITARES. 

Cuando rota en pedazos se mostraba 
La Unidad de la Hispana Monarquía, 

Y rota entre sus Reyes la armonía 
Segundo Guadalete amenazaba, 

De Alcántara, Santiago y Calatrava, 

Y de Montesa luego, á luz nacía 
La sagrada, marcial Caballería, 

Y de nuevo la Pátria se salvaba. 
Cuatro siglos sus lides contempláron; 

De Lasso, Calderón, Quevedo, Ercilla, 
Sus insignias después el pecho ornáron. 

Si en Armas como en Letras maravilla 
Su historia, y nuestros tiempos alcanzáron, 
¿Quién extinguirlas osará en Castilla? 



206 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á MI DULCE COMPAÑERA. 

Á tí, Elisa, bien mío, el alma debe, 
Ansiosa de expresarte su ternura, 
De nuevo cultivar la ardiente y pura 
Sublime Poesía, que hoy me mueve. 

Á tí de dulce paz los años nueve 
Que en santo lazo, del Potente hechura, 
Á tu lado han corrido, y la ventura 
Que el corazón y el ánimo conmueve. 

A tí gustar de Padre las delicias, 
El placer de sentir del Hijo blando 
Las infantiles plácidas caricias. 

Suene mi canto, pues, que, si cantan lo 
Mi amor un día te mostró mi acento, 
También debe hoy alzarse al libre viento. 



SEGUNDA PARTE. 



COMPRENDE 

LAS POESIAS ESCRITAS DESPUES DE PUBLICARSE 
LA PRIMERA EDICION. 



EPISTOLA. 



14 



EPÍSTOLA 



211 



EL DIVORCIO. 
Á TEODORO GUERRERO, 

CONTESTANDO Á UNA EPÍSTOLA SUYA. 

Carísimo Teodoro, 
Si por mí he de responder, 
Te diré que es un tesoro 
Mi Mujer; 
Que yo tampoco por nada 
De ella me separaría, 
Y que en la común jornada 
Será mía; 
Que de mis hijos la suerte, 
Aunque yo tal no quisiera, 
Con el aprémio más fuerte 
Lo exigiera. 
Pero me aflige y me espanta 
Contemplar la triste vida 
De los que, con pena tanta, 
Ven perdida 



212 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

De dicha toda vislumbre, 

Y míranse ¡desdichados! 
Á perpétua pesadumbre 

Condenados. 
Ya de Consorte liviana 
El deshonrado Marido, 
Ya el que á fiera Tigre hircana 
Vése unido; 
Ya la Esposa, que trocado 
Vé el que soñó blando yugo, 
En el dogal despiadado 
Del Verdugo. 
La santa resignación 
Mucho puede, no lo ignoro; 
Pero ¿es justo, en conclusión, 
Oh Teodoro, 
Condenar con mano impía, 
Miéntras la vida les dura, 
Á negra melancolía 

Y amargura, 
Á tanto varón honrado, 
Á tanta digna matrona 
Á quien el rigor del Hado 
No perdona? 
Problema es harto confuso, 
Que resolver no pretendo. 

Y así, digo: «¡Me recuso, 

No lo entiendo! » 



12 de Setiembre de 1883. 



HIMNO. 



HIMNO 



EL REY EN MADRID 



CORO. 

Hoy ensalzan de Alfonso la gloria 
Los Iberos con Himnos de honor, 
Y en sus pechos alientan cual nunca 
La hidalguía, la fé y el valor. 

I. 



Tras larga, horrible noche 
El Sol alza su disco, 

Y el llano, el valle, el risco 
Inunda nueva luz. 

Así de Alfonso el nombre 
Calma de España el duelo, 

Y aclámanlo en su anhelo 
Del Vasco al Andaluz. 



21 6 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



CORO. 

Hoy ensalzan de Alfonso la gloria 
Los Iberos en Himnos de honor, 
Y en sus pechos alientan cual nunca 
La hidalguía, la fé y el honor. 



II. 



Vedlo! de cien Monarcas 
Las sombras le cobijan, 
Y en él los ojos fijan 
Cortés, el Cid, Guzman. 
Sábios, Artistas, Vates, 
De España eterna gloria, 
Al Templo de Memoria 
Sus pasos guiando ván. 

CORO. 

Hoy ensalzan de Alfonso la gloria 
Los Iberos en Himnos de honor, 
Y en sus pechos alientan cual nunca 
La hidalguía, la fé y el honor. 



HIMNO 



III. 



No brilla, no, en su diestra 
La espada vengadora; 
Mayor, más tentadora, 
Más noble es su ambición. 
En torno de su Trono 
No mira más que Hispanos: 
¡No más sangre de hermanos! 
¡Sus hijos todos son! 

CORO. 

Hoy ensalzan de Alfonso la gloria 
Los Iberos con Himnos de honor, 
Y en sus pechos alientan cual nunca 
La hidalguía, la fé y el valor. 

Octubre de 1869. 



ODAS Y CANCIONES. 



ODAS Y CANCIONES 



221 



LA SALVACION DE ESPAÑA. 



Castilla es mar de llanto, 
Sus hijos son su azote, 
No hay pueblo en que no brote 
De sangre ancho raudal. 
El horno del combate 
Do quier ruge y se enciende, 
Sus negras alas tiende 
El Génio atroz del Mal. 

Ni un rayo de esperanza 
Á vislumbrar se acierta; 
Sólo la muerte es cierta 
Tras largo padecer. 
Yermos los campos yacen, 
Despareció el Tesoro: 
Ni la virtud, ni el oro 
Lógranse en calma ver. 

Súbito, tierno Infante, 
Niño tan sólo en años, 
Á reparar los daños 
De la Pátria se alzó. 



222 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

¡Á su impulso renace 
Feliz el Pueblo Ibero!... 
¡Alfonso el Justiciero 
La Historia le llamó! 

Hoy que, tras nuevos males, 
» ' Nuevo Alfonso aparece, 

Y en génio y virtud crece, 
Que admiran en su edad, 
Como Iris de bonanza, 
¡Oh hermanos! acogedle: 
Cual Rey de todos vedle, 

Y ¡ ¡Viva el Rey!! clamad. 



23 de Enero de 1875. 



ODAS Y CANCIONES 



A S. M. EL REY 

EN SU LLEGADA 

Á SEVILLA. 

Hoy con férvida alegría 
Sevilla á tu encuentro vuela, 

Y se afana y se desvela, 
Mostrando su bizarría, 
En probar, cómo á porfía 
Aún alienta y resplandece, 

Y con tu presencia crece, 
De sus hijos en el seno, 

De Alfonso el Sábió y el Bueno 
El timbre que la engrandece. 

Y no ya su lealtad 
Hoy sólo á Sevilla mueve, 
Que su corazón conmueve 
También Augusta Beldad. 
Angel de amor y bondad 
Á ceñir vá tu Corona, 

Y aplaude el pueblo y abona 
Elección que te honra tanto, 

Y al aire dando su canto 
Himnos en tu honor entona. 



224 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Suene también mi láud, 
Y ensalce en tan fausto día, 
De tí, Señor, la valía, 
De la Infanta la virtud. 
Tú, en temprana juventud, 
Á altos Príncipes excedes; 
De tu Amada afirmar puedes 
Que es la más cumplida Dama: 
No adula, pues, quien exclama: 
¡Viva el Rey! ¡Viva Mercedes! 



zz de Diciembre de 1877. 



ODAS Y CANCIONES 225 



EN EL FAUSTO 
ENLACE DE S. M. EL REY 

CON LA INFANTA 

DOÑA MERCEDES DE ORLEANS. 

¡Lució! — La aurora espléndida 
De venturoso día, 
Con generoso anhélito, 
Con íntima alegría, 
Del Ter al Mar Atlántico 
Saluda el pueblo yá. 
Ante su brillo fúlgido 
Las sombras desparecen; 
Del entusiasmo al ímpetu 
El gozo, el amor crecen, 
É himnos do quier escúchanse 
De ardiente lealtad. 

No de rumores bélicos, 
Ni de sangrienta gloria 
El vago viento imprégnase 
Para fatal memoria 
De furores olímpicos 
Y aciaga destrucción. 

J 5 



226 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Mas de ternura cánticos 
Deleitan y suspenden; 
Talleres mil pacíficos 
Sus máquinas encienden, 

Y á celebrar prepáranse 
Certámen bienhechor (*). 

Ángel de Amor purísimo, 
De perfección dechado, 
En las regiones béticas, 
De Amante Coronado 
Los votos oye férvidos 
Que inspira su beldad. 

Y en ambos Régios Jóvenes, 
De España honor y encanto, 
Las esperanzas cífranse, 
Que, en días de quebranto, 
Fecundas concibiéranse 

De bienandanza y paz. 

No el Cielo en sus vastísimos 
Designios mejor pudo, 
Ni entre más nobles Cónyuges, 
Crear más dulce nudo, 
Que aquel con que hora enlázase 
Á Mercedes el Rey. 



(*) Alude al Regalo de boda del trabajo nacional. 



ODAS Y CANCIONES 

De Dios la Mano próvida, 
Ya de Ibéria apiadada, 
El uno al otro uniéndolos, 
Á entrambos reservada 
La empresa dejó altísima 
De hacer de España el bien. 

Séa! Y jamás de pérfidos 
Consejos nube impura, 
Interpóngase lóbrega 
En medio á su ventura, 
Ni de la Pátria ocúlteles 
El sacrosanto Altar! 
Ante él hoy humillémonos 
Cuantos á España amamos, 

Y de odios despojémonos, 

Y unidos depongamos, 

Por siempre de ella idólatras, 
Cuanto causó su mal. 



Enero de 1878. 



228 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



EN EL ARRIBO Á SEVILLA 

DE LA OFICIALIDAD DE LA FRAGATA 

VILLA DE MADRID, 

PROCEDENTE DE LA ESCUADRA DEL PACÍFICO. 



¡No ha muerto! Vive, y, gigante, 
Con una y otra Corona 
Allá en apartada Zona 
Su frente ciñe arrogante. 
Contempla España anhelante 
Sus triunfos, y, en grito santo, 
Que á ingratos Pueblos dá espanto 
Y á sus hijos enagena, 
Exclama, de gozo llena: 

«¡Es LA MISMA DE LEPANTO!» 

«¡Es la misma! ¡No hay dudar! 
La que indomable fiereza, 
Contra el Hado y la torpeza, 
Mostró un día en Trafalgar. 
La que en uno y otro Mar 



ODAS Y CANCIONES 220, 

Selló un triunfo en cada ola, 
La que el Mundo cercó sola 
Antes que Nave Extranjera 
La vuelta diese á la Esfera. 
¡Es la Marina Española! 

«¡Méndez Núñez! ¡Gloria á tí! 
Por tí frescos reverdecen 

Y lozanos aparecen 
Láuros que un tiempo ceñí. 
Yo bendigo desde aquí 

Tu alto esfuerzo, tu constáncia, 

La insigne perseveráncia 

De que muestra has dado al Mundo, 

Célebre haciendo y fecundo 

De nuevo un nombre:... ¡Numancia!» 

Dice así España; y Sevilla 
Al contemplar en su seno 
Hoy á Alvár, que, de ardor lleno, 
Lidió en la enemiga orilla, 
Con entusiasmo, que brilla 
En cada rostro, y destella, 
Sigue afanosa su huella, 

Y una Corona formando 
Del laurel de San Fernando, 
Sus sienes orla con ella. 

Noviembre de 1866. 



23O POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



EL CABALLERO ESPAÑOL (30) . 

Acoge, gran Calderón, 
De mi entusiasmo la ofrenda, 
¿Quién del Honor en la senda 
No te rinde adoración? 
Por tí la Ibera Nación 
Nombre alcanza venerado, 
Que, de Españoles dechado 
Y de la Escena Monarca, 
El Mundo tu Cetro abarca, 
De uno á otro Polo acatado. 



Por tí, como el claro Sol 
Que allá en la azulada Esfera 
Aparece y reverbera 
Tiñéndola en su arrebol, 
El Caballero Español 
Osténtase generoso, 
Galán, discreto, animoso, 
Y Dios, su Dama y su Rey 
Son su culto, son su ley, 
Son su norte poderoso. 



ODAS Y CANCIONES 

Nádie cual tú retrató 
La Castellana Hidalguía: 
Ser de Caballeros guía 
Sólo tu génio alcanzó. 
Hoy ante tu imágen yo, 
Como Noble, agradecido, 
Palmas bato enardecido, 
Y al aplauso universal 
Uno el aplauso leal 
De un Español bien nacido. 



17 de Enero de 1868. 



232 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



EN EL BANQUETE 

CON QUE LOS POETAS SEVILLANOS CELEBRARON 
EL ÉXITO FELIZ DE LA LOA 

LA MEJOR CORONA. 

¡Feliz mil veces la idea, 
En hora fáusta nacida, 
De ver aquí reunida 
Hueste que el alma recréa! 
¡Que este festin lazo séa 
Que arraigue en el corazón, 
Con generosa intención, 
La noble y pura semilla 
Que en los Vates de Sevilla 
Hizo brotar Calderón! 

¡Oh de los claros varones 
Sublime, inmenso poder! 
¡Después de muertos tener 
Imperio en los corazones! 
Á su nombre las pasiones 



ODAS Y CANCIONES 

Enmudecen, y su gloria, 

Que eterna vive en la Historia, 

Es de todos ensalzada, 

Y es la lira más honrada 

La que honra más su memoria. 

De Ayala la voz potente, 
Tal verdad al recordar, 
Hizo nuestro canto alzar 
Al génio más eminente. 
De Calderón el ingente 
Numen, de España blasón, 
Ara fué de nuestra unión: 
¡Que eterna el Mundo la véa, 
Que siempre fecunda séa, 
Ansia mi corazón! 



Enero de 1868. 



234 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á CERVANTES EN LEPANTO. 



Entre las revueltas olas 
Del hondo Mar de Lepanto, 
Al viento el Lábaro Santo 
Dan las Naves Españolas. 
Flámulas y banderolas 
En topes y entenas largan, 

Y al par que las velas cargan, 
Enmendándose á porfía, 
Retumba la artillería, 

Y al Turco de horror embargan. 

Súbito una trompa suena, 

Y de hinojos prosternados 
Alzan á Dios los Soldados 
Plegária de fervor llena. 
Gallarda luego y serena 
Velocísima Fragata (31), 
Que la Flota entera acata, 
De su centro se desprende, 

Y á su paso el agua enciende 
Que en su cristal la retrata. 



ODAS Y CANCIONES 

Allí va un Hijo inmortal 
Del gran César Carlos Quinto, 
Cuyo acero en sangre tinto 
Verá el Infiel por su mal. 
De silencio hace señal: 
Y hasta los más alentados 
Sienten sus bríos doblados 
Oyendo del lábio augusto 
Cuán noble, cuán grande y justo 
Es lidiar como esforzados. 



Hora de nuevo la suerte 
Del Mundo torna á jugarse, 

Y vá la Barbárie á hallarse 
De España ante el muro fuerte. 
Álzanse del polvo inerte 

El Cid, Gonzalo, Guzman, 

Y al contemplar á DON JUAN 

Y aquella potente Armada 
Ven su aspiración lograda: 
jPor siempre hundido el Islam! 

Tremendo estalla el combate, 

Y en la Galera Marquesa 
Parte demanda en la empresa 
Joven que la fiebre abate. 
En vano pretende acate, 



236 POESIAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

El Capitán, su mandato, 
Que el mozo, en noble arrebato, 
Dice que morir es ley 
Por su Dios y por su Rey, 

Y fuera, no hacerlo, ingrato. 

Luchando como un léon, 
De propia sangre cubierto, 
Cáe al fin... ¿acaso ha muerto 
En tan gloriosa ocasión?... 
Oh, no! para admiración 
Perenne, y gozo profundo, 
Su génio inmenso, fecundo, 
Aún un Libro ha de escribir, 

Y por él ha de vivir 

Cuanto España y cuanto el Mundo. 



23 de Abril de 1872. 



ODAS Y CANCIONES 



237 



Á MI HIJA 
MARÍA DE LOS DOLORES. 

Hija del alma, Cándida azucena 
Que aún al Mundo sus pétalos no abrió, 
El Cielo quiera de virtud y dicha 
Colmar tu vida, cual le ruego yó. 

Sólo Dios puede, en su poder inmenso, 
Tan altos bienes al Humano dar, 
Mas á éste, en cambio, merecerlos toca, 
Y, ante Dios, merecer es alcanzar. 

Benigno el Hacedor fúlgida llama 
De clara inteligéncia en tí encendió, 
Y, rico engarce á tan preciada joya, 
De púdica belleza te dotó. 

Sírvate aquella de segura guía 
En la azarosa senda mundanal, 
É inútiles serán los torpes lazos 
Que á tus grácias tender osáre el Mal. 

De las pasiones nunca á la veheméncia 
Entregues tu inocente corazón, 
Piensa que sólo consejera debe 
De quien es racional ser la razón. 



238 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

La paz de la conciéncia es para el alma 
La paz suprema, el soberano bien, 

Y á más al rostro su reflejo envía 

Y es la belleza física también. 

Así tu encanto y tu ventura cifra 
Dicha tan inefable en conseguir, 

Y así también las Celestiales puertas 
Verás un día ante tu paso abrir. 

Ni olvides que en sus dones quiso el Cielo 
Hacerte el de una Madre sin rival; 
Ella tu ejemplo y tu dechado séa, 
Y, en el mar de la vida, tu fanal. 

Sé dulce, sé modesta, como cumple 
Ser á quien tiene, cual sucede á tí, 
Do quier modelos de virtud, que brillan 
Como brilla entre esmaltes el rubí. 

Hija del alma, de mi lábio amante 
Siempre escucha el acento paternal; 
Mi bendición recibe, y la Divina 
Baje sobre tu frente virginal. 



6 de Agosto de 1876. 



ODAS Y CANCIONES 



239 



Á LA DUQUESA 

DE ALMODÓVAR DEL RIO. 

Si el mirarte hace gozar, 
También hace padecer, 
Que, al cabo, duele pensar, 
Un tesoro al contemplar, 
Que nuestro nunca ha de ser. 

Enero de 1876. 
Á LA INSPIRADA POETISA 

DOÑA CAROLINA DE SOTO. 

TUS CABELLOS. 

Es tu blonda cabellera, 
Sedosa, espléndida, rica, 
Corona que dignifica 
Y completa tu beldad; 
De tu claro ingénio emblema, 
De tu talle régio manto, 
De quien te contempla encanto, 
Don de la Excelsa Bondad. 

17 de Agosto de 1883. 



24O POESIAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á MI SOBRINA ELVIRA. 

Es alto don la beldad, 
Que Dios á pocos concede, 
Pero el ingénio le excede, 

Y en más grado la bondad. 
Es también la calidad 

Joya que aún valor conserva, 

Y á la riqueza reserva 

Tal mágia, ciego, el Humano, 
Que en sus delirios, insano, 
Prefiere Pluto á Minerva. 

En tí lucen estos dones, 
Pero ninguno te engría, 
Bienes son que Dios envía, 
No de tu sér creaciones. 
Mas si de cien corazones 
Ser dueña quieres, y santo 
Gozo inspirar, y que el llanto 
Nunca á tus ojos dé pena, 
Prefiere á todo ser buena 

Y de los tuyos encanto. 

Enero de 1878. 



ODAS Y CANCIONES 24I 



LOS VERDADEROS SOLDADOS. 



De nuestra excelsa Patrona 
Hoy es el glorioso día, 

Y de la Fé, que encendía 

Su pecho, el nuestro blasona. 
Ella, espléndida corona 
Vio su frente circundar; 
Nosotros, al invocar 
Su nombre en la lid más ruda, 
De ella esperamos ayuda 

Y otra Corona alcanzar. 



Corona, cuyo esplendor 
Nada puede oscurecer, 
Y que no es dado obtener 
Sin virtud y sin honor. 
El sufrimiento, el valor, 
La rígida disciplina, 
Sin la cual ni se imagina 
Que existir puedan Soldados, 
Son los florones preciados 
De joya tan peregrina. 

16 



242 POESÍÁS DE FERNANDO DE GABRIEL 

«Los que no marchan conforme 
»Á obediencia y sujeción 
»No son Soldados, que son 
«Bandidos con uniforme.» 
Dijo un Vate, y el que forme 
De la Pátria en las Legiones 
Las magníficas razones 
De quien como el Sol lucía 
Tenga por Norte y por guía. 
¡No más torpes rebeliones! 

La Cruz, Enseña Divina, 
Que en Las Navas y en Lepanto 
Fué del Musulmán espanto 

Y de su ímpério rüina; 
La Cruz, á cuya doctrina 
Su dignidad debe el hombre, 

Y la mujer, que su nombre 
No signo de esclava séa, 

Y que aquel por ella créa 

Y gloria alcance y renombre, 

Es la Insignia que mirámos 
En nuestro Pendón brillar, 
La misma con que al triunfar 
Nuestro pecho honrar ansiamos. 
La Paz con ella alcanzámos 



ODAS Y CANCIONES 

Al retumbar del cañón, 
Y débenos la Nación 
Su honor, su prosperidad, 
El hogar su integridad, 
Su culto la Religión. 

¡Viva España! ¡Viva el Rey 
Es nuestro grito de guerra, 
Grito que un tiempo la Tierra 
Oyó cual suprema Ley. 
Ser de la Española Grey 
Firme, impenetrable escudo, 
Lograr que, de asombro mudo, 
El Orbe en nosotros véa 
Alto esfuerzo en la peléa, 
Nunca al vencido sañudo, 

Es la ardiente aspiración 
Que nuestro entusiasmo excita, 
La que conmueve y agita 
Nuestro fuerte corazón. 
De esta preclara Nación 
Nuestro pátrio amor quisiera 
Que un día dado nos fuera 
Los lindes ver dilatados, 
Y morir, si no, abrazados 
Á la Cruz de su Bandera. 

4 de Diciembre de 1882. 



244 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á LOS ILUSTRES REPRESENTANTES 

EN MADRID 

DEL EJÉRCITO PORTUGUÉS 

EN LA VELADA QUE CELEBRÓ EN HONOR SUYO 
EL CENTRO MILITAR ESPAÑOL. 

Hoy de dos Pueblos Hermanos 
Aquí sellamos la unión, 

Y á impulsos del corazón 
Estréchanse nuestras manos. 
Nunca Destinos tiranos 
Rompan tan santa Alianza, 

Y en Dios puesta la esperanza, 
La mente en nuestros Anales, 
Con hazañas inmortales 
Mostremos á cuánto alcanza. 

¡Exígelo nuestra historia! 
¡De Juanes y de Manueles, 
De Fernandos é Isabeles 
El siglo de eterna gloria! 
¡Jamás humana memoria 
Recuerda mayor alteza: 
Una tras otra proeza 
Brotar do quiera contemplo, 

Y de la Fama en el Templo 
No cabe tanta grandeza! 



ODAS Y CANCIÓNÉS 

Si la Tierra se duplica 
No á Extraños Pueblos se debe; 
Que, hallando su extensión breve 
El nuestro, la multiplica. 
Nación ninguna más rica 
Herencia legara en dón, 
Que aquellas que por blasón 
Leones y Quinas ostentan, 

Y á la admiración presentan 
Del mundo á Gama y Colon. 

Y ya completa la Esfera 
De circundarla hallan modo, 
Que, cuando hecho no está todo, 
Juzgan que nada se hiciera. 

El paso que al Sur se abriera 
Cruza audaz un Lusitano, 
Con él surca el Occeáno 
Un Español más dichoso, 

Y se hace el nombre famoso 
De Magallanes y Elcano. 

Y tanta nueva región 
Hay luego que conquistar, 

Y allí también que implantar 
La Cruz de la Redención. 
Una y otra gran Nación 



246 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Á Alburquerque y á Cortés, 
De quien propio el triunfar es, 
Tan alto empeño confían, 
Y aquellos que combatían 
Alfombra son á sus piés. 

Si de España y Portugal 
Tal la misión resplandece, 
Que á nuestros ojos se ofrece 
Cual obra providencial, 
Brillo que no encuentra igual 
Lanzan sus Letras radiantes, 
Pues los que mas arrogantes 
Sus glorias más grandes ajan, 
Callan y la frente bajan 
Ante Camoens y Cervántes. 

Y si un dia malhadado 
El buen Rey Don Sebastian 
Del acero musulmán 
Despojo fué infortunado, 
Herrera, en estro indignado, 
Su venganza profetiza; 
Como después eterniza 
Calderón á aquel Infante, 
Príncipe en la Fé constante, 
Que el Bárbaro martiriza. 



ODAS Y CANCIONES 

Alcemos, pues, nuestra frente 
Con noble y gallardo brío: 
El antiguo poderío 
El pecho inflame y la mente. 
Unidos, empresa ingente 
No habrá á nosotros extraña, 
Y, al dar cima á cada hazaña, 
Grande hagamos y acatado 
De nuevo el nombre sagrado 
De Portugal y de España. 

28 de Mayo de 1883. 



248 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



A VICTOR HUGO. 



Si tu voyais une Anémone, 
Languissante et prés de périr, 
Te demander comm'une aumóne 
Une goutte d'eau pour fleurir; 

Si tu voyais une Hirondelle, 
Un jour d'hiver, te supplier, 
Á ta vitre battre de l'aile, 
Demander place á ton foyer, 

L' Hirondelle aurait sa retraite, 
L' Anémone sa goutte d'eau: 
Pour toi, que ne suis-je, ó Poete! 
Ou l'humble Fleur ou Phumble Oiseau! 

PlERRE DUPONT (32). 



ODAS Y CANCIONES 249 



Á VICTOR HUGO. 

TRADUCCION DEL ORIGINAL FRANCÉS 
DE PEDRO DÜPONT. 

Si una Anémona miráses 
Que á punto ya de morir, 
De agua una gota anhelaba 
Para lozana vivir; 

Si con las alas batiendo 
De tu ventana el cristal 
Pidiera una Golondrina 
Tu amparo en día invernal, 

Tuviera el Pájaro asilo, 
La Flor el agua que ansió: 
¿Por qué para tí, oh Poeta, 
Flor ó Ave no soy yo? 



ELEGÍA. 



ELEGÍA 



253 



EN LA MUERTE DE TASSARA. 



Oh, nó! Su limpia mirada 
No más hallará la nuestra 
Ni ha de prestarnos su diestra 
Sostén en esta jornada. 
De su existencia, tronchada 
Cuando aún sazonado fruto 
Dar debía, sólo luto, 
Y desolación, y muerte, 
Nos restan, que, polvo inerte, 
Pagó ya el común tributo. 

Tassara no existe!... ¡Arcano 
Que el hombre á explicar no acierta! 
¿Á qué, si la muerte es cierta, 
Al Mundo viene el Humano? 
Ese Poder Soberano, 
Sábio, inmortal, infinito, 
Cuyo nombre se halla escrito 
En la ñor y el firmamento, 
¿Por qué vida y pensamiento 
Dá en la Tierra á lo finito? 



254 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Y si de un Mundo anterior 
La existencia el hombre ignora, 

Y no es ley que purgue ahora 
Culpas de que no es autor; 

Si de su afición señor 
No se encuentra, ni en su hechura 
Parte tuvo, ni en él dura 
Memoria de pacto alguno, 
¿Cómo emplazar á ninguno 
Para una vida futura? 

Abismo en que la razón 
Se confunde y se anonada, 

Y ante el cual, ó álzase airada 
De protesta en fiero son, 

Ó en su misma confusión 
Halla sólo en la Fé amparo, 

Y en sus aras cuanto es caro 
Á su pecho deposita, 

Y á mirar la Fé le excita 
Lo incomprensible, ya claro. 

¡Extraña contradicción 
La que nuestro sér encierra, 
Mas que muestra que en la Tierra 
La vida sólo es prisión! 
Así, cuando el corazón, 



ELEGÍA 

En conjunto, perdurable 
Verla ansia, luego, instable, 
En cada caso el mortal, 
Quisiera, con ánsia igual, 
Que abreviarla fuera dable. 

¡Cuán triste la Humanidad! 
¡Siempre sangre, siempre horrores, 
Siempre insaciables furores! 
¡Tal su historia en toda edad! 
Corriendo tras la verdad 
Sólo alcanza la mentira. 
¿Quién la mueve? ¿Qué la inspira? 
¿Por qué en el mal se complace 
Cuando en torno brotar hace 
Dios el bien porque suspira? 

Mas detén ¡oh mente mía! 
El tropel de pensamientos 
Que indómitos, turbulentos 
Luchan entre sí á porfía. 
Ni un punto la razón fría 
Puede sola calma darte, 
Que, ante el tremendo Estandarte 
De la Duda, muerta el alma 
Muere con ella la calma: 
¿Qué entonces puede alentarte? 



256 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Dichoso tú que á la altura 
Ya, Vate ilustre, ascendiste, 

Y ya el fuego en que bebiste 
La inspiración en tí dura. 
Tú, con inmensa ventura, 
La eterna Verdad conoces: 
¡Ruega á Dios porque veloces 
Nuestras dudas desparezcan, 

Y fructifiquen y crezcan 
De vivida Fé los goces. 



1876. 



ROMANCES. 



17 



ROMANCES 



259 



Á LA EMINENTE POETISA 

DOÑA GERTRUDIS GOMEZ 

DE AVELLANEDA. 
MONÓLOGO. 
& 

Dícenme que versos ponga 
En el Album del Candil, 
Y en verdad que en un aprieto 
Cual este nunca me vi. 

Yo, que jamás en las aras 
Del Ex-Dios que en el réir 
Cifró la dicha suprema 
Que gozarse puede aquí, 

En este que otros. llamáron 
Valle de lágrimas mil, 
Viéndolo al través sin duda 
De su ciencia ó de su esplin, 

Deposité ni una ofrenda, 
Valiosa ni baladí, 
¿He de provocar ahora 
De la risa el frenesí? 



2Ó0 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

¡Tamaña empresa me abruma 

Y abrumara á un Amadís, 

Y de la Tabla Redonda 
Al más bravo paladín! 

¿Por qué, si es tal el intento, 
No dirigirse á Rubí, 
Cuyos versos andaluces 
El ceño hacen desfruncir; 

Ó á la pluma juguetona, 
Que á Marcela y Don Martin, 

Y á Don Frutos Calamocha 
De tal modo describir 

Supo, con gracejo tanto, 
Que Moliere y Moratin, 
No hallan émulo más digno 
Del Newa al Guadalquivir? 

Rebélome pues, que al cabo 
Estaré al obrar así 
En carácter, que otra cosa 
No dá la época de sí. 

Y á bien que nádie de ingrato, 
Ni desleal, ni malsin 
Podrá tacharme, que nunca 
Favor alguno debí 

Al dueño del Album ¡como 
Que ni tan solo entrevi 
Su figura, ni oí su nombre, 
Ni sé si vive en Pekín! 



ROMANCES 

Resuelto estoy: no hago un verso, 
Ni quiero el Album abrir ; 
Mañana muy tempranito 
Se lo devuelvo á Luís. 



II. 



¡Es mucho! ¡Que ha de estar uno 
Á merced de Don Joaquín, 

Y Doña Ana y Don... Cualquiera, 
Que se le antoja exigir 

Que sin gana, y contra viento 

Y maréa, y hasta sin 
Conocer á la persona 

Se ponga usted á escribir; 

Y diga, si el dueño es dueña, 

Y féa, y como Pipí, 

Que es más discreta que Stáel, 

Y más que Elena gentil; 

Y si es hombre, que en el mundo. 
Desde que murió David, 

No hubo inspiración más alta, 
Ni un ingenio más sutil! 

Y si usted escribe en sério 
Ha de hacer el Arlequín, 

Y si á lo Alcázar, Heráclito 
De tipo le ha de servir! 



2Ó2 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Nada, lo dicho, este Album 
De Album no sale por mí, 

Y siga por siempre siendo 
Rival de las Once Mil. 

Pero ¿y Vidart? ¡De seguro, 
Al saberlo, ha de decir 
Que por qué desde un principio 
Mi intento no le advertí... 

Pues ¡qué diga lo que quiera, 
Ni una letra he de escribir! 
¡Vayan noramala el Album 

Y mi nécio compromí...! 
¡Demonio! ¡Ni acabar pude! 

Del envión que le di 

Fué el libro hasta el borde mismo 

De la Mesa... ¡Por San Gil! 

¡Si ligero como un rayo 
Sobre él no voy, al jardin 
Vuela, y se pone precioso, 
Ó se hace pedazos mil! 

¡Mal hayan los génios vivos! 
Pero ¡qué remedio! así 
Me hizo Dios, y no hay escape 
Miéntras me dure el vivir! 

Y el libro se ha abierto! Vaya, 
Puesto que yo no lo abrí, 
Con intención por lo ménos, 
Veamos... mas, ¿qué leí? 



ROMANCES 



III. 



Qué nombre es este? ¿De Tula 
Es el Album? San Quintin 
No vio nada comparado 
Con la que va á armarse aquí. 

Vidart de todo es culpable 
Por no aclararme!... ¡He de ir 
Á verle, y he de ponerlo 
Como hoja de peregil! 

¿Si yo hubiera sospechado 
Quién era el dueño ¡ay de mí! 
Cómo negarme ni un punto 
Á deséo tan feliz? 

Tan feliz, sí, porque honrando 
Á Gertrudis me honro á mí, 
Y uniendo mi nombre al suyo 
Lo hago inmortal porque sí. 

Y séa en broma ó en sério, 
En Español ó en Latín, 
De palabra ó por escrito, 
En verso ó en prosa vil, 

Puedo afirmar sin reparo, 
Pues lo afirmo sin mentir, 
Que la siempre ilustre autora 
De Saúl, Guatimozin, 



264 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

Y Baltasar; la que aclaman, 
De los Andes al Ceñís, 
Por dechado de Poetas 
En esta tierra del Cid, 

De elogios tantos es digna 
Como greñas lleva el Sil, 
Y el homenaje merece 
De cuantos sientan latir 

Un corazón bien templado 
En su pecho, y aquel quid 
En su mente con que Horacio 
Quiso inspiración decir. 

Voy pues, sin darme reposo, 
De la Hija del Yumurí 
En justo honor... Mas ¿qué puedo 
Á lo ocurrido añadir?... 

Cierto! con narrarlo basta. 
Cojo la pluma, y aquí, 
En estas nítidas hojas, 
Doy á tal empresa fin. 



Hecho ya está, bella Tula, 
Y ahora me toca pedir 
Que esta humilde ofrenda mía 
Encuentre indulgéncia en tí. 



Enero de 1870. 



ROMANCES 



265 



Á RAFAELA, CÁRMEN Y VICTORIA 

PONCE DE LEON. 



Tres son las grandes Virtudes, 
Tres las Poténcias del alma, 
Tres las Grácias del Olimpo, 
Tres grupos las Nueve Hermanas, 

Y tres sois vosotras, Niñas, 
Que en la tierra jerezana 
Generosa por sus vinos, 
Siempre esforzada en las armas, 

Y cuyas hijas son gloria, 

Y encanto, y gala de España, 
Renovando aquella cifra 
Sois también suma abreviada 
De tan raras perfecciones, 
De cualidades tan altas. 

Enero de 1878. 



266 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á LA CATHÉDRALE DE CORDOUE. 



Forét splendide aux troncs de marbre et de porphyre, 
Cathédrale-Mosquée, étrange monument, 
Pour t'élever un Dieu seul ne pouvait suffire, 
Et deux ont mis la main á ton achévement. 

C'est toi qui réunis, par un prodige unique, 
Dans ton enceinte inmense, oú l'aeil va s'égarant, 
La colonne mauresque au pilier catholique, 
Jésus á Mahomet, l'Evangile au Coran. 

Des deux Religions laquelle icí l'emporte? 
Pour faire son salut quel est le bon chemin? 
Laisserai-je, en entrant, ma babouche á la porte? 
Ou dans le Bénitier dois-je tremper ma main? 

Ernesto Boysse. 



a Juin 1875. 



ROMANCES 



267 



A LA CATEDRAL DE CÓRDOBA. 

(traducción del original francés 
de ernesto boysse.) 

Espléndido bosque de pórfido y mármol, 
Iglésia-Mezquita, portento sin par, 
Á alzarte, dij érase, que un Dios no bastaba 
Y en tí dos pusieron su mano inmortal. 

Tán sólo en tí se unen, por raro prodigio, 
En esa tu mole, que el vértigo dá, 
Pilares cristianos á moras columnas, 
Jesús á Mahoma, la Biblia al Coran. 

De entrambas Creencias, ¿aquí cuál domina? 
¿Cuál de estos caminos salvarme podrá? 
¿Descalzo á tus puertas habré de postrarme? 
¿O en agua bendita mi mano bañar? 



SONETOS. 

I 



SONETOS 



271 



LAS CARTAS DE MIS AMIGOS 
DE ESPAÑA. 

(TRADUCCION DEL ORIGINAL ALEMAN DE MR. JUAN FASTENRATH, 
POETA INSIGNE, 
ESCRITOR INFATIGABLE Y ENTUSIASTA HISPANÓFILO.) 

Más feliz soy que Creso, su riqueza, 
Sus goces nada valen comparados 
Con los de mí jamás harto preciados 
Por su Celeste influjo y su grandeza. 

Ni excédenles de Lasso, en la terneza, 
Á Flérida los Cantos celebrados, 
Ni del Tasso á Leonor los inspirados 
Versos logran vencerles en alteza. 

Y lo que dicha tanta me procura, 
Y es más grato á mi pecho que á Abelardo 
De Eloísa las Cartas, y en sí entraña 

Del Petrarca la llama excelsa y pura, 
Las Cartas son, ¿por qué en decirlo tardo? 
De mis Amigos de la noble España. 

4 de Setiembre de 1872. 



272 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



A LA CÉLEBRE ESCRITORA 

MARÍA BONAPARTE WYSE RATAZZI 

Y AL DISTINGUIDO INGENIERO 

LUIS DE RUTE, 

EN SUS BODAS. 

España, Fráncia, Itália en este día 
En vínculo feliz de amor se estrechan, 

Y la Discordia y el Error, que acechan, 
Huyen como ante el Sol la noche umbría. 

Hoy unida la augusta Poesía 
Á la Ciéncia inmortal frutos cosechan, 
Que ya cuidados y temor desechan 

Y esposos tiernos son Luis y María. 
¡Plácida unión, que la Latina Gente, 

Símbolo de la suya victorea 
Con ardoroso afán, con voz ingente! 
¡Dichosa una y mil veces siempre séa, 

Y nunca el Mundo en vuestra noble frente 
La huella del dolor marcada véa! 



19 de Enero de 1880. 



SONETOS 



273 



EN LA CONMEMORACION 

DE LA MUERTE DE AYALA. 



¡Epitalámio ayer, hoy Elegía! 
¡Cuán fiel trasunto de la vida humana! 
¡Tras la risa el dolor, la muerte insana 
Alzándose implacable en nuestra vía! 

Ayer ante nosotros contraía 
Lazo fecundo, Musa Soberana, 
Hoy á juntarnos vá suerte inhumana 
De un Vate insigne ante la Tumba fría. 

¡Ayala, noble Amigo, jamás, nunca 
Tu mano tornará á estrechar la nuestra 
Ni á fijarse en nosotros tu mirada! 

Mas, si la vida material se trunca, 
Subsiste el alma, que de Dios la diestra 
Lugar marcóle en su eternal Morada! 

20 de Enero de 1880, 



18 



274 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á CALDERON 

EN EL SEGUNDO CENTENARIO 
DE SU MUERTE. 

Cuando el Poder Hispano su balumba 
Ya á sostener no alcanza, y desde el Rheno 
Al Mar de Luso y al confín Tirreno 
Con pavoroso estruendo se derrumba; 

Y ábrese á devorarlo inmensa tumba, 

Y de asombro y espanto el Orbe lleno 
Escucha absorto el asordante trueno 
Que en el espácio sin cesar retumba, 

Álzase Calderón, y por él vive 
La fé, y la gloria, y el honor de España, 

Y de sus claros hijos la hidalguía. 
Así hoy su génio apláusos mil recibe 

De la Española Gente y de la Extraña, 

Y así humilde le ensalza la voz mía. 



Mayo de 1881. 



SONETOS 



275 



Á LA RECONSTITUCION 

DE LA 

NACIONALIDAD IBÉRICA. 



AL CORONEL D. LUIS VIDART, 

POETA, FILÓSOFO É IBERISTA. 

No su lumbre negar quiera á mis ojos 
El claro Sol, sin que alcanzarla véa, 
Y que, alcanzada, indestructible séa, 
Aunque al audaz Britano cáusa enojos. 

Sólo así de dos Pueblos los sonrojos 
Cesarán, y al impulso de alta icléa 
Una gran Nación más habrá Européa, 
Con Gibraltar y Tánger por despojos. 

Mas, si fin tan glorioso ha de lograrse, 
No merced á la amarga violéncia 
De fratricida lucha ha de alcanzarse. 

¡Ceda esta vez de Destrucción la Ciéncia! 
jDe España y Portugal el santo lazo 
Fruto ha de ser de fraternal abrazo! 

4 de Octubre de 1882. 



276 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



ESPAÑA 

Y LAS REPÚBLICAS HISPANO- AMERICANAS. 

De Cervantes la Léngua, eterna vive 
En ellas, é igual Fé, y en vano quiere 
Su influjo contrastar quien pretendí ere 
La unión romper que lazo tal prescribe. 

Hijas y Madre son: no se concibe 
Razón alguna que su amor altere, 
El golpe que á la más lejana hiere 
El corazón de todas lo recibe. 

Colon, Cortés, Pizarro, los Pinzones, 
De América y España á un tiempo mismo 
Son glorias, que eternizan sus blasones; 

Y en aras de su génio y su heróismo, 
De Isabel y Bolívar las Naciones 
Juzguen su mutuo afecto patriotismo. 



22 de Noviembre de 1883. 



SONETOS 



277 



AL PRÍNCIPE IMPERIAL 

DE ALEMANIA, 
EN SU VISITA Á LA CORTE DE ESPAÑA. 

¡Príncipe, bien venido! te saluda 
Hoy por mi lábio la gloriosa España, 
La que en una y en otra audáz campaña 
Europa contempló, de asombro muda. 

Si la suerte después le fué sañuda 

Y sus laureles triste duelo empaña, 
Luz de esperanza ya su Cielo baña, 
Que un Rey digno de serlo dále ayuda. 

Nádie cual tú apreciar su gloria puede, 
Que vencedor en cien combates fuiste, 
Fama alcanzando que á ninguna cede. 

Y pues á España visitar quisiste, 
Ella tu mano estrecha agradecida, 

Y á su saludo su amistad vá unida. 



23 de Noviembre de 1883. 



278 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



Á ISABEL LA CATÓLICA 

en la Erección del Monumento 
que le dedica el püeblo de madrid, y en el cual figuran, 
ademas de su estatua, las del cardenal mendoza 
y el Gran Capitán. 

De Alfonsos y Fernandos heredera 
Y de un Monarca insigne egrégia Esposa, 
Fuiste la Soberana más gloriosa 
Al ser entre Isabeles la Primera. 

Tú de la Reconquista la postrera 
Piedra pusiste, y una y victoriosa 
Á España haciendo, grande y portentosa 
Aún más la hiciste al completar la Esfera. 

Nunca la Historia olvidará tu nombre; 
Como recuerda, de respeto llena, 
De Fé al dechado, de la Guerra al rayo: 

Y Monumento de eternal renombre 
Alza en tu honor, y el ánimo enagena, 
Hoy el Pueblo inmortal del Dos de Mayo. 



28 de Noviembre de 1883. 



279 



NOTAS. 

(i) Pocos meses después de honrarme D. Luis Segundo Hui- 
dobro con el magistral Prólogo que encabezó la primera Edición de 
estas Poesías y que encabeza la presente, entregó su alma al Criador, 
víctima de una enfermedad que no perdona. Su muerte fué en Se- 
villa un verdadero duelo público. Séame permitido consignar aquí, 
como último homenage á su memoria y nuevo testimonio de la 
profunda gratitud de mi corazón, la Advertencia con que, á mi vez, 
encabecé la Colección de sus Obras Escogidas, publicadas en 1870, 
á propuesta mía, por la Real Académia Sevillana. Héla aquí: 

«A expensas de su familia, tan cariñosa como ilustrada y en la 
que la grata memoria del malogrado D. Luis Segundo Huidobro 
se conserva como una religión, publica hoy las Obras de éste la 
Real Académia Sevillana de Buenas Letras, de la cual fué Indivi- 
duo Numerario y uno de los mejores ornamentos. 

»Cabe á quien esto escribe la satisfacción de haber iniciado la 
idéa de hacerlo, y la honra, no por inmerecida ménos halagüeña, 
de haber recibido de la Académia el encargo de llevarla á cabo. 
Para corresponder, si nó como debía, al ménos hasta donde me ha 
sido dable, á la confianza en mí depositada, he hecho cuanto ha 
estado á mi alcance, sin perdonar diligéncia para que la Colección 
que se dá á la estampa fuera lo más selecta posible, y, dentro de 
esta circunstancia, todo lo completa deseable. Al formarla he te- 
nido presente la oportuna frase de un moderno y esclarecido Escri- 
tor, hijo de este suelo, D. Joaquín Francisco Pacheco, de que res- 



28o POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

pecto á las Obras postumas ordenadas por otros que sus autores, 
siempre habia sido amante de las escogidas, nunca de las comple- 
tas. No puede en verdad ser digno de aplauso que guiándose por el 
solo critério de publicar cuanto un Escritor ha producido, se dé ca- 
bida en la Colección de sus Obras á aquellas que él tenía justamen- 
te relegadas al olvido, y que no hubieran unas visto nunca la luz 
ni otras hubieran aparecido de nuevo, á ser él quien hubiese di- 
rigido la edición. Presentar como gran hallazgo, un trabajo in- 
forme 6 que séa el primer débil bosquejo de un cuadro acabado y 
perfecto que haya conquistado imperecederos laureles á su afortu- 
nado creador; publicar, oscureciendo con ello la justa fama de un 
hombre de letras avezado yá á alzarse á las más elevadas regiones, 
aquellos primeros y vacilantes ensayos en que empezó á ejercitarse 
su numen, incurriendo en los errores y defectos hijos de la inexpe- 
riéncia inherente á todo principiante; reproducir lo que destituido 
de verdadero interés sólo fué debido á circunstancias del momento, 
y pasadas éstas dejó de tener toda importancia y hasta se quisiera 
no haberlo escrito, podrá ser muy del agrado de un Bibliómano, 
que, á trueque de creerse un nuevo Colon de otro Nuevo Mundo, 
no vacile en amenguar la reputación de aquel á quien de este modo 
sacrifica ante la posteridad; pero de seguro no hallará grácia ante 
la verdadera crítica, ni merecerá otra cosa que la unánime repro- 
bación de cuantos realmente se interesen por la gloria del Escritor 
así maltratado. 

»De tal escollo he procurado huir, y créo haberlo conseguido sin 
dar en el opuesto, no ménos temible, de omitir la publicación de 
cosa alguna que pudiera contribuir á enaltecer la memoria del dig- 
no hijo de Sevilla, cuya prematura pérdida lamentan con ésta y la 
Académia, sus amigos todos, y, de seguro, cuantos léan sus Obras. 

Nada me toca decir acerca del mérito de éstas ni de la vida 
ejemplar del que les dio el sér, y que á par de Escritor distinguidí- 
simo, era pensador profundo, católico ferviente, gran ciudadano y 



NOTAS 28l 

modelo de hijos, de esposos y de padres. La sincera amistad que á 
él me unía y la obligación de pagar como es propio de corazones 
agradecidos la muestra de esa misma amistad con que quiso hon- 
rarme, escribiendo cuatro años há el magnífico Prólogo con que 
avaloró mis Poesías, así me lo ordenaban; pero títulos más prefe- 
rentes que los míos me lo han vedado, ganando al propio tiempo 
no poco en ello la buena memoria de Huidobro. 

»E1 Sr. D. José Fernández-Espino, Director dignísimo de la 
Académia, en concepto de tal y en el de Catedrático, después del 
ilustre Lista, del amigo que lloramos, impulsado además por la 
obligación estrecha que le imponía el haber merecido de éste, an- 
tes que otro alguno, que encabezára con un Prólogo, por todo 
extremo interesante, sus notabilísimos Estudios de Literatura y de 
Crítica, era el llamado á escribir el de esta Colección, en que ha- 
bían de tener su lugar propio los juicios acerca del Autor y de sus 
producciones. 

•Así lo ha hecho con la galanura de estilo y elevación de pensa- 
mientos que resplandecen en cuanto nace de su docta y elegante 
pluma. Páginas adelante hallarán tan sabroso pasto los lectores. 

»He cumplido por lo que á mí toca, consignando, como lo he 
hecho, la causa de esta publicación y la manera cómo ha sido rea- 
lizada, y al ejecutarlo no me ha movido vano deséo de llamar sobre 
mí la atención de quien leyere, sino la obligación de correspon- 
der al encargo de la Académia, y de dar este testimonio de inolvi- 
dable recuerdo al infortunado Huidobro, cuyo nombre ocupará dig- 
no lugar entre tantos insignes hijos de Sevilla como la han ilus- 
trado, y cuya rectitud y cuya ciencia hoy más que nunca se echan 
de méno3.» 

(2) De las Poesías que forman la primera Parte de esta Colec- 
ción, son muy contadas las que no aparecen en ella tales como 
vieron la luz en la primera Edición que por sí solas constituían. 



282 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

En algunas, muy pocas, he introducido ligeras variantes, y sólo 
ésta, publicada por vez primera en 1856, y después, con la presen- 
te, hasta otras siete, cada una más ampliada, ofrece, en su virtud, 
notables diferéncias; llegando el número de sus versos á ser mayor 
de doble que el primitivo, y siendo más de triple que en un princi- 
pio el de los Vates-Militares en ella conmemorados. 

No he creido, sin embargo, procedente introducir en su texto 
variantes de tal índole que desnaturalizásen su significación res- 
pecto á la época en que primeramente vio la luz, despojándola así 
de su verdadero y genuino carácter; como acontecería si á los nom- 
bres de los Soldados-Poetas que brillaron en los pasados tiempos y 
á los de quienes á la sazón brillaban, añadiese ahora los de aque- 
llos que desde entonces han florecido. 

Pero ya que, por la indicada razón no pueda hacerlo, complázco- 
me por extremo en aprovechar la ocasión que me ofrece esta Nota 
para consignar que, tanto el ilustre Autor del Diario de un Testigo 
de la Guerra de Africa, D. Pedro Antonio de Alarcon, y el dis- 
tinguido Director de La Ilustración Militar, D. Arturo Zancada, 
como los Sres. Aguirre de Tejada, Alcon, Alvear, Araujo, Arráez, 
Atáide, Bonafós, Cano (D Carlos y D. Leopoldo), Capdepon, Ca- 
senave, Cebállos Escalera, Cebállos Quintana, Cervilla, Cospedal, 
Cotarelo, Espina, Estévanez, Fuéntes-Bustillo, Gamayo, García del 
Canto, García Samaniego, García Vivanco, González Serrano, 
Hermúa, Hernández Pérez, Hernández Raimundo, Lapoulide, La 
Serna, Latorre, Llános, Madariaga, el Marqués de Medina, Martin 
Arrúe, Moya, Negrin, Novo, Olavarría, Olave, Olive, Ordax, Or- 
tiz de Pinedo, Pardo, Prieto, Rodríguez García, Romero Quiñones, 
Saenz de Urraca, Salazar del Valle, Suarez de Figueroa, Tavira, 
Tournelle (D. César y D. Felipe), Valverde, Velázquez Borda, 
Zamora y Zbikowsky, no ménos que los malogrados Díe Pescetto, 
González Iribárren, Hévia, López Carrafa, López Pinto (D. Juan), 
Macías Acosta, Mariátegui, Palacio, Prado, Seco y Shélly, Vicente 



NOTAS 283 

del Rey, Vida y Ximénez Cros, y otros y otros aún, son nuevo y 
elocuente testimonio de que el feliz consorcio entre las Armas y la 
Poesía es perdurable en nuestra Patria, y á él deben las Letras 
Españolas muchos de sus más preciados triunfos. 

Y una vez esto consignado, copio á continuación, en débil mues- 
tra de mi profundo agradecimiento á sus Autores, tan excesivamen- 
te benévolos para conmigo, la Carta que mi distinguido amigo el 
Excmo. Sr. D. Federico Villalva, me dirigió en el Periódico de su 
dirección El Cronista, al aparecer la primera Edición, hecha en fo- 
lleto especial, de La Espada y la Lira, y que sirvió de Prólogo á 
la últimamente publicada en igual forma; así como las que res- 
pectivamente me escribieron en esta postrera ocasión los dos ilus- 
tres varones en que hoy se personifica la más alta representación 
de la gloriosa concordia de las Armas y las Letras, los Excmos. Se- 
ñores D. Juan de la Pezuela, Conde de Cheste, Capitán General de 
Ejército y Director de la Real Académia Española, y D. Antonio 
Ros de Olano, Marqués de Guad-el-Jelú, Teniente General de Ejér- 
cito y Ex-Ministro de Instrucción Pública. 

Dicen así dichas cartas: 

i. 

SOLDADOS POETAS. 

«Excmo. Sr. D. Fernando de Gabriel y Ruiz de Apodaca, 
»Mi estimado amigo: Ya habrán dicho á Vd. que se nos ha con- 
cedido licéncia á los Conservadores para saber algo y valer algo; 
con lo cual bien puede decir, aunque ofenda su modéstia, q^e es 
usted un Conservador de los que debieran estar siempre en la 
Oposición, ilustrando, como lo hace, las Letras Castellanas, y ga- 
nando honra para aquellos correligionários suyos que, ni con per- 
miso de los Filósofos de la última postura, servimos para nada. 
»Déme Vd., pues, amigo y antiguo compañero de Congreso, 



284 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

unos pocos de los muchos aplausos que merece por un Opúsculo 
que, en estos momentos, llega á mis manos, y que, con ser peque- 
ño, llena, sin embargo, el objeto grande á que va destinado. Ha- 
blo de la Epístola poética que, con título de La Espada y la Lira, 
dirige Vd. al Coronel Marqués de Casa Arizon, excitándole al 
ejercicio de la Poesía. 

«Consejo extraño, á la verdad, en estos tiempos, si no supiése- 
mos Vd., y yo, y otros muchos tan redomados Conservadores co- 
mo nosotros, que no está acaso lejano el renacimiento de nuestra 
Poesía Lírica: de aquella libre de trascendentalismos y de sentidos 
ocultos, con tanta prez cultivada por los Poetas de nuestro Siglo 
de Oro, y por aquellos otros que aún hemos conocido vivos en la 
tierra y ya entraron en la vida perpétua de la Historia. 

«Dar buenos consejos, y darlos en magníficos versos, ya es obra 
meritoria, tanto más cuanto es más digno de escucharlos el acon- 
sejado y cuanto él mismo puede hacer de ellos mejor uso. Pero 
predicar con el ejemplo, excitar al ejercicio de la Poesía á un Sol- 
dado, que puede beber de las aguas de Hipocrene sin dejar, lle- 
gado el caso, de pelear bizarramente; haciendo, para estimularle y 
despertar su afición, un viaje delicioso al Parnaso Militar, es cosa 
digna de mayor estima, Sr. D Fernando. 

«Porque, en resúmen, eso es lo que Vd. ha hecho: un viaje al 
Pindó Guerrero Español, donde tiene su puesto señalado, y no por 
cierto de los ménos eminentes. Se ha convenido en que aquellos 
lugares no sean ocupados en definitiva por los Poetas vivos; y por 
eso Vd. ha ido allá y ha vuelto á decirnos, por medio de su Epís- 
tola, quiénes y cuántos son los que, sobre la corona de encina 
propia del varón fuerte, ciñen también el laurel del Poeta. 

«Y son muchos en nuestra Pátria, según dicen los versos que 
acabo de leer. Pero ¿cómo hubiese podido ser de otra manera en 
tierra cual la nuestra, donde el batallar ha sido ejercicio perenne 
y el amar parece eterna obligación? Este pueblo nacia soldado y 



NOTAS 285 

nacia poeta: ¡qué tiene de extraño que cuente á centenares los que 
han manejado al propio tiempo la pluma y el mosquete, ó la espa- 
da y la lira, como Vd. escribe? 

• Aseguran que vamos atrasados en el conocimiento de las Cien- 
cias utilitarias — llámelas Vd. útiles, si juzga que el adjetivo las 
ofende, — y no lo niego, por consecuéncia de la grande inclinación 
que siempre tuvimos á las cuchilladas y á los sonetos. Pero, hable- 
mos con franqueza: ¿no es verdad que aun los mismos que por ello 
nos motejan, en siendo Españoles, antes sienten alegría que pesar 
cuando recuerdan al dulce Garci-Lasso, al misántropo Jorge Manri- 
que, al gran Ercilla, al desdichado Cadalso y al caballeresco Saa- 
vedra? 

»Yo véo á los Políticos más formales de este País; á los Acadé- 
micos peritísimos en Ciéncias Físicas; á los Matemáticos que saben 
hacer muchos millones de un cero; á los que cuentan todas las cel- 
dillas y todas las fibras de una hoja de albahaca; á los que desde 
aquí abajo miden la inmensidad, y la encierran en una cuartilla de 
papel; á los que conocen las necesidades y las misérias de los hom- 
bres que no tienen bastante pan para alimentarse y esperan averi- 
guar el médio de que lo tengan; yo véo á todos esos Sábios rene- 
gar á todas horas de nuestro espíritu guerrero, de nuestras demen- 
cias rítmicas y de nuestros entusiasmos literarios; pero en el ins- 
tante en que alguien pronuncia delante de ellos los nombres de Le- 
panto, de Rioja ó de Cervantes, el diablo me lleve si no se estre- 
mecen de orgullo y no dan al traste la Ciéncia y la formalidad. 

»Que podríamos ser Nación más grande y aprovechada, ¿quién 
lo duda? Pero antójaseme que no es culpa de los soldados y de los 
metrificadores, ni de cuantos sienten vanidad por unos y otros, la 
lentitud de nuestra marcha por el camino de los adelantos polí- 
ticos y sociales. Hay en nuestras venas sangre de muchas razas, 
y hemos tenido siempre poco apego á la unidad, para que haya- 
mos podido levantar en la mente de nuestro pueblo un ideal, con- 



286 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

forme ahora llaman á la idea fija y perseverante de alcanzar un bien 
común á todos. 

»¡Cuán gallardamente expresa Vd., amigo mió, este pensamien- 
to de su Epístola, casi olvidada ya en la mia! Copiaré, y con ello 
vuelvo al lindo Poemita que Vd. firma, aquella evocación á nues- 
tros hermanos de la vieja Lusitánia, que dice: 

»¡Oh Portugal! ¿Por qué rasgando el seno 
De la Patria común, de furia lleno, 
Con daño de ella y tuyo 
Enflaqueciendo tu poder y el suyo, 
De España, que es tu Madre, te apartaste, 

Y en las Britanas redes te enlazaste? 
¡Cuan distinta tu suerte y nuestra suerte, 

Nación cuan grande y fuerte 

En nuestros sacros lindes se alzaría, 

Si, del extremo Tajo al Pirinéo, 

Tan sólo el mundo viera 

Un cetro, y un altar, y una bandera! 

¡Y cuál me fuera dado 
Entonces á uno y otro gran soldado 
Aquí conmemorar! ¡Ah! ¡quien primero 
Entre ellos y entre todos 
Los hijos de la Guerra, 
De las Musas al par hijos queridos, 
Que el épico Camóens, cuyo acero 
Brilló esplendente en la región Indiana, 

Y cuya noble sangre 

Antes corrió abundosa en la Africana! 

• Como estos, son todos los versos que Vd. ha escrito en su Epís- 
tola al Marqués de Casa Arizon, y hago su elogio con darles repeti- 
da publicidad, que á fé, si con más palabras tratase de alabarlos, 
no lo conseguiría, y nadie puede recomendarlos tanto cuanto á sí 
propios se recomiendan, así como el buen vino con dejarse'gustar, 
hace su apología. 

»Y basta de carta; que con anunciar que La Espada y la Lira se 



NOTAS 287 

vende en la Librería de Fé, y con felicitar á Vd. sinceramente por 
este bello é interesante trabajo, puede ya saludarle y callar su ami- 
go invariable 

Federico Villalva. 

» Noviembre 25 de 1882.» 

II. 

«Excmo. Sr. D. Fernando de Gabriel y Ruiz de Apodaca, Director 
de la Real Académia Sevillana de Buenas Letras, y Coronel re- 
tirado del Cuerpo de Artillería. 

»Mi muy estimado amigo: He recibido con mucha satisfacción, 
y con mayor gusto todavía he leido La Espada y la Lira, her- 
mosa Epístola en que se propone Vd. enaltecer el nombre de los 
Guerreros españoles, que han unido á las palmas de Marte los 
laureles de Apolo; y aunque yo, apenas merezco ni el último lu- 
gar en el precioso é interesante cuadro en que nos ofrece á la vis- 
ta de nuestros conciudadanos, yo, por mí, y en nombre de todos 
los que aún vivimos, doy á Vd. las más expresivas gracias, y le fe- 
licito; primero por el nuevo y feliz pensamiento, y después por el 
modo magistral con que ha desempeñado su taréa; bien difícil 
en verdad por la enumeración y la clasificación de tantas y tan 
diversas figuras como presenta retratadas en estilo galano y con 
pincel seguro y colorido apropiado á cada una de sus históricas 
fisonomías. 

«Reciba Vd., por tanto, nuestra enhorabuena y el aplauso que de 
todos merece, y muy particularmente el de su amigo afectísimo, 
compañero y servidor Q. S. M. B. 

Juan de la Pezuela, 
Conde de Cheste. 



«Madrid 20 de Abril de 1883.» 



288 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 



III. 

«Excmo. Sr. D. Femando de Gabriel y Ruiz de Apodaca. 

»Muy señor mió, amigo y compañero: Ayer tarde cuando vino á 
mis manos su hermosa y grave Epístola La Espada y la Lira, 
quedaba ya poca luz de Sol para saborearla despacio: hoy tempra- 
no, estoy solo, y me la leo á mí mismo en alta voz. Es clásica, 
está troquelada en el molde de Herrera, la avalora erudición, y 
su timbre es nobilísimo. 

«Los Naturalistas de ahora (sin recusar al poeta), digan acaso, 
que ese es su defecto, como si la Naturaleza no encerrara en sí 
los dos aspectos de lo bello y de lo féo Elegirlos es lo que dis- 
tingue las dos Escuelas; y opto por la que se revela en La Espa- 
da y la Lira. 

»Se reitera de Vd. atento amigo y justo apreciador de su mérito, 
Q. B. S. M. 

Antonio Ros de Olano. 

»S/c 18 Abril 1883.» 

No he de terminar la presente Nota, sin consignar así mismo en 
ella mi gratitud á los Sres. D. Manuel Cañete, D Ramiro Blanco, 
D. José de Cárdenas, D. Adolfo Carrasco, D. Manuel Pérez Villa- 
mil, D. Luís Vidart y D. Arturo Zancada, que en el Diario de la 
Marina, de la Habana, y en las publicaciones Matritenses El Tro- 
vador, La Revista Contemporánea, El Memorial de Artillería, La 
Ilustración Católica, La América y La Ilustración Militar, han 
honrado La Espada y la Lira con sus favorables juicios; como 
también á los Críticos de los Periódicos de Madrid La Época y 
El Tiempo, D. Luís Alfonso y D. Wencesláo de la Prida, y á los 
de El Eco de Andalucía, de Sevilla, y El Mediodía, de Málaga, 
D. Benito Más y Prat y D. José Ancos, con quienes tengo contraí- 
da igual deuda. 



NOTAS 289 

(3) Cuando se escribió esta Composición pretendíase que Espa- 
ña tomara parte en la guerra que á la sazón ardía en Oriente, 
uniéndose á las Poténcias que auxiliaban á Turquía. 

(4) Así llamaba el Rey Felipe V al célebre Eugenio Gerardo 
Lobo, á la sazón Capitán de Caballos Corazas, y que dotado de 
verdadero estro poético, mostróse no ménos bizarro militar, y fa- 
lleció en 1750, siendo ya Teniente General. 

(5) El Coronel D. José Cadalso, gloria de la culta Cádiz y restau- 
rador de la Poesía Lírica Castellana en el siglo XVIII, murió de un 
casco de granada en el sitio de Gibraltar el 27 de Febrero de 1782. 

El Teniente General, D. Gaspar María de Nava, Conde de No- 
roña, nacido en Castellón de la Plana, autor del Poema La Ommia- 
da, y vencedor de los Franceses en la batalla del Puente de San 
Payo en 1811, falleció en 1815. 

D. José de Vargas Ponce y D. José Mor de Fuéntes, natural 
aquél de Cádiz y autor de la célebre Proclama del Solterón; hijo 
éste de Monzón y escritor entre otras muchas obras poéticas, del 
Poema Las Estaciones, y de notables Poesías á Gibraltar, á Bona- 
parte al regresar de Egipto, etc., sirvieron en la Armada, y falle- 
cieron respectivamente en 1821 y 1848. D. Cristóbal de Beña fué 
Capitán de la Legión de Leales Extremeño.s en la Guerra de la In- 
dependéncia, y uno de los Tirtéos de ésta. 

El Mariscal de Campo D. José de Virués y Spínola, natural de 
Jerez de la Frontera, y muerto en 1840, fué autor, entre otras 
obras, de los Poemas La Compasión y El Cerco de Zamora, y tra- 
ductor en verso castellano de los Salmos de David, de la Enriada, 
de Volt aire, y del Arte de la Guerra, de Federico el Grande. 

El Coronel Conde de Campo-Alange murió gloriosamente en 
los combates que precedieron al levantamiento del sitio de Bil- 
bao, en 12 de Diciembre de 1836. El célebre Fígaro dedicó á su 

19 



2go POESIAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

muerte un sentido y notabilísimo Artículo, preludio, por la deses- 
peración y el desencanto de la vida que demuestra, del horrible 
suicidio con que el desdichado Larra, que, como es sabido, escribía 
bajo aquel pseudónimo, puso fin á su existéncia poco después. 

Los sabios Marinos D. Martin Fernández de Navarrete y Don 
Gabriel de Ciscar, Director del Depósito Hidrográfico y de la 
Academia de la Historia el primero, Teniente General de la Ar- 
mada y Regente que fué del Reino el segundo, nacieron aquel en 
Abalos en 1765 y este en Oliva en 1760, falleciendo en 1844 y 1829 
respectivamente. Aunque apreciables Poetas ambos, sobresalieron 
más como historiador el uno y como matemático el otro. No hay 
para qué decir que las Obras suyas á que aludo en la parte del texto 
que de ellos trata, son la Colección de los Viajes y Descubrimientos 
que hicieron por Mar los Españoles desde el Siglo XV, de Navarre- 
te, y el Poema Físico. Astronómico, de Ciscar. 

D. Juan Bautista Arriaza, nacido en Madrid en 1770, falleció 
en 1837. H i z0 sus primeros estudios militares en el Colégio de Ar- 
tillería, pasando después á servir en la Armada, cuya carrera dejó 
por la Diplomática en 1798. Distinguióle con su amistad el Rey 
D. Fernando VII, y sus poesías, especialmente la que dedicó á 
cantar á los héroes del Dos de Mayo, y otras no ménos patrióticas, 
harán siempre palpitar de entusiasmo el corazón de todo buen Es- 
pañol. 

D. José de Espronceda, honor insigne de su pátria Extremadura, 
murió en 1842 á los 32 años de edad, y en su primera juventud vis- 
tió el uniforme de los Guardias de Corps, y ántes recibió el bau- 
tismo de fuego en las cumbres pirenaicas entre los Emigrados que 
invadieron aquella frontera en 1830. 

El Coronel D. Bernardino Fernández de Velasco, Duque de 
Frías, que falleció en 1851, había nacido en Madrid en 1783. Sirvió 
primeramente en Guardias Walonas, y pasando luego al Arma de 
Caballería, mandó con distinción en la Guerra de la Independéncia 



NOTAS 29I 

el Regimiento de Pavía. Retirado del servicio militar se afilió en 
el Partido Liberal templado, y andando el tiempo fué Embajador 
en Francia en 1834 y Ministro de Estado en 1838. 

Entre sus bellísimas poesías sobresalen la Elegía que escribió á 
la Muerte de su Esposa, á la que pertenece el verso á que se refie- 
re esta nota, y la magnífica Oda á la Muerte de Felipe II. 

(6) El Capitán de Ingenieros del Ejército D. Antonio Valdemo- 
ro, murió gloriosamente, al frente de su Compañía, en los aconte- 
cimientos políticos ocurridos en Barcelona en Julio de 1856. 

(7) El Coronel é Ingeniero Director de los Reales Ejércitos, 
Plazas y Fronteras D. Martin de Gabriel y Vilanova, cuyos restos 
yacen en la Iglésia del Convento de San Agustín de la Plaza de 
Badajoz, en la cual ejercía dignamente la Dirección de su Arma 
en Extremadura, al fallecer en Agosto de 1786, después de una 
larga y honrosa carrera. 

(8) Refiérome en el pasage á que corresponde esta nota al Bri- 
gadier D. José de Gabriel, Caballero del Hábito de Alcántara y her- 
mano de mi Padre, que nacido en la Ciudad de Badajoz el 21 de 
Abril de 1769, y habiendo servido con distinción en el Cuerpo de 
Ingenieros, hasta el empléo de Teniente Coronel, prestó grandes 
servicios á la causa nacional en la memorable guerra de la Indepen- 
déncia y murió con el heroísmo de un antiguo Romano el 19 de Fe- 
brero de 1811 en la batalla del Gébora, empeñada contra su parecer 
y el de muchos entendidos Oficiales. De la Noticia Biográfica quede 
él he publicado tomo las siguientes líneas relativas á su gloriosa 
muerte: 

«Rotos y deshechos los Españoles en aquel aciago dia, abando- 
nada nuestra Infantería por las tropas de las demás armas que se 
retiraban en desorden sobre Elvas, y viendo de Gabriel que todo es- 



292 POESIAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

taba perdido y que nada le era dado ya remediar como jefe, lleno de 
generoso despecho y resistiéndose á su noble valor el huir el campo 
de batalla, dirigióse resueltamente hacia las filas francesas, seguido 
solo de tres soldados, cuyos nombres no conserva desgraciadamente 
la Historia. Cual otro Pedro González de Mendoza en la funesta 
jornada de Aljubarrota, ya que no podia dar el caballo á su Rey, 
salvándole la vida á costa de la suya propia, entróse á morir lidian- 
do, según la sublime expresión del romance popular, y ansioso de 
ser útil á los suyos al sacrificarse así á ciéncia cierta en las aras de 
su Patria, arrojóse sobre el Duque d'Arenberg, que á la cabeza del 
Regimiento de Caballería que mandaba, preparábase para cargar á 
un corto resto de Infantería española que aún se conservaba firme. 
Atravesó con ardimiento las filas enemigas, penetró hasta d'Aren- 
berg, y tirándole una furiosa cuchillada hubo de errar el golpe, 
consiguiendo únicamente herirle el caballo. En el instante mismo 
cayó sin vida atravesado por los Oficiales que rodeaban al Duque, 
espirando en sus labios las palabras de fuego, fuego, con que lleno 
de valor indomable animaba á completar su hazaña á los soldados 
que le seguían.» 

(g) D. José Fernández Espino, Director General de Instrucción 
Pública en 1868 y varias veces Diputado á Cortes, fué honor de la 
Escuela Poética de Sevilla, de la Uuiversidad Hispalense y de la 
Real Académia Sevillana de Buenas Letras, cuya Dirección ejer- 
ció durante once años. 

Había nacido en 25 de Mayo de 1810 en Alanís, pueblo ilustrado 
ya en el Siglo XVI por Juan de Castellános, y falleció en Sevilla 
el 18 del mismo mes de 1875, después de larga y dolorosísima en- 
fermedad. 

Sus elegantes y eruditos estúdios literários y críticos, sus bellas 
poesías, sus doctas explicaciones en la Cátedra, y sus correctos y 
oportunos discursos académicos y parlamentários, le aseguran seña- 



NOTAS 293 

ado lugar en la Histótia de las Letras Españolas; como lo conserva 
y lo conservará siempre en el corazón de cuantos fuimos sus ami- 
gos y admirábamos ademas en él la rectitud de su carácter y la 
amenidad y dulzura de su trato. 

(10) Si sólo Escritores Extranjeros de escasa importancia y os- 
cura fama presentásen de diversa manera de como son en sí los 
hechos de nuestra Historia no causaría maravilla, pero lo que ver- 
daderamente pasma es que hombres eminentes, como, por ejemplo, 
Thiers y Lamartine, incurran en tan grave falta y pequen hasta tal 
punto de ligeros, cuando debia suponerse, y su misma reputación 
daba derecho á esperarlo y aim á exigirlo, que sus Obras habían de 
hallarse en todo á la altura de su ilustre nombre y no habia de con- 
signar su pluma si no aquello de que tuvieran plena conciéncia. 

Baste recordar que la descripción del combate de Trafalgar he- 
cha por el primero en su Historia del Consulado y el Imperio, cuan- 
do aún vivían centenares de los que habían tomado parte en él, 
puso en el caso á nuestro Gobierno de intervenir en que se publica- 
se una extensa vindicación del comportamiento de la Marina Es- 
pañola en aquel heroico desastre, tales y de tanto bulto eran las 
inexactitudes y falsas suposiciones en ella consignadas; y que el 
segundo en su Historia de Dos Restauraciones dice, con un aplo- 
mo inconcebible, que en la batalla de Bailen combatieron contra 
sus compatriotas Tropas Inglesas y Milicias del País, cuando ni 
un solo soldado Inglés concurrió á aquel gran triunfo de nuestras 
armas, ni tomó parte activa ejército alguno de la Gran Bretaña en 
nuestra gloriosa guerra de la Independéncia hasta cuatro meses 
más adelante, según es notorio al Mundo todo. Si así se expresan 
estos historiadores tratándose de hechos que casi han pasado ante 
nosotros, ¿qué fé debe concederse para tomarlos como texto, á aque- 
llos otros, igualmente extranjeros y así antiguos como modernos, 
que, sobre narrar sucesos de nuestra Historia ya remotos, conocí— 



2g4 POESIAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

damente se inspiran en sentimientos de odio nacional ó antagonis- 
mo religioso? 

(ii) Apelo para comprobar cuanto afirmo en esta estrofa tocan- 
te á Felipe II, no ya al testimonio de aquellos de sus contemporá- 
neos, que como Luis Cabrera en su Historia de este Monarca, Po- 
rreño en sus Dichos y Hechos del mismo, y otros autores, pudieran 
ser recusados por algunos á titulo de panegiristas suyos, si no al 
de Escritores modernos tan sincera y profundamente liberales como 
el último Duque de Frias y como D. Evaristo San Miguel y Don 
Martin de los Héros. Ellos principalmente son los que me han dado 
á conocer en toda su verdad la gran figura histórica de aquel Prín- 
cipe. El primero en la magnífica Poesía á su muerte, premiada por 
el Licéo de Madrid; el segundo en la Historia que de él escribió y 
á que en una nota anterior me he referido; el tercero en su Bosque- 
jo de un Viaje histórico é instructivo de un Español en Flándes, es- 
crito precisamente con motivo de su emigración por Liberal, y que 
ojalá leyeran aquellos que tienen formada de Felipe II una idéa 
enteramente contraria á la verdad. Allí verían cuánto distaba de 
ser tirano ni ménos fanático y enemigo del saber, como se han 
complacido en presentarlo, manchando su memoria, Escritores ex- 
tranjeros, hijos justamente de Paises en que á la sazón imperaba 
el más atroz fanatismo y en los cuales, á nombre de la libertad re- 
ligiosa, se quemaba y degollaba á los que tenían la candidez de 
creer que estaban en su derecho usando de la libertad que se pro- 
clamaba para opinar como les pareciese justo. La Inquisición mis- 
ma, cuyo modo de proceder no encuentro conforme, en verdad, con 
el espíritu de una Religión de paz y amor como la nuestra, por más 
que dado el critério de su época y teniendo en cuenta la importan- 
te consideración política expuesta por Lista en su Introducción á la 
parte de Historia moderna de la Universal del Conde de Segur, por 
él traducida, lo conciba, aunque no lo apruebe; la Inquisición mis- 



NOTAS 295 

ma, repito, no fué un hecho aislado en nuestra España, fué sólo la 
forma que en ella adoptó la intolerancia religiosa, á la sazón popu- 
lar y reinante en toda Europa, y no causó por cierto, ni con mucho, 
las víctimas que ya la arbitrariedad, ya los tribunales creados al 
efecto, ya las revueltas y las guerras ocasionaron en otros Paises, 
cuyos Escritores, olvidándose de esto ó acaso para separar de ellos 
la atención, pretenden arrojar, como á título de privilégio exclusi- 
vo, la nota de intolerantes y fanáticos sobre los Españoles y muy 
particularmente sobre su Rey Felipe II; que no fué por cierto quien 
introdujo la Inquisición en España ni en Flándes, y sí quien eximió 
de su jurisdicción á los sencillos naturales de sus vastos dominios 
de las Indias. 

Cuando algunos pretenden comparar á este Monarca con Luis 
Onceno de Francia, ¡qué error tan craso cometen! ¡Qué diferéncia, 
qué contraste tan radical entre la grandeza y el espíritu de justicia 
del primero, y la crueldad y las rastreras artes del segundo; entre 
el sumiso y respetuoso hijo de Cárlos V, y el hijo rebelde de Car- 
los VII; entre éste complaciéndose en la sociedad de hombres vi- 
les, feroces é ignorantes, y aquél en la comunicación con los varo- 
nes más eminentes, así en Ciéncias como en Artes, de su tiempo; 
entre el que llenaba los caminos de hombres ahorcados de los ár- 
boles, y el que los veía llenos de sus súbditos que acudían á su pa- 
so para aclamarlo como á Padre de su pueblo; entre el uno rodea- 
do de una Guardia extranjera y de todo género de lazos y defensas 
en su castillo de Plesis-les-Tours, y el otro durmiendo tranquilo en 
médio de sus vasallos en un aposento bajo de su Palácio de Madrid 
y separado solo de sus Españoles por los cristales de una vidriera; 
entre Luis Onceno dominado por ridiculas supersticiones, y Feli- 
pe II llevando á cabo muchos de sus viajes y empresas en Martes 
para manifestar cuán poco caso hacía de aquellas y procurar con su 
ejemplo, en este y otros casos, desacreditarlas entre sus súbditos; 
entre el Monarca francés lleno de terror en su última enfermedad 



2g6 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

ante la idéa de la muerte y llamando á su lado a San Francisco de 
Paula, sólo para que le prolongase la existéncia, y el Soberano espa- 
ñol espirando con heroica fortaleza, y haciendo que acudiera á pre- 
senciar sus últimos instantes su hijo y heredero para que viese en 
qué acababan el Mundo y sus Monarquías! 

¡Qué magnífico paralelo podía escribirse entre ambos Príncipes! 
Y cuenta que no desconozco lo que la constitución de la nacionali- 
dad de su Patria debe al francés, semejante en esto al español, que 
evitando en nuestro suelo una guerra religiosa, género de lucha el 
más sangriento y horrible de todos, logró mantener incólume su 
unidad, y tuvo además la gloria de completarla realizando la ibérica. 

Séame lícito recordar ahora una octava del Duque de Frías, una 
de las más magníficas que á mi juicio se han escrito en Castellano, 
tomada de su ya dicha Poesía, y en cuyos ocho versos se condensa 
con una concisión, una energía, una belleza de forma y una exac- 
titud y grandeza incomparables la histúria toda del largo y glorioso 
reinado de Felipe II. Héla aquí: 

Fué del Prudente Rey el poderío 
De Moros y de Herejes escarmiento, 
Firme rival del Támesis umbrío, 
Duro azote del Sena turbulento, 
Gloria del Trono, de la Iglesia brío, 
Temido en Flándes, respetado en Trento, 
Y desde el Mar de Luso á la Junquera 
Hubo un cetro, un altar y una bandera. 

Y aquella otra, no ménos rotunda y llena de nérvio, en que des- 
pués de rebatir la calumnia de que el gran Rey hubiera hecho dar 
muerte al Príncipe D. Carlos, exclama: 

Esta es, oh Mundo, la verdad entera: 
No hay que escuchar á la impostura impía; 
La voz de la verdad es duradera 
Más que el eco de pérfida falsía; 
Cuando del Duque de Alba la guerrera 



NOTAS 



297 



Espada á los rebeldes combatía, 
Hizo cundir por su marcial falange 
Esa calumnia el Príncipe de Orange. 

(12) Sabido es que Blanca de Castilla y Ana de Austria, Prin- 
cesas españolas ambas y hermana la última de Felipe IV, dieron el 
sér á dos de los más grandes Monarcas franceses: San Luis y 
Luis XIV. 

(13) Al consignar el nombre de Mr. Antoine de Latour, ya hoy, 
por desdicha, difunto, cumplo con un deber de buen Español mani- 
festando aquí mi gratitud por la justicia é imparcialidad que en sus 
notabilísimas Obras sobre nuestro País resplandece, y que tan en 
alto grado contrastan con el carácter que distingue 'á la mayor par- 
te de los escritos que acerca de nuestra historia, letras, artes y 
costumbres se dán á la estampa en la vecina Francia. Identificado 
Mr. de Latour con España, y muy particularmente con Sevilla, á 
ejemplo del augusto Príncipe de quien fué leal servidor, así como 
éste se afana por levantar, con empeño nunca bastante alabado, los 
derruidos muros de antiguos Monumentos, testimonio vivo de 
nuestras glorias, y por venir en apoyo del desvalido, del ignorante, 
de todo aquel que necesita amparo y protección, secundando en 
esto eficazmente á su excelsa Esposa la digna hermana de Doña 
Isabel II, el ilustre Escritor á quien aludo pugnó siempre, con no 
menor perseverancia, ni ménos laudable deséo, por realzar en la 
opinión de sus compatriotas á la antigua y la moderna España, 
mostrándoles á luz verdadera sus altos, recuerdos de otros días, sus 
grandes tradiciones, sus hombres insignes, su generoso espíritu, y 
1 a faz que á ojos imparciales presenta nuestra actual sociedad, en 
la cual pueden fundarse tantas y tan legítimas esperanzas. 

Digna es, pues, la memoria de Mr. de Latour de esta débil mues- 
tra de gratitud, á la cual se asociarán sin duda alguna cuantos léan 
estas líneas y sientan latir en su pecho un corazón español. 



298 poesías de Fernando de Gabriel 

(14) Los cuatro primeros versos de la octava á que se refiere la 
presente nota están calcados, con las variantes necesarias para ex- 
presar mi pensamiento, sobre los del gran Quintana en su poesia al 
Panteón del Escorial: 

«¡Qué vale, oh Escorial, que al mundo asombres 
«Con la pompa y beldad que en tí se encierra, 
»Si al fin eres padrón sobre la Tierra 
»De la infamia del Arte y de los hombres!» 

¡Infames el Arte y los hombres que levantan un templo á la Di- 
vinidad con ocasión y en memoria de uno de los más altos triunfos 
de la Pátria! Imposible parece que el claro talento y el patriotismo 
ardiente de Poeta tan insigne y tan buen Español fueran ofuscados 
á tal punto por su aversión á Felipe II; Monarca que, dicho séa en 
verdad, aunque sólo tuviera el mérito de haber impedido, mante- 
niendo la unidad religiosa, que se perdiera entre nosotros la unidad 
nacional, como hubiera en otro caso acontecido, siendo tantas y tan 
profundas las diferéncias que en leyes, usos, costumbres, y hasta en 
lenguaje, separaban las diversas partes que en nuestra Península 
constituían la recien formada Monarquía Española, habría adqui- 
rido títulos bastantes á la gratitud de cuantos en ella hemos nacido. 
Sensible es que el odio y las calumnias de los enemigos de España 
y de la Religión civilizadora por excelencia, hayan logrado extra- 
viar el critério de algunos al tratarse de juzgar á un Príncipe que, 
dadas las condiciones y el espíritu de la época en que vivió, es uno 
de nuestros más grandes Reyes. No de otro modo lo califica en la 
Historia, más bien severa que benévola, que de él escribió, el ilustre 
General San Miguel, cuya autoridad no créo que pueda recusarse 
Como sospechosa, ni parece que debia calificarlo diversamente 
quien, como Quintana, tanto afea á Góngora que en su Canción al 
Armamento de Felipe II contra Inglaterra trate á la célebre Isabel, 
Soberana de este País, con la dureza con que lo hace, prescindiendo 
de sus altas cualidades y fijándose sólo en sus vicios y defectos. 



NOTAS 299 

(15) La magnífica Concepción de Murillo que hoy se admira en 
París en el Salón cuadrado del Muséo del Louvre, y á quien me re- 
fiero en esta composición, fué adquirida para dicho Establecimiento, 
en virtud de orden del entonces Presidente de la República France- 
sa, y después Napoleón III, por el conde de Nieuwerkerke, Direc- 
tor de sus Muséos, en la venta de la Galería del Mariscal Soult efec- 
tuada en 1852; habiendo ascendido su importe, inclusos ciertos dere- 
chos y gastos, ala enorme suma de 615.300 francos ó séa 2.461.200 
reales vellón; cifra verdaderamente extraordinaria, pues jamás se 
ha acercado, ni con mucho, á ella lo satisfecho por Cuadro alguno. 

El anuncio de la venta de esta famosa Galería, compuesta casi en 
su totalidad de Cuadros españoles de los primeros maestros, y la ex- 
posición que la precedió, habían excitado de tal manera la atención 
pública en París y en todos los Países cultos, que la concurréncia á 
ella fué incalculable, teniendo representantes en las apiñadas filas 
que llenaban la calle del Sendero, en que existe la casa en que se 
verificó, y las escaleras y salones de esta, todas las Naciones civili- 
zadas de Europa y América. Hubo momentos en que apénas se po- 
día respirar en los últimos, tal era la afluéncia de gentes; y nada 
puede dar idéa del afanoso interés con que aquel inmenso concurso 
seguía las peripecias de tan noble liza, y sobre todo desde que se 
puso en venta el Cuadro de la Concepción. El religioso siléncio que 
reinaba en los salones era interrumpido al proclamarse cada oferta 
por atronadores aplausos, y por último al adjudicarse Lienzo tan co* 
diciado al Muséo del Louvre, la excitación general, y especialmente 
el entusiasmo de los Franceses, no reconocieron límites, siendo el 
conde de Nieuwerkerke victoreado con frenesí. 

Lord Hertford fué el ilustre Inglés que tuvo la gloria de combatir, 
casi hasta el último instante, con las Naciones que por médio de sus 
Comisionados tomaron parte en esta gigantesca lucha, que hará épo- 
ca en los fastos del Arte. 

Créo de este lugar advertir, para que no se confundan, como se 



300 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

ha hecho inadvertidamente en cierta Obra sobre Murillo, que en el 
mismo salón del Louvre en que se admira el Cuadro de la Concep- 
ción á que he aludido, se ve otro, bello también, del propio autor, 
representando á la Santísima Virgen en el mismo Mistério, y en 
el cual aparecen varios Sacerdotes adorándola , que fué adquirido 
por Luis XVIII en 1817, mediante el precio de 6.000 francos, ó séa 
de 24.000 rs. 

(16) Es esta una de las pocas composiciones, de entre las pri- 
meras mías, á que he dado cabida en la presente Colección, y sólo 
ha debido salvarse de la ley común á mi deséo de tributar insertán- 
dola un recuerdo á un antiguo Profesor mío en el Colégio de Arti- 
llería, el entonces Capitán D. Hipólito Munárriz, muerto, siendo 
ya Coronel, hace pocos años. Noticioso, á mi salida del Colégio, de 
mi amor al cultivo de la Poesía, deseó que hiciéramos juntos una 
composición en que alternase lo grave con lo jocoso, género éste 
á que él tenia particular afición, y pusimos por obra su pensamien- 
to con motivo de la marcha de una Dama á la Corte, desde Segó- 
via donde á la sazón nos hallábamos y donde aquella había pasado 
el verano, según acostumbraba. Resultó el juguete á que hace refe- 
réncia esta nota, en que las redondillas impresas en caractéres or- 
dinarios son mías, y las que aparecen en letra bastardilla del malo- 
grado Munárriz, y el cual he insertado en esta Colección sólo, 
como antes he dicho, por recordar la memoria de mi Profesor y 
amigo. 

(17) Dios escuchó mis votos, pues aunque para un hijo nada es 
bastante, mi amada Madre (Q. E. E. G.), alcanzó la avanzada 
edad de muy cerca de 85 años, y á los nietos de mi hermano 
mayor. 

He aquí las líneas que á anunciar su sentida muerte, ocurrida 
el 14 de Setiembre de 1883, después de una breve enfermedad, con- 



NOTAS 301 

sagró el Periódico de Madrid El Cronista, las cuales se apresuraron 
á hacer suyas La Epoca y otros; á todos los que, así como á los de 
Sevilla y Málaga que en términos no ménos expresivos dieron cuen- 
ta de tan infausto suceso, envío desde aquí esta manifestación de mi 
gratitud: 

«Nuestro querido amigo el Ex -Diputado Conservador Sr. de Ga- 
briel, que, como anunciamos há días, marchó á Jerez, por hallarse 
gravemente enferma su Madre Política la Señora Condesa de Vi- 
llacréces, la cual afortunadamente se restableció, ha regresado pre- 
cipitadamente á esta Corte con motivo de la grave enfermedad é 
inmediata muerte de su propia Madre, la Señora Doña María de 
los Dolores Ruíz de Apodaca, tan conocida y altamente apreciada 
en la buena sociedad madrileña por su sólida virtud, su entendi- 
miento clarísimo y el encanto de su distinguido y, aun en estos últi- 
mos tiempos, á pesar de su avanzada edad, amenísimo trato. 

«Reciban nuestro querido amigo y su familia toda, nuestro más 
sentido pésame por pérdida tan dolorosa é irreparable. » 

(18) En efecto, miéntras mi Padre y su hermano D. José de 
Gabriel peleaban por la gloriosa cáusa de la Independéncia Nacio- 
nal en los campos de Extremadura, cayendo herido el primero en la 
batalla de Medellin de un bayonetazo en el pecho, recibido al fren- 
te de su Regimiento de Mallorca, y muriendo heroicamente el se- 
guifdo en la del Gébora, según ya he expresado en otra Nota; com- 
batían otros de mis antepasados en Cádiz por tan santa cáusa, pues 
mi Abuelo Materno D. Juan Ruíz de Apodaca, rendía en las aguas 
de su bahía, con la Escuadra de que era Caudillo, á la Francesa del 
Almirante Rossilly, contribuyendo á este triunfo, con el navio San 
Justo de su mando, mi Tío D. Miguel Gastón de Iriarte, y coope- 
raban después á la defensa de dicha Plaza, nueva Covadonga de 
aquella nueva reconquista, el hermano mayor de los primeros Don 
Fernando, como Coronel del Regimiento Real de Zapadores- Mina- 



302 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

dores, y el hermano del último, D. Antonio, como Comandante del 
Cañonero Número 4. 

(ig) En una Proclama ó Manifiesto publicado en Mayo de 1863 
por los Caudillos de la valerosa insurrección polaca, al enumerar 
las glorias de Polonia para excitar á Europa á acudir en su auxilio, 
se citaba el triunfo de Somosierra, nada oportunamente en verdad, 
pues ni el mérito de este fué grande ni era del caso recordar la 
participación de su Patria en una empresa encaminada á avasallar 
la independéncia de otra Nación. 

El Procer á que me refiero es, como se habrá comprendido, el 
ilustre Duque de Rivas, honra de nuestra Poesía contemporánea, 
malamente herido por Lanceros Polacos, un año después del choque 
de Somosierra, en el reconocimiento de Ontígola, que precedió á la 
desastrosa batalla de Ocaña, glorioso episodio de la vida del escla- 
recido Vate, á que éste alude en el Romance suyo, que empieza: 

Con once heridas mortales, 
Hecha pedazos la espada, 
El caballo sin aliento 
Y perdida la batalla, 



(20) Al decir que el nombre del popular Novelista Fernán Ca- 
ballero se extiende de Polo á Polo no he incurrido ciertamente en 
ninguna exageración poética. Gran número de distinguidos Lite- 
ratos Españoles han dedicado importantes estúdios á sus obras, y 
fuera de nuestro país los Escritores Franceses MM. de Mazade, de 
Latour, Germond de la Vigne y Auguste Dumas, entre otros; los 
ilustres Alemanes Fernando Wolf y Juan Fastenrath; el eminen- 
te Crítico de la importante publicación Británica titulada Edin- 
bourgh Review; el Anglo-Americano Ticknor, tan entendido en 
cuanto á nuestra Literatura se refiere, han dado á luz interesantes 
y concienzudos juicios sobre el gran Novelista. 



NOTAS 303 

Hasta hoy son tres las ediciones que se han hecho de sus obras 
completas en español, sin contar las que separadamente se han pu- 
blicado de algunas de ellas, y las muchas veces que han reproduci- 
do todas los Periódicos; ocho son, que yo sepa, las traducciones 
que se han publicado en francés de las mismas; tres en alemán, 
una en bohemio, otra en holandés, otra en inglés, otra en italiano y 
otra en ruso, siendo asimismo muchos los Periódicos que en estos 
Paises y en los demás del Mundo civilizado las han insertado en sus 
columnas. 

Fallecida ya, en mal hora, la noble Dama que se encubría bajo 
el pseudónimo de Fernán Caballero, cúmpleme consignar una vez 
más el dolor vivisimo con que el aciago día 7 de Abril de 1877 la 
vi desaparecer de entre nosotros; el cariño, que pudiera llamar filial, 
que á ella me unía, y el singular encanto que sus preciosos escri- 
tos me causan; sentimientos todos de que tuve ocasión de dar pú- 
blica y solemne muestra en la Sesión Régia, celebrada pocos días 
después de la muerte de tan incomparable Amiga, por la Real Aca- 
demia Sevillana de Buenas Letras ; y en la Necrología que al fren- 
te de sus Ultimas Producciones publiqué en 1878. 

(21) Escribióse este Soneto en Junio de 1860, época en que se 
hablaba de ciertos planes napoleónicos de división del territorio 
Español para anexionar á Francia la parte de allende el Ebro. 

(22) "Pronunciado en el Banquete con que los Oficiales de Arti- 
llería residentes en Sevilla solemnizaban la festividad de su Santa 
Patrona el 4 de Diciembre de 1857, recien nacido el Príncipe que 
tan dignamente había de ocupar el Trono de España bajo el nom- 
bre de Alfonso XII. 

(23) Las Expediciones á que aludo en este Soneto, escrito y pu- 
blicado á fines de 1858, son la que ya entonces había empezado á 



304 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

realizarse con feliz éxito á Cochinchina, y las que á consecuéncia 
de atentados cometidos contra Españoles en la República Mejicana 
y en las costas del Riff, se preparaban á la sazón y no llegaron á 
ser necesarias por haberse avenido á dar las satisfacciones exigidas 
por nuestro Gobierno, tanto el de Méjico como el Sultán de Ma- 
rruecos. 

(24) La nota precedente casi excusa la primera parte de esta. 
Los triunfos que siguieron en el Império de Cochinchina ó sea de 
Annam, á la toma de Turana, y el tratado Mon-Almonte, entre Es- 
paña y Méjico, celebrado á fines de 1859, justifican el verso en que 
se encuentra la llamada á que corresponde esta nota. 

La segunda parte de ella está reducida á manifestar que los cua- 
tro Generales cuyos nombres aparecen en el penúltimo verso de este 
Soneto, inspirado principalmente por la toma de Tetuan, resultado 
brillante de la gloriosa campaña que nuevas ofensas de los Marro- 
quíes obligaron al fin á nuestro Gobierno á emprender en aquel te- 
rritorio, levantando tan alto el nombre de nuestra Patria, que Eu- 
ropa consideró á ésta como resucitada, son los que, ya mandando 
el Ejército, ya los Cuerpos de Ejército, ya la Escuadra, tuvieron la 
fortuna de concurrir á la reñida batalla del 4 de Febrero de 1860, 
de que fué consecuéncia inmediata la rendición de la Ciudad citada. 
Los Generales Zabala y Echagüe, por su enfermedad contraida en 
la campaña el uno y por hallarse ocupando el otro con su Cuerpo de 
Ejército el Serrallo, se vieron privados de tomar parte en aquella 
función de guerra. 

(25) Aunque hijo de Extremadura y de su capital Badajoz, y te- 
niéndolo á grande honra, con tanto mayor motivo cuanto que sien- 
do Extremeña mi familia paterna no debí á la casualidad haber na- 
cido en tan gloriosa provincia, y en ella reposan las cenizas de mu- 
chos de mis Abuelos, derramó su sangre por la Patria mi buen Pa- 



NOTAS 3O5 

dre, dio heroicamente la vida por tan santa causa uno de sus her- 
manos, y mandaron con honor varios de mis Mayores y entre ellos 
mi ya citado Padre, Gobernador Militar y Político que fué durante 
ocho años de Badajoz, donde aún no se ha borrado su digna me- 
moria, no vacilé al escribir en 1859 este Soneto en calificar á Se- 
villa como en él lo hago, ni ménos vacilo en seguir calificándola 
del mismo modo. Residente yo en la capital de Andalucía por 
razón de mi carrera desde muy poco después de haber entrado en 
mi mayor edad; enlazado dentro de sus muros á la que es compañe- 
ra de mi vida; estando establecido y arraigado ya en ella; honrán- 
dome con pertenecer á su Real Maestranza y á sus Cuerpos litera- 
rios y artísticos; habiendo representado cuatro veces en las Cortes 
del Reino á uno de los Distritos de la Provincia de que es cabeza, 
y siendo además ahora esta insigne Ciudad pátria de mis hijos, bien 
puedo considerarla como la segunda mía, sin que esto arguya des- 
vío hácia la que lo es verdadera, y á la. cual revelan mi amor ar- 
diente más de una de mis poesías y más de uno de mis actos. 

(26) Cupo á mi Abuelo materno, en nuestra guerra de la Inde- 
pendéncia, conforme ya he apuntado en otra nota, la gloria de 
cooperar eficazmente en 14 de Jimio de 1808, á la rendición en la 
bahía de Cádiz, su Ciudad natal, donde se hallaba con la Escua- 
dra de su mando, de los cinco navios y una fragata que componían 
la francesa del Almirante Rosilly, de cuya persona se hizo se- 
guidamente cargo, devolviéndole su espada con proceder caballe- 
resco, en la cubierta del Navio Héroe de su insignia, al pasar á él 
con dicho objeto desde la del Príncipe de Asturias en que arbolaba 
mi Abuelo la suya. Nombrado en seguida de este honroso hecho 
de armas Representante de España en Inglaterra, contribuyó aun 
más eficazmente al feliz éxito de aquella inolvidable lucha y al ven- 
cimiento definitivo del primer Napoleón, proporcionando todo gé- 
nero de auxilios á la causa nacional; cooperando al regreso á Es- 

20 



305 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

paña desde Dinamarca de las leales Tropas del Marqués de la Ro- 
mana; celebrando en 14 de Enero de 1809 con la Gran Bretaña 
el Tratado de Paz, Amistad y Alianza que aún subsiste, y gestio- 
nando con el mejor resultado que se hiciese así mismo la paz 
entre aquella Poténcia y Rusia, de donde provino la declaración 
de guerra de esta á Francia y la que después le hicieron Austria y 
Prúsia, dando por término la paz general y que Europa, y acaso el 
Mundo civilizado, se vieran libres de la insaciable ambición napo- 
leónica. 

Cantar este resultado tiene por fin el Soneto á que se refiere esta 
nota, recordando al propio tiempo el hecho de armas y la celebra- 
ción del Tratado á que he aludido. 

En los Apuntes Biográficos que de mi referido Abuelo he dado 
á la estampa, me ocupo con mayor extensión en todo esto, así 
como trato de los demás sucesos de su gloriosa vida; pues ya como 
Capitán General que fué de Cuba, ya como Virey de Méjico y lue- 
go de Navarra, ya, en fin, como Consejero de Estado y como Di- 
rector General de la Real Armada, tuvo ocasión de prestar á la 
Patria no ménos señalados servicios. 

(27) El hecho memorable de abandonar el vecindario entero de 
Gibraltar sus bienes y hogares al apoderarse en 1704 de aquella Pla- 
za, á la sazón casi de todo punto desguarnecida y peor pertrechada, 
la Escuadra Anglo-Holandesa del Almirante Rooke, por no con - 
sentir la lealtad y el patriotismo de sus hijos continuar habitando 
una Ciudad que no se hallaba ya bajo el dominio de su Rey, según 
á éste significaron en solemne documento, es tan grande y heroico 
en su línea, como grande y heroica en la suya la inmortal resolu- 
ción de los moradores de Numáncia y de Sagunto. A España toca 
perpetuar su memoria por médio de un Monumento en San Roque, 
cabeza durante un siglo de las poblaciones á que dio origen el 
rasgo sublime de los naturales de Gibraltar, y en la cual, que á 



NOTAS 307 

la sazón era solo una ermita, se constituyó su ilustre Ayuntamien- 
to, denominándose de Gibraltar residente en su Campo. 

Pero aün así no quedaría España libre de deuda, porque otro Mo- 
numento exijen ademas de ella, no ya sólo la lealtad de que al 
abandonar lo que más caro les era, dieron tan generoso testimonio 
los habitadores de la Ciudad arrancada á los Árabes por Guzman el 
Bueno, vuelta á conquistar por Alonso de Áreos y defendida des- 
pués heroicamente contra vasallos rebeldes á su Rey por Estéban 
de Villacréces, si no la honra, la dignidad, hasta el interés mismo 
de la Pátria. Ese Monumento no es otro que la Bandera Nacional 
ondeando en la Ciudad perdida. Miéntras esto no se realice, la des- 
aparición de sus muros de la que hoy tremola en eilos debe ser pa- 
ra los Españoles todos, como ya en otra ocasión he dicho, el De- 
lenda est Carthago del Orador Romano. 

(28) Con los mismos consonantes que este Soneto y al propio 
asunto compusieron otros tres, en igual ocasión y en no ménob 
breve tiempo, mis queridos amigos los Sres. Marqués de Cabriñana, 
Fernández-Espino y Justiniano, poetas cuyos nombres basta con- 
signar para que se comprenda el mérito de las composiciones á que 
aludo; y las cuales no copio á continuación por no hacer más lar- 
gas estas notas. Los cuatro Sonetos se insertaron en el Tomo sex- 
to de la Revista de Ciéncias, Literatura y Artes que á la sazón se 
publicaba en Sevilla, y á él remito al lector. 

(29) Encontrándome yo en Pau en Octubre de 1869, me honró el 
Infante D. Sebastian de Borbon con el deséo deque escribiese un 
Himno, cuya Música compuso S. A., para que se cantara al reali- 
zarse la restauración, que él, como yo, juzgaba indudable, en plazo 
más ó ménos próximo, de la Dinastía legítima en la persona del 
entonces Príncipe de Asturias. 

Cumpliendo yo gustosísimo este deséo para mí tan grato, inspi- 
réme para escribir este Himno en los mismos sentimientos de con- 



308 POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

ciliacion y concordia que informaron años después los procedimien- 
tos todos de la Monarquía restaurada, y quedó el original en poder 
de S. A. con el objeto indicado, el cual no llegó, sin embargo, á 
efectuarse por la inesperada muerte del Infante, ocurrida, cuando 
se disponía á regresar á España, á los pocos días de haber subido 
su Augusto Sobrino al Trono de sus Mayores. 

(30) El inolvidable y malogrado Adelardo López de Ayala escri- 
bió en Sevilla, en 1868, su bellísima Loa La Mejor Corona para con- 
memorar el inmediato aniversario del nacimiento de Calderón, y 
quiso asociar á tan noble homenaje á todos los Poetas que á la sa- 
zón residíamos en dicha Ciudad, excitándonos á que escribiéramos 
algunas estrofas en que respectivamente caracterizásemos á los 
principales personajes del Teatro del gran Dramático, para que al 
coronar su Busto las declamasen los Actores que habían de repre- 
sentar á aquellos. 

Encarguéme yo de caracterizar al Caballero Español, que tan ad- 
mirable aparece siempre en las magníficas creaciones calderonia- 
nas, y escribí con este objeto las Décimas á que se refiere esta nota. 

(31) Á consecuencia de cierta singular Censura de este verso, 
hecha por un Cervantista (!), publiqué á mi vez, en Junio de 1872, 
la siguiente Rectificación, escrita á vuela pluma, y en la cual omi- 
tí, por no hacerla más extensa y ser innecesario, dado que ya ci- 
taba en ella un pasaje del mismo Cervantes, los del Quijote en que 
se habla también de Fragatas. 

RECTIFICACION. 

«En un artículo titulado Caza menor, fechado en Jaén á 12 de 
Mayo último, suscrito por un Alonso M armóle jo y Peñasco, é inser- 
to en el número de la Crónica de los Cervantistas correspondiente 
al 29 de dicho mes, se burla el enunciado señor, que á sí propio se 



NOTAS 3O9 

califica de oscuro Cervantista, y que tan soberbio y pretensioso se 
muestra en su artículo como humilde quiere socarronamente apa- 
recer, de que en una de las poesías leídas ante la Real Académia 
Sevillana de Buenas Letras el 23 de Abril próximo pasado para 
conmemorar el aniversario de la muerte de Cervantes, se presente 
á D. Juan de Austria recorriendo la Armada de la Liga, al ir á 
empeñarse el memorable combate de Lepanto, en 
Velocísima fragata. 

«Autor yo de la poesía en que tal se hace, tócame probar al señor 
Peñasco que no supo lo que se hizo al estampar su donosa burla. 

»Nace ésta de dos causas: la primera, que siempre se había creí- 
do que D. Juan montaba en Lepanto una galera ó galeaza; la se- 
gunda, que no se conocían fragatas en el siglo XVI. 

»Con ambos motivos discurre el Sr. Peñasco, oscuro Cervantis- 
ta, acerca de que los Sres. D. Cayetano Rosell y D. Javier Salas, 
historiador aquél del susodicho combate, y autor éste de un impor- 
tante escrito sobre la Marina Española en la Edad-Média, deben 
ser un par de mocosos cuando ignoran la existencia de fragatas en 
el siglo XVI. 

»No para los doctos, que ciertamente no lo necesitan, ni aun 
para los medianamente versados en la Historia de España, en, la 
de sus Letras y en la de su Marina, sino para los que como el Cer- 
vantista Sr. Peñasco desconocen de todo punto hasta á los Escrito- 
res que citan, y aun al mismo Cervantes de quien se suponen ado- 
radores, y á quien debían por lo tanto conocer siquiera algo, diré 
que se conocían fragatas en el siglo XVI, y que uno' de los que así 
lo demuestran, autoridad irrecusable para todos y más para un Cer- 
vantista, aunque oscuro, es nada ménos que el propio Cervantes, 
quien dice en un terceto del capítulo i.° de su Viaje del Parnaso: 

»Lleno, pues, de esperanzas, y vacío 
»De temor, busqué luego una Fragata 
«Que efetüase el alto intento mío.» 



3IO POESÍAS DE FERNANDO DE GABRIEL 

«¿Qué le parece al Cervantista? ¿Se conocían Fragatas en el si- 
glo XVI? 

»Pues voy ahora á demostrarle que no sólo se conocían en aquel 
siglo, sino que las hubo, y no pocas, en Lepanto, y que en una re- 
corrió su Armada D. Juan de Austria al ir á empeñarse el combate. 

»En la Historia de Felipe II, que con el título de Filipe Segun- 
do, Rey de España se publicó en Madrid en 1619, escrita por su 
criado Luis Cabrera de Córdoba, se expresa en la página 689, co- 
lumna 2. a , líneas 42 á 44, al enumerarse las fuerzas que debían 
componer la Armada de la Liga, que habían de ser: «dozientas y 
«ochenta galeras, veinticinco naos, seis galeazas, quarenta Fraga— 
«tas,» y en la página 687 de la misma Obra, columna primera, lí- 
neas 45 y siguientes dice: «D. Juan en una Fragata con D. Luis de 
«Córdoba y Juan de Soto discurrió por la Armada reconociendo si 
«ocupaba y guardaba cada uno su puesto, advirtiendo y corrigien- 
»do.» Sigue luego expresando lo que se animaron los soldados con 
su presencia, y las palabras que les dirigió, hasta que, conseguido 
su intento «se volvió satisfecho á su Real,» esto es, á la Galera Ca- 
pitana, que echa de menos el entendido historiador Sr. Peñasco. 

«¿Está convencido este señor de que hubo Fragatas en Lepanto, 
y de que D. Juan de Austria recorrió su Armada en una Fragata 
y desde ella arengó á sus soldados? 

«Pues veamos abora si el Sr. Rosell lo ignora. 

«Este Escritor, como verdaderamente docto, no podía descono- 
cerlo, mal que pese al Sr. Peñasco, y en su laureada Historia del 
Combate Naval de Lepante, que el oscuro Cervantista y entendido 
historiador Marmolejo cita sin haberla leido, á no ser que su falso 
aserto nazca de indisputable mala fé, dice en las últimas líneas del 
texto de la página 79 de su Libro, impreso por la Real Academia de 
la Historia en Madrid en 1853, y en las primeras líneas de la 80, 
que: «Contemplábase en primer lugar la Armada del Rey Católico 
«de noventa galeras Reales, veinticuatro naves y cincuenta Fraga- 



NOTAS 311 

ntas y bergantines, las mejores que en tiempo alguno se habían 
» visto, etc. Seguían luego las doce galeras y seis Fragatas del Pa- 
»pa, puestas así mismo muy en orden; y por último ciento seis ga- 
» leras de Venecianos, juntamente con seis galeazas, dos naves y 
«veinte Fragatas; pero en muy mal estado,» etc. 

»E1 mismo Sr. Rosell en la página 95 de su citada obra dice: 
«Llamó (D. Juan) en seguida áD. Luis de Córdoba y al Secretario 
»Soto, y saltó con ellos en una Fragata velocísima,» etc. 

»¿Qué tal, Sr. Peñasco? ¡Hasta el epíteto! ¿Qué dice vuesa mer- 
ced, cervantista, aunque oscuro, historiador entendido, docto mari- 
no y aprovechado lector del Sr. Rosell? ¿Cree vuesa merced que bas- 
ta de pruebas? Paréceme que sí. Bastan las dadas para que vuesa 
merced quede enterado de lo que no sabía, y cumplidamente de- 
mostrado que el que hizo recorrer la Armada de la Liga á D. Juan 
de Austria en velocísima fragata, no tiene por costumbre decir lo 
que no es, ni afirmar lo que ignora, ni escribir á tontas y á locas.» 

(32) El distinguido Poeta Francés Mr. Pedro Dupont, desalentado 
por el mal éxito de un viaje que para mejorar su desgraciada suer- 
te hizo á París, decidió regresar á su país natal, y habiendo ido á 
despedirse de Víctor Hugo le dejó escritos al respaldo de su tarje- 
ta, por no haberlo encontrado en su casa, los sentidos versos que 
figuran en el texto y que he procurado traducir fielmente. 



ÍNDICE. 



Páginas 

Dedicatoria 5 

PRIMERA PARTE. 

Prólogo 9 

Epístolas. 

La Espada y la Lira 51 

Patriotismo! 69 

Himno. 

En la Expectación de la Virgen María 81 

Odas y Canciones. 

Á Eugenia de Guzman, Emperatriz de los Franceses. . . 8g 

El Faro de Dios 94 y 95 

En las Márgenes del Guadalquivir q ( J 

Á Elisa loo 

La vuelta de Elisa. 103 

Á una Dama - 106 

Dos Hijos de Reyes 109 

Á la Señorita Doña Catalina de Arizon 113 

En la Inauguración de la Estatua de Murillo 115 

Á D. Manuel Cañete 121 

En la Entrada en Sevilla del Regimiento de León. . . . 124 

Por la Union Tradicional del Cuerpo de Artillería. . . . 125 

Al Mismo Asunto I26 



314 ÍNDICE 

Páginas 

Á la célebre Ciega de Manzanares 128 

Despedida 129 

Elegía. 

Á D. Manuel Pérez de Molina 135 

Romances. 

Á mi Madre 141 

Recuerdos de Gloria 144 

Á Doña Joaquina Gómez de la Cortina 148 

Á S. M. la Reina Doña Isabel II 150 

Á mi Hijo Gonzalo 154 

Á Polonia en 1863 161 

A un Amigo en su partida del Castillo de Gigonza . . . 155 

Á Doña María Luisa Alvareda, en su Album 173 

Á Fernán Caballero 174 

Á la Condesa de Monteagudo J79 

La Oración 181 

Sonetos. 

A la Fiesta de la Eucaristía. 187 

Dios y el Hombre 1S8 

La Santa Cruz 189 

Á la Purísima Concepción, Patrona de España 190 

En el Fausto Nacimiento del Príncipe de Asturias. . . . 191 

Á España 192 

En la Toma de Tetuan 193 

Á los Sermos. Sres. Infantes Duques de Montpensier. . . 194 

En la Restauración del Monasterio de la Rábida 195 

En el Nacimiento del Infante D. Fernando de Orleans y 

Borbon 196 

En el Restablecimiento de la Infanta Doña Cristina de 

Orleans y Borbon ' . . . . 197 

Dos de Mayo 198 

Á la Memoria de mi venerado Abuelo el Capitán General 

D. Juan Ruiz de Apodaca, Conde del Venadito 199 

Á la Muerte de mi malogrado Amigo y Compañero D. Juan 

Kirkpatrick. 200 

Á Doña Antonia Díaz de Lamarque 201 



ÍNDICE 315 

Páginas 

Á Gibraltar 202 

Á D. Juan Justiniano 203 

Al Regimiento de Húsares de la Princesa 204 

A las Cuatro Ordenes Militares 205 

Á mi Dulce Compañera 206 

SEGUNDA PARTE. 
Epístola. 

El Divorcio 211 

Himno. 

El Rey en Madrid 215 

Odas y Canciones. 

La Salvación de España 221 

Á S. M. el Rey en su llegada á Sevilla 223 

En el Fausto Enlace de S. M. el Rey 225 

En el Arribo á Sevilla de la Oficialidad de La Villa de 

Madrid 228 

El Caballero Español 230 

En un Banquete 232 

Á Cervantes en Lepanto 234 

Á mi Hija María de los Dolores 237 

Á la Duquesa de Almodóvar del Río 239 

Á la distinguida Poetisa Doña Carolina de Soto 239 

Á mi Sobrina Elvira 24.0 

Los Verdaderos Soldados 241 

Á los Representantes en Madrid del Ejército Portugués. . 244 

Á Víctor Hugo 24.8 y 249 

Elegía. 

En la Muerte de Tassara 253 

Romances. 

Á la eminente Poetisa Doña Gertrudis Gómez de Avella- 
neda 259 

A las Señoritas de Ponce de León 265 



316 



ÍNDICE 



Páginas 

Á la Catedral de Córdoba .... 266 y 267 

Sonetos. 

Las Cartas de mis Amigos de España 27T 

Á la célebre Escritora María Letizia Bonaparte Wysse Ra- 

tazzi,y al distinguido Ingeniero Luis de Rute 272 

En la Conmemoración de la Muerte de Ayala 273 

En el Segundo Centenario de Calderón 274 

Á la Reconstitución de la Nacionalidad Ibérica 275 

España y las Repúblicas Hispano- Americanas 276 

Al Principe Imperial de Alemania 277 

Á Isabel la Católica 278 

Notas 279 



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